Tradwives: el regreso del machismo con filtro de Instagram
Entre recetas caseras, vestidos vintage y videos de "la esposa perfecta", una nueva tendencia digital conquista a miles de jóvenes. Pero detrás de su estética cuidada, especialistas advierten que revive estereotipos que el movimiento de mujeres ha cuestionado durante décadas.
Por Revista 1+Uno Mujer
Las redes sociales tienen la capacidad de convertir cualquier estilo de vida en una tendencia. Hoy basta un video de pocos segundos para acumular millones de reproducciones y posicionar una idea como aspiracional. Así ha ocurrido con el fenómeno de las tradwives (traditional wives o "esposas tradicionales"), una corriente de creadoras de contenido que promueve el regreso a los roles tradicionales de género: mujeres dedicadas exclusivamente al hogar, la crianza y el cuidado del esposo.
A simple vista, el contenido parece inofensivo: desayunos preparados desde cero, pan recién horneado, vestidos inspirados en los años cincuenta y hogares impecables. Sin embargo, organizaciones feministas y especialistas en estudios de género advierten que detrás de esta estética se esconde un mensaje mucho más profundo: la idealización de la obediencia femenina, la dependencia económica y la renuncia a la autonomía como sinónimo de felicidad.
No se trata de cuestionar a las mujeres que deciden dedicarse al cuidado de sus familias. El problema aparece cuando esa elección individual se presenta como el único modelo válido de feminidad y cuando el feminismo es señalado como el responsable de los problemas sociales actuales.
Una narrativa que seduce a las nuevas generaciones
El auge de las tradwives coincide con un crecimiento de contenidos antifeministas en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, donde los algoritmos privilegian mensajes emocionales, polémicos y altamente compartibles.
Investigaciones recientes muestran que una parte de los hombres jóvenes manifiesta posiciones más conservadoras frente a la igualdad de género que generaciones anteriores, mientras proliferan comunidades digitales conocidas como la "manosfera", donde se cuestionan los avances de los derechos de las mujeres y se promueven modelos tradicionales de masculinidad.
La escritora Júlia Salander, en su más reciente libro sobre feminismo, sostiene que el machismo no ha desaparecido: ha aprendido a hablar el lenguaje de las redes sociales. Ya no siempre aparece mediante discursos abiertamente discriminatorios, sino envuelto en mensajes sobre "feminidad", "energía femenina", "vida tranquila" o "volver a los valores de antes".
¿Qué significa esto para Colombia?
Aunque la tendencia nació principalmente en Estados Unidos y Europa, sus contenidos llegan diariamente a miles de jóvenes colombianas.
El contexto nacional demuestra que la igualdad aún está lejos de alcanzarse.
El estudio "Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia", elaborado por ONU Mujeres y el DANE, evidencia que las mujeres continúan enfrentando mayores niveles de pobreza, menor autonomía económica, una distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, así como barreras para acceder a espacios de liderazgo y toma de decisiones.
Esto significa que promover la dependencia económica como un ideal romántico puede reforzar desigualdades que muchas mujeres todavía viven en la práctica.
A ello se suma que, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y ONU Mujeres, América Latina necesita acelerar las transformaciones para alcanzar la igualdad sustantiva. Los organismos advierten que persisten importantes brechas en autonomía económica, participación política, acceso a tecnologías y protección frente a las violencias basadas en género.
Bogotá: jóvenes conectadas, pero también expuestas
En Bogotá, donde miles de adolescentes y jóvenes pasan varias horas al día en redes sociales, estas narrativas pueden tener un impacto significativo en la construcción de su identidad.
Especialistas en comunicación digital explican que el riesgo no está únicamente en consumir este contenido, sino en hacerlo sin herramientas para analizar críticamente los mensajes que transmite.
Cuando una adolescente observa repetidamente que "la mujer ideal" es aquella que obedece, no cuestiona, depende económicamente de su pareja y encuentra su realización exclusivamente en el hogar, ese mensaje termina normalizándose, aunque aparezca envuelto en imágenes estéticamente atractivas.
La propia CEPAL ha advertido que el mundo digital debe convertirse en un espacio para ampliar derechos y no para reproducir estereotipos, insistiendo en la necesidad de cerrar las brechas digitales de género y combatir las violencias y discriminaciones que también ocurren en internet.
Elegir libremente también es un derecho
El feminismo no propone un único proyecto de vida para las mujeres.
Defiende precisamente lo contrario: que cada mujer pueda decidir libremente si quiere desarrollar una carrera profesional, emprender, dedicarse al arte, a la ciencia, a la política, a la maternidad, al cuidado del hogar o combinar distintos caminos, sin imposiciones sociales ni económicas.
La igualdad no consiste en decirles a todas cómo deben vivir. Consiste en garantizar que ninguna tenga que renunciar a sus derechos, su autonomía o sus oportunidades para ser aceptada.
Educar para navegar con pensamiento crítico
Las nuevas formas del machismo ya no siempre se presentan mediante prohibiciones o discursos agresivos. En muchos casos llegan envueltas en imágenes perfectas, lenguaje amable y promesas de bienestar.
Por eso, uno de los mayores desafíos para las familias, las instituciones educativas, los medios comunitarios y la sociedad es fortalecer el pensamiento crítico de niñas, adolescentes y jóvenes frente a los contenidos que consumen diariamente.
En una época donde los algoritmos moldean opiniones y comportamientos, la educación en igualdad, la alfabetización digital y el acceso a información basada en evidencia son herramientas indispensables para construir relaciones más justas y democráticas.
Porque los derechos de las mujeres no son una moda pasajera ni una tendencia en redes sociales. Son el resultado de décadas de lucha por una sociedad en la que cada mujer pueda decidir su futuro con libertad, dignidad y autonomía.