domingo, 7 de junio de 2026

El movimiento LBQ

 

El movimiento LBQ llega al Consejo de Derechos Humanos de la ONU: un hito histórico para la visibilidad y la justicia

En el Mes del Orgullo, las voces de las mujeres lesbianas, bisexuales y queer ocupan un lugar central en la agenda mundial de los derechos humanos.

Durante décadas, las mujeres lesbianas, bisexuales y queer (LBQ) han enfrentado múltiples formas de discriminación y violencia que, en muchos casos, permanecieron invisibilizadas incluso dentro de los debates globales sobre derechos humanos. Sin embargo, este año marca un momento histórico para el movimiento LBQ internacional: por primera vez, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas recibirá un informe temático global dedicado exclusivamente a analizar las violencias y discriminaciones que afectan a estas mujeres en distintas regiones del mundo.

El informe será presentado por el Experto Independiente de las Naciones Unidas sobre la protección contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género, el Sr. Graeme Reid, constituyéndose en un avance significativo para el reconocimiento de las realidades que viven millones de mujeres LBQ.

Un reconocimiento largamente esperado

Aunque los avances en materia de derechos de las personas LGBTIQ+ han sido importantes en numerosos países, las experiencias específicas de las mujeres lesbianas, bisexuales y queer suelen quedar relegadas dentro de las políticas públicas y los sistemas de protección.

Las desigualdades de género se cruzan con la discriminación por orientación sexual, generando situaciones de exclusión que afectan el acceso al empleo, la educación, la salud, la vivienda y la participación política. A ello se suman expresiones de violencia física, psicológica, sexual y económica que continúan ocurriendo tanto en espacios públicos como privados.

El informe que será presentado ante la ONU busca precisamente poner en evidencia estas realidades, visibilizando cómo las mujeres LBQ enfrentan barreras estructurales que limitan el ejercicio pleno de sus derechos fundamentales.

La violencia tiene múltiples rostros

En diversas partes del mundo, las mujeres LBQ continúan siendo víctimas de prácticas discriminatorias que incluyen:

  • Discursos de odio y estigmatización social.
  • Violencia familiar y expulsión del hogar.
  • Acoso y discriminación laboral.
  • Restricciones al acceso a servicios de salud adecuados.
  • Violencia sexual utilizada como mecanismo de castigo o "corrección".
  • Obstáculos para la conformación y reconocimiento de sus familias.
  • Persecución legal en países donde la diversidad sexual sigue siendo criminalizada.

Estas situaciones afectan de manera particular a quienes además enfrentan otras formas de exclusión por razones de raza, etnia, condición socioeconómica, discapacidad, edad o lugar de residencia.

El poder de la organización colectiva

Este importante avance no surge de manera espontánea. Es el resultado de décadas de trabajo impulsado por organizaciones feministas, colectivos lésbicos, redes LBQ y defensoras de derechos humanos de diferentes países que han documentado violaciones de derechos, acompañado a víctimas y exigido reconocimiento institucional.

La llegada de esta discusión al Consejo de Derechos Humanos representa una oportunidad para que los Estados fortalezcan sus compromisos frente a la igualdad y adopten medidas concretas para prevenir la violencia, garantizar el acceso a la justicia y promover sociedades más inclusivas.

También constituye un reconocimiento al papel que las mujeres LBQ han desempeñado en las luchas por los derechos humanos, la democracia, la paz y la transformación social.

Orgullo, memoria y resistencia

En el marco del Mes del Orgullo, este acontecimiento adquiere un significado especial. Más allá de las celebraciones y las banderas multicolores, el Orgullo sigue siendo una reivindicación política que recuerda la necesidad de construir sociedades donde todas las personas puedan vivir libres de violencia y discriminación.

Las mujeres lesbianas, bisexuales y queer han sido protagonistas de innumerables procesos de resistencia, creación cultural, liderazgo comunitario y defensa de derechos. Sin embargo, sus historias continúan siendo poco conocidas y, en ocasiones, invisibilizadas.

La presentación de este informe ante la ONU contribuye a cambiar esa realidad. Significa que sus experiencias, demandas y propuestas serán escuchadas en uno de los principales escenarios internacionales de protección de los derechos humanos.

Un llamado a la igualdad

Este hito histórico invita a reflexionar sobre la importancia de garantizar que ninguna persona sea discriminada por su orientación sexual o identidad. También recuerda que la igualdad formal no siempre se traduce en igualdad real y que aún existen desafíos significativos para alcanzar una sociedad verdaderamente inclusiva.

En este Mes del Orgullo, la voz de las mujeres LBQ resuena con fuerza en el escenario global. Su presencia ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU no solo representa un avance para sus comunidades, sino también un paso adelante para la construcción de un mundo más justo, diverso y respetuoso de la dignidad humana.

Porque los derechos humanos solo son universales cuando incluyen a todas las personas. 🌈✊🏽

Revista 1+Uno Mujer – Comunicación Comunitaria para la igualdad, la diversidad y los derechos humanos.


viernes, 5 de junio de 2026

Enfoque de Igualdad

 

Hay hombres que llevan años diciendo que el feminismo ve machismo en todo.
Y luego una canción sobre una niña que sueña con jugar fútbol les provoca una crisis existencial.
Dicen que no les molesta que las mujeres jueguen fútbol.
Les molesta que se les recuerde que hubo generaciones enteras de niñas a las que les dijeron que no podían hacerlo.
Dicen que el fútbol no debe mezclarse con la política.
Como si excluir a las mujeres durante décadas hubiera sido algo neutral.
Como si llamar al fútbol “cosa de hombres” nunca hubiera sido una postura ideológica.
Lo más interesante no es que critiquen la canción.
Toda obra artística puede gustar o no gustar.
Lo interesante es que miles de comentarios no hablan del ritmo, la producción o la letra.
Hablan del feminismo.
Hablan de las mujeres.
Hablan de que “el fútbol es de machos”.
Hablan de que las niñas ya tienen demasiados espacios.
Y ahí se cae la máscara.
Porque cuando una canción sobre una niña futbolista provoca más enojo que los escándalos de corrupción de la FIFA, el racismo en los estadios o la violencia en las gradas, queda claro que el problema no es la música.
El problema es que todavía hay personas que sienten que una mujer ocupando espacio en el fútbol les está quitando algo.
Y eso dice mucho más de ellas que de Julieta Venegas.
⚽️ El machismo tiene una extraña habilidad: convertir una canción infantil en una amenaza.
👍🏽 Pregunta incómoda:

Si una simple canción sobre una niña jugando fútbol les parece “propaganda feminista”, ¿qué tan frágil era esa masculinidad para sentirse amenazada por una niña con un balón?

Día Mundial del Ambiente


Día Mundial del Ambiente

¿A Quién Le Importa Nuestro Planeta?


Cada 5 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha que invita a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza y el compromiso que asumimos con la protección de la vida en la Tierra. Sin embargo, más allá de los discursos, las campañas y las publicaciones en redes sociales, surge una pregunta urgente: ¿a quién le importa realmente nuestro planeta?

La respuesta debería ser sencilla: nos importa a todos. Pero la realidad muestra que aún existe una gran distancia entre la preocupación expresada y las acciones concretas necesarias para enfrentar la crisis ambiental que vivimos. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de los ríos, el deterioro de los bosques y la generación desmedida de residuos son desafíos que afectan a toda la humanidad, aunque sus consecuencias recaen con mayor fuerza sobre las comunidades más vulnerables.

La Tierra nos está hablando.

Las altas temperaturas, las sequías prolongadas, las inundaciones y los fenómenos climáticos extremos no son hechos aislados. Son señales de alerta que evidencian el impacto de décadas de explotación indiscriminada de los recursos naturales.

La naturaleza nos recuerda constantemente que no somos dueños del planeta, sino parte de él. El agua que consumimos, el aire que respiramos y los alimentos que llegan a nuestra mesa dependen de ecosistemas saludables. Cuando estos se deterioran, nuestra calidad de vida también se ve afectada.

Por ello, cuidar el ambiente no es una moda ni una tendencia pasajera; es una necesidad para garantizar el bienestar presente y futuro de nuestras comunidades.

Las mujeres: guardianas de la vida y del territorio

En numerosos territorios de Colombia y América Latina, las mujeres desempeñan un papel fundamental en la defensa del ambiente. Son lideresas comunitarias, campesinas, indígenas, afrodescendientes y cuidadoras que protegen las fuentes hídricas, promueven prácticas sostenibles y transmiten conocimientos ancestrales sobre la relación armónica con la naturaleza.

Sin embargo, muchas de ellas enfrentan riesgos y desafíos por defender los bienes comunes. Su trabajo, frecuentemente invisible, demuestra que la sostenibilidad también tiene rostro de mujer.

Reconocer y fortalecer el liderazgo femenino en los procesos ambientales es una tarea indispensable para construir sociedades más justas y resilientes.

El compromiso comienza en casa.

A menudo pensamos que los problemas ambientales son tan grandes que nuestras acciones individuales no hacen diferencia. Pero cada decisión cotidiana tiene un impacto.

Reducir el consumo de plásticos de un solo uso, separar adecuadamente los residuos, ahorrar agua y energía, utilizar medios de transporte sostenibles, apoyar mercados locales y participar en iniciativas comunitarias son acciones que contribuyen a la protección del ambiente.

La transformación colectiva nace de pequeños cambios que, multiplicados por millones de personas, generan resultados significativos.

Comunidades que transforman

Las organizaciones comunitarias, los colectivos ambientales, los medios alternativos y las iniciativas ciudadanas cumplen una función esencial en la construcción de una cultura ambiental. A través de la educación, la participación y la comunicación, promueven nuevas formas de relacionarnos con el territorio y fortalecen la conciencia ecológica.

En localidades como Usaquén y en distintos barrios de Bogotá, existen experiencias inspiradoras de huertas urbanas, procesos de reciclaje, jornadas de limpieza, turismo comunitario responsable y proyectos culturales que integran el cuidado del ambiente con el fortalecimiento del tejido social.

Estas acciones demuestran que la defensa del planeta no depende únicamente de los gobiernos o de las grandes organizaciones; también está en manos de la ciudadanía organizada.

¿A quién le importa nuestro planeta?

La verdadera pregunta quizá no sea a quién le importa, sino cuánto estamos dispuestos a hacer por él.

El planeta nos importa cuando protegemos una quebrada, sembramos un árbol, reducimos nuestros residuos, apoyamos a quienes defienden el territorio o enseñamos a las nuevas generaciones el valor de la naturaleza. Nos importa cuando entendemos que el cuidado ambiental no es una responsabilidad ajena, sino una tarea compartida.

En este Día Mundial del Ambiente, la invitación es a pasar de la preocupación a la acción. Porque la Tierra no necesita espectadores; necesita ciudadanos comprometidos.

El futuro del planeta se construye hoy, con cada decisión que tomamos y con cada gesto de respeto hacia la casa común que compartimos.

Porque cuando cuidamos el ambiente, cuidamos la vida. Y la vida nos importa a todos.

Revista 1+Uno Mujer – Comunicación Comunitaria para la transformación social y el cuidado del territorio.

jueves, 4 de junio de 2026

#EnfoqueDeIgualdad

 

𝐈𝐦𝐚𝐠𝐢𝐧𝐚 𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐚𝐬𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐠𝐫𝐢𝐭𝐚́𝐧𝐝𝐨𝐥𝐞 𝐚 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐥𝐥𝐞.
Insulta.
Se burla.
Humilla.
Ataca a personas que ni siquiera conoce.
Cuando lo vemos así, entendemos rápidamente que algo no está bien.
Sin embargo, cuando ocurre detrás de una pantalla, muchas veces se normaliza.
Se le llama “opinión”.
Se le llama “carácter”.
Se le llama “sinceridad”.
Pero no siempre es ninguna de esas cosas.
A veces es frustración.
A veces es inseguridad.
A veces es enojo que no encontró una forma sana de expresarse.
Porque una persona emocionalmente sana no necesita destruir a desconocidos para sentirse mejor consigo misma.
𝐋𝐚 𝐚𝐠𝐫𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐬𝐢𝐧𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨 𝐝𝐞 𝐟𝐨𝐫𝐭𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚.
Y el insulto no es una muestra de superioridad.
Muchas veces es una señal de que algo duele por dentro.
Por eso resulta importante hablar de salud mental también cuando hablamos de machismo.
Porque hay hombres que aprendieron a expresar tristeza como enojo.
Miedo como control.
Y vulnerabilidad como agresión.
Les enseñaron que llorar era debilidad.
Pero les permitieron insultar.
Les prohibieron sentir.
Pero les autorizaron gritar.
Y esa combinación termina lastimando a quienes están alrededor.
𝐋𝐚 𝐬𝐚𝐥𝐮𝐝 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐥 𝐧𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐢𝐬𝐭𝐞 𝐞𝐧 𝐧𝐨 𝐬𝐮𝐟𝐫𝐢𝐫.
Consiste en aprender a no convertir ese sufrimiento en violencia contra otras personas.
Porque ninguna mujer merece ser insultada por existir, opinar o poner límites.
Y ningún hombre debería creer que la agresión es la única forma de expresar lo que siente.
Quizá una de las conversaciones más urgentes de nuestro tiempo es esta:
𝐍𝐨 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐬𝐞 𝐯𝐞.
Pero cuando se transforma en odio hacia quienes no te han hecho nada, deja de ser un problema individual.
Y se convierte en un problema que nos afecta a todas las personas.


miércoles, 3 de junio de 2026

Responsabilidad afectiva

 

Responsabilidad afectiva: el cuidado como base de nuestras relaciones

En tiempos donde las relaciones humanas se construyen y transforman a gran velocidad, hablar de responsabilidad afectiva se ha convertido en una necesidad. La imagen que inspira esta reflexión lo expresa de manera sencilla pero profunda: “Responsabilidad afectiva es saber que los vínculos que construimos con otras personas implican cuidados”.

Esta afirmación nos invita a comprender que cada relación que establecemos —de amistad, familiar, comunitaria, laboral o de pareja— tiene un impacto en la vida de quienes nos rodean. Nuestras palabras, acciones, silencios y decisiones pueden generar bienestar o, por el contrario, causar daño. Por ello, la responsabilidad afectiva consiste en actuar con respeto, empatía y consideración hacia los sentimientos de las demás personas.

Más allá del amor romántico

Con frecuencia se asocia la responsabilidad afectiva únicamente con las relaciones de pareja. Sin embargo, este concepto abarca todas las formas de interacción humana. En la comunidad, por ejemplo, implica escuchar sin juzgar, cumplir los compromisos adquiridos, reconocer las necesidades de los demás y construir espacios seguros donde cada persona se sienta valorada.

La responsabilidad afectiva también significa comunicar con honestidad lo que sentimos y pensamos. Ser claros en nuestras intenciones evita generar falsas expectativas y fortalece la confianza mutua. No se trata de cargar con las emociones de otros, sino de reconocer que nuestras acciones tienen consecuencias y actuar con conciencia frente a ellas.

El cuidado como práctica cotidiana

La palabra “cuidado”, destacada en la imagen, es fundamental. Cuidar no es únicamente proteger; también es acompañar, respetar límites, brindar apoyo y reconocer la dignidad de cada persona. El cuidado es una práctica cotidiana que se manifiesta en pequeños gestos: una conversación sincera, una escucha atenta, el respeto por las diferencias o la solidaridad en momentos difíciles.

En una sociedad donde el individualismo suele imponerse, recuperar la cultura del cuidado se convierte en un acto transformador. Especialmente para las mujeres, quienes históricamente han asumido las tareas de cuidado de manera invisible y no remunerada, es importante promover una visión colectiva donde esta responsabilidad sea compartida por todas y todos.

Responsabilidad afectiva y comunidad

Desde los procesos comunitarios, la responsabilidad afectiva fortalece los lazos sociales y contribuye a la construcción de entornos más humanos. Una comunidad que cuida es una comunidad que dialoga, que reconoce las diversidades, que previene las violencias y que promueve relaciones basadas en el respeto mutuo.

Cuando entendemos que nuestros vínculos implican cuidados, avanzamos hacia formas de convivencia más justas y solidarias. La responsabilidad afectiva no es una moda ni una tendencia pasajera; es una herramienta para construir relaciones saludables y una sociedad donde el bienestar colectivo tenga tanto valor como el individual.

Una invitación a reflexionar

Cada día tenemos la oportunidad de preguntarnos: ¿cómo estoy cuidando a las personas con las que me relaciono? ¿Estoy siendo coherente entre lo que digo y lo que hago? ¿Reconozco el impacto de mis acciones en los demás?

La responsabilidad afectiva comienza con estas preguntas y se fortalece con acciones concretas. Porque cada vínculo humano es un espacio de encuentro, y todo encuentro merece ser habitado con respeto, empatía y cuidado.

Cuidar es reconocer la humanidad del otro. Y asumir la responsabilidad afectiva es comprender que nuestras relaciones dejan huellas, por lo que vale la pena que esas huellas sean de respeto, confianza y bienestar compartido.

El movimiento LBQ

  El movimiento LBQ llega al Consejo de Derechos Humanos de la ONU: un hito histórico para la visibilidad y la justicia En el Mes del Orgul...