Las mujeres en la cultura: participación, brechas y desafíos en el sector cultural colombiano
En el marco del Día Internacional de la Mujer, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes presentó una caracterización basada en los datos registrados en la plataforma Soy Cultura, con el propósito de visibilizar la participación de las mujeres en el sector cultural del país y abrir un espacio de reflexión sobre sus condiciones, oportunidades y desafíos.
Los datos permiten comprender mejor el papel que desempeñan las mujeres dentro del ecosistema cultural colombiano y, al mismo tiempo, evidencian las desigualdades estructurales que aún persisten en términos de ingresos, seguridad social y acceso a condiciones laborales dignas.
La participación de las mujeres en el sector cultural
Según la información recopilada, en Soy Cultura se registran 240.918 agentes culturales, de los cuales 110.685 son mujeres, lo que representa aproximadamente el 46% del total.
Este dato muestra una participación significativa de las mujeres dentro del campo cultural, aunque todavía ligeramente por debajo de la paridad.
Además, el registro también reconoce la diversidad de identidades dentro del sector cultural:
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286 personas se reconocen como mujeres trans.
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12,1% de las mujeres se identifican como negras o afrodescendientes.
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7,8% como indígenas.
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0,7% como palenqueras o raizales.
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0,1% como gitanas.
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2,7% de las mujeres registradas indicaron tener algún tipo de discapacidad.
Estos datos evidencian que el sector cultural es también un espacio de diversidad social, étnica y territorial.
Distribución territorial de las mujeres en la cultura
El registro de mujeres en el sector cultural se concentra principalmente en zonas urbanas.
De acuerdo con la caracterización:
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79,5% de las mujeres registradas viven en áreas urbanas
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19,2% en zonas rurales
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1,2% no reportó información.
Además, ocho de cada diez mujeres registradas viven en Bogotá y departamentos como Antioquia, Cundinamarca, Nariño y Valle del Cauca, territorios que concentran cerca del 50% del total de registros.
Esta concentración evidencia las desigualdades territoriales en el acceso a oportunidades culturales y en los procesos de registro y formalización del trabajo cultural.
Ciclo de vida: mujeres jóvenes y adultas lideran el sector
La participación femenina dentro del sector cultural se concentra principalmente en las etapas productivas de la vida:
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Adultez (29–59 años): 48,6%
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Juventud (18–28 años): 42,5%
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Personas mayores (60+): 8,5%
Estos datos muestran que el sector cultural cuenta con una presencia significativa de mujeres jóvenes y adultas que desarrollan procesos creativos, pedagógicos, artísticos y comunitarios en distintos territorios.
Las ocupaciones culturales más frecuentes
Las mujeres participan en múltiples áreas del campo cultural. Entre las diez ocupaciones más frecuentes se destacan:
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Gestora cultural (13,6%)
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Instructora, formadora o docente de las artes (9,2%)
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Bailarina (4,53%)
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Actriz (3,69%)
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Cantante (2,78%)
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Bailarina de danzas tradicionales y folclóricas (2,26%)
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Artista audiovisual (2,19%)
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Intérprete de instrumento musical (1,89%)
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Pintora (1,68%)
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Investigadora (1,61%)
Estos datos muestran que el liderazgo femenino no solo se expresa en la creación artística, sino también en procesos de gestión, formación e investigación cultural, fundamentales para el sostenimiento del sector.
Educación: alta formación, pero con desigualdades
El análisis del nivel educativo revela que una gran parte de las mujeres del sector cultural cuenta con educación formal (74,4%), mientras que
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15,9% no responde o no reporta información.
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4,3% corresponde a formación informal.
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2,5% indica no tener formación.
Esto sugiere que el campo cultural colombiano cuenta con una base importante de mujeres con formación académica y profesional.
Sin embargo, esta formación no se traduce necesariamente en mejores condiciones económicas.
Brechas de ingresos en el sector cultural
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la brecha de ingresos entre hombres y mujeres, presente en todos los niveles de educación formal.
El informe señala que:
En todos los niveles educativos, los ingresos de las mujeres son inferiores a los de los hombres.
Esta desigualdad se explica, en parte, por una mayor proporción de mujeres sin ingresos dentro del sector cultural, lo que evidencia las dificultades de sostenibilidad económica para muchas trabajadoras del arte y la cultura.
Mujeres que trabajan en cultura sin recibir ingresos
El análisis también muestra que existe un porcentaje importante de mujeres que desarrollan actividades culturales sin recibir remuneración económica.
En varios niveles educativos, el porcentaje de mujeres sin ingresos es significativamente mayor que el de los hombres, lo que refleja dinámicas de precarización laboral y de trabajo cultural no remunerado.
Seguridad social: una deuda histórica con las trabajadoras culturales
Las cifras relacionadas con la seguridad social evidencian una situación preocupante.
Salud
En el sistema de salud:
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45,11% se encuentra en régimen subsidiado.
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37,37% en régimen contributivo
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11,77% no tiene afiliación
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Otros porcentajes corresponden a regímenes especiales o no respuesta
Esto significa que casi la mitad de las mujeres del sector cultural dependen del régimen subsidiado, lo que refleja condiciones laborales inestables o ingresos irregulares.
Pensiones
La situación es aún más crítica en materia pensional:
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47,04% de las mujeres no cotiza al sistema de pensiones
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21,68% está en fondos privados.
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17,54% en Colpensiones
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13,76% no responde.
Esto indica que casi la mitad de las mujeres del sector cultural no tiene protección para la vejez, una realidad asociada a la informalidad laboral que caracteriza a gran parte del trabajo cultural.
Cultura, desigualdad y resistencia
La caracterización de Las mujeres en la cultura no solo permite dimensionar la presencia femenina en el sector, sino también evidenciar las brechas estructurales que atraviesan el trabajo artístico y cultural en Colombia.
Las mujeres son gestoras, creadoras, maestras, investigadoras y portadoras de saberes. Sostienen procesos culturales en barrios, comunidades, escuelas y territorios rurales. Sin embargo, muchas de ellas lo hacen en condiciones de precariedad laboral, informalidad y desigualdad económica.
Reconocer su aporte es fundamental, pero también lo es avanzar hacia políticas públicas culturales con enfoque de género, que garanticen mejores condiciones laborales, acceso a seguridad social y oportunidades reales de sostenibilidad para quienes hacen posible la vida cultural del país.
Porque detrás de cada proceso artístico, de cada danza, de cada canción y de cada espacio cultural comunitario, hay mujeres que crean, enseñan, organizan y transforman el territorio.

