jueves, 21 de mayo de 2026

No es loca es víctima

“Acompañar a las mujeres desde la psicoterapia implica una responsabilidad ética de contemplar la existencia de un sistema patriarcal que intenta a cada momento invalidar y justificar las violencias que se ejercen contra las mujeres y niñas. Urge acompañar desde la mirada feminista. “
La “loca esa”: una construcción para encubrir la violencia
La “loca esa” no existe.
Es un personaje.
Un personaje construido desde la narrativa del agresor y sostenido por una cultura que necesita deslegitimar a las mujeres para poder justificar la violencia que se ejerce contra ellas.
La “loca esa” es un recurso.
Un mecanismo.
Un mito funcional del sistema patriarcal para normalizar la violencia contra las mujeres, ocultar sus efectos psicológicos y desplazar la responsabilidad de quien agrede hacia quien sobrevive.
A la “loca esa” se le nombra como inestable, exagerada, conflictiva, desregulada.
Se le estigmatiza socialmente sin contexto.
Se le juzga sin escucharla.
Su historia no es la suya: es la que el agresor narra, la que sus aliados replican y la que muchas veces la sociedad valida sin cuestionar.
Mientras tanto, él queda intacto.
A él no se le puede “arruinar” la reputación.
A ella sí.
“Ella se lo buscó”
“Ella exagera”
“Ella miente”
¿Quién?
La “loca esa”.
Desde la psicología del trauma, esto no es casual.
Como plantea Judith Herman, el trauma no solo ocurre en el evento violento, sino también en la respuesta social que recibe la víctima. Cuando el entorno niega, minimiza o distorsiona lo vivido, el daño se profundiza.
Por eso, lo que muchas veces se etiqueta como “inestabilidad emocional” no es otra cosa que la manifestación de un trauma complejo: una respuesta adaptativa frente a experiencias prolongadas de violencia, control y vulneración.
La “loca esa” es, en realidad:
Una mujer a la que le fracturaron la sensación de seguridad.
Una mujer que vivió experiencias de vulneración corporal y nadie quiso nombrarlas.
Una mujer a la que le difundieron su contenido íntimo como forma de castigo y control.
Una mujer a la que le arrebataron a sus hijos como mecanismo de violencia.
Una mujer que fue criminalizada por defenderse.
Una mujer que fue traicionada en espacios de confianza y a quien no le creyeron porque habló “tarde”.
Una mujer aislada, endeudada, sin red de apoyo.
Una trabajadora empujada a renunciar tras vivir violencia sistemática en su entorno laboral.
Una mujer desacreditada públicamente para silenciarla.
La “loca esa” no está fuera de la norma.
Es el resultado de ella.
Es una víctima de violencia psicológica, económica y sexual que desarrolló trauma complejo en un entorno que, en lugar de reparar, profundiza el daño.
Nombrarla como “loca” no solo es injusto.
Es funcional.
Funcional para sostener el pacto de silencio.
Funcional para proteger a los agresores.
Funcional para evitar que miremos la violencia de frente.
Por eso, desde una práctica feminista, nuestra tarea no es “regular” a la “loca esa”.
Es desmantelar la narrativa que la produce.
Porque la “loca esa” puede ser cualquiera de nosotras.
Y mientras sigamos sosteniendo discursos misóginos que la ridiculizan, lo único que hacemos es reforzar el sistema que después nos silencia.



miércoles, 20 de mayo de 2026

#Enfoquedeigualdadac

 

Muchos hombres creen que ser “aliado” consiste solo en no agredir directamente a las mujeres.
Pero mientras guardan silencio frente a los chistes machistas, la violencia, el acoso o los discursos misóginos de otros hombres… el sistema sigue intacto.
𝗡𝗼 𝗯𝗮𝘀𝘁𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗱𝗲𝗰𝗶𝗿 “𝘆𝗼 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝘆 𝗮𝘀í”.
𝗘𝗹 𝘀𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗲𝗴𝗲 𝗮𝗹 𝗽𝗮𝘁𝗿𝗶𝗮𝗿𝗰𝗮𝗱𝗼.
En un país donde las mujeres desaparecen, son violentadas y asesinadas todos los días, quedarse cómodo “sin meterse” ya también es una postura política.

martes, 19 de mayo de 2026

Totó la Momposina

 

Adiós a la voz que llevó el Caribe colombiano al mundo

La música colombiana está de luto tras el fallecimiento de Totó la Momposina, una de las artistas más emblemáticas del folclor nacional y símbolo de la riqueza cultural del Caribe colombiano. La noticia fue confirmada por su mánager, generando múltiples mensajes de tristeza y reconocimiento desde distintos sectores culturales y artísticos del país.

Nacida como Sonia Bazanta Vides en Talaigua Nuevo, Bolívar, en 1940, Totó dedicó su vida a preservar y difundir los sonidos ancestrales de las comunidades afrodescendientes e indígenas de la región Caribe. Su voz, acompañada por tambores, gaitas y cantos tradicionales, cruzó fronteras y convirtió ritmos como la cumbia y el bullerengue en patrimonio vivo reconocido internacionalmente.

Más que una cantante, Totó la Momposina fue una guardiana de la memoria cultural colombiana. Su trabajo artístico permitió que generaciones enteras conocieran la fuerza espiritual y comunitaria de las tradiciones populares, llevando la identidad del Caribe a escenarios de Europa, América y el mundo.

Desde la Revista 1+Uno Mujer reconocemos el legado de una mujer que abrió caminos desde el arte y la cultura, demostrando que las raíces, la tradición y la voz de los territorios también transforman la historia. Su trayectoria representa la resistencia cultural, la dignificación de los saberes ancestrales y el poder de las mujeres en la construcción de memoria colectiva.

Hoy Colombia despide a una leyenda, pero su música seguirá latiendo en cada tambor, en cada danza y en cada mujer que encuentra en la cultura una forma de resistencia y de vida.

viernes, 15 de mayo de 2026

#EnfoqueDeIgualda

 

𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐥𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐢𝐧𝐣𝐮𝐬𝐭𝐢𝐜𝐢𝐚…
𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐜𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐣𝐮𝐬𝐭𝐢𝐜𝐢𝐚.
𝐈𝐧𝐭𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐜𝐚𝐥𝐥𝐚𝐫 𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚.
Así ha pasado históricamente con:
• el feminismo,
• los derechos humanos,
• las luchas antirracistas,
• la diversidad sexual,
• las madres buscadoras,
• y cualquier movimiento que incomode privilegios.
A quienes cuestionan la violencia se les llama exageradas.
A quienes denuncian desigualdad se les llama conflictivas.
A quienes protestan se les llama radicales.
Porque para una sociedad acostumbrada al silencio…
la dignidad siempre parece escándalo.
𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐥𝐨 𝐫𝐚𝐝𝐢𝐜𝐚𝐥 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐩𝐞𝐝𝐢𝐫 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐢𝐜𝐢𝐚.
𝐋𝐨 𝐫𝐚𝐝𝐢𝐜𝐚𝐥 𝐞𝐬 𝐧𝐨𝐫𝐦𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐚𝐣𝐞𝐧𝐨.
Cuestionar lo injusto no debería dar miedo.
Lo que debería preocuparnos es todo aquello que aprendimos a tolerar como “normal”.

No es loca es víctima

“Acompañar a las mujeres desde la psicoterapia implica una responsabilidad ética de contemplar la existencia de un sistema patriarcal que in...