para no incomodar, para no romper la armonía ajena,
para cuidar la tranquilidad de otros, incluso a costa de la propia dignidad.
Pero el silencio impuesto no es neutral:
sostiene abusos, normaliza desigualdades.
y convierte la incomodidad de quien denuncia.
en el verdadero “problema”.
Hablar, señalar, incomodar y poner límites
no es radicalidad: es autodefensa ética.
No estamos aquí para ser cómodas.
estamos aquí para ser libres, conscientes y vivas.
Si tu comodidad depende de nuestro silencio,
Entonces el problema nunca fue nuestra voz.
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