domingo, 12 de julio de 2026

#Enfoquedeigualdad

 


𝐋𝐀 𝐈𝐆𝐔𝐀𝐋𝐃𝐀𝐃 𝐍𝐎 𝐂𝐀𝐌𝐁𝐈𝐀 𝐒𝐎́𝐋𝐎 𝐔𝐍 𝐋𝐔𝐆𝐀𝐑. 𝐂𝐀𝐌𝐁𝐈𝐀 𝐓𝐎𝐃𝐀 𝐔𝐍𝐀 𝐕𝐈𝐃𝐀.
Había un árbol que crecía torcido.
Algunas personas decían que el problema estaba en una sola rama.
Pero un jardinero observó con atención y descubrió que las raíces, la tierra y la forma en que recibía la luz también influían en su crecimiento.
No bastaba con arreglar una rama.
Había que cuidar todo el entorno.
Con la igualdad ocurre algo parecido.
No sirve de mucho educar a niñas y niños en el respeto si, al llegar al trabajo, las oportunidades ya no son las mismas.
No basta con promover la igualdad en una empresa si, al volver a casa, las tareas del cuidado siguen recayendo casi exclusivamente sobre las mujeres.
𝐋𝐚 𝐢𝐠𝐮𝐚𝐥𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐮𝐧 𝐚𝐜𝐭𝐨. 𝐓𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐫.
Empieza en la escuela, cuando enseñamos que los sueños no tienen género.
Continúa en el trabajo, cuando el talento vale más que los prejuicios.
Y se fortalece en la casa, cuando el cuidado, las responsabilidades y las decisiones se comparten.
𝐍𝐨 𝐡𝐚𝐲 𝐮𝐧 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐢𝐠𝐮𝐚𝐥𝐝𝐚𝐝 “𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞”. 𝐓𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐩𝐚𝐜𝐢𝐨𝐬 𝐥𝐚 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚𝐧.
Porque una niña que aprende que puede llegar tan lejos como quiera, pero ve que su madre carga sola con todo el trabajo doméstico, recibe dos mensajes completamente distintos.
Y un niño que escucha hablar de respeto, pero observa privilegios e injusticias normalizadas, también aprende… aunque nadie se lo explique.
𝐋𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐞𝐝𝐮𝐜𝐚𝐧. 𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐣𝐞𝐦𝐩𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐧.
La igualdad no consiste en que mujeres y hombres sean idénticos.
𝐂𝐨𝐧𝐬𝐢𝐬𝐭𝐞 𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐢𝐧𝐠𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚 𝐯𝐞𝐚 𝐥𝐢𝐦𝐢𝐭𝐚𝐝𝐨 𝐬𝐮 𝐟𝐮𝐭𝐮𝐫𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐮 𝐠𝐞́𝐧𝐞𝐫𝐨.
Porque cuando la igualdad entra en la escuela, en el trabajo y en la casa…
𝐭𝐨𝐝𝐚 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐜𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐜𝐫𝐞𝐜𝐞. 💜


jueves, 9 de julio de 2026

#TernuraQueVuelve

 El ciclo de la ternura

Primero dibujábamos para que mamá nos dijera que estaba hermoso.

Después ella nos manda piolines para hacernos sonreír.

💌
 A veces la ternura cambia de forma, pero nunca deja de estar ahí.

Honremos ese amor tan sencillo y tan inmenso.
Ese amor que dice: “Pensé en ti”.

miércoles, 8 de julio de 2026

#EnfoqueDeIgualdad

 


¿Y si empezáramos a dar el mismo valor a quienes sostienen la vida que a quienes heredan un apellido?

Durante siglos nos enseñaron que el apellido del padre era el que debía trascender. El de la madre quedaba relegado, como si cuidar, alimentar, educar, acompañar y sostener una vida no fuera también una forma de construir historia.

Por eso tienen tanto valor los gestos que rompen esa lógica.

Erling Braut Haaland decidió portar el apellido de su madre. Vozinha eligió jugar con el nombre que honra a su abuela, la mujer que lo crió.

No es un simple detalle. Es un mensaje.

Es reconocer públicamente que el éxito no nace solo del talento individual. Detrás de muchas historias hay mujeres que sostuvieron la infancia, hicieron sacrificios invisibles, renunciaron a oportunidades propias y cuidaron cuando nadie más lo hacía.

Y, sin embargo, la historia suele recordarlas poco.

Vivimos en una cultura donde todavía es común que el trabajo de cuidado se considere una “obligación natural” de las mujeres, mientras los reconocimientos públicos suelen concentrarse en los hombres. Esa desigualdad también se construye con símbolos.

Nombrar a una madre. Honrar a una abuela. Reconocer a quien cuidó.

Nada de eso hace a un hombre menos hombre.

Al contrario: habla de una masculinidad que no le teme a la gratitud, que entiende que reconocer el trabajo de las mujeres no resta méritos propios, sino que hace justicia a una realidad que durante demasiado tiempo permaneció invisible.

Cambiar la cultura no siempre empieza con grandes discursos. A veces comienza con algo tan sencillo como preguntarnos: ¿a quién estamos dejando fuera de la historia cuando contamos el éxito de alguien?

Porque detrás de muchas personas extraordinarias hubo una mujer cuyo nombre casi nunca aparece… y ya es momento de empezar a decirlo en voz alta.

martes, 7 de julio de 2026

El fenómeno 'tradwives': entre la cocina, las redes y la política de derecha

 

Tradwives: el regreso del machismo con filtro de Instagram

Entre recetas caseras, vestidos vintage y videos de "la esposa perfecta", una nueva tendencia digital conquista a miles de jóvenes. Pero detrás de su estética cuidada, especialistas advierten que revive estereotipos que el movimiento de mujeres ha cuestionado durante décadas.

Por Revista 1+Uno Mujer

Las redes sociales tienen la capacidad de convertir cualquier estilo de vida en una tendencia. Hoy basta un video de pocos segundos para acumular millones de reproducciones y posicionar una idea como aspiracional. Así ha ocurrido con el fenómeno de las tradwives (traditional wives o "esposas tradicionales"), una corriente de creadoras de contenido que promueve el regreso a los roles tradicionales de género: mujeres dedicadas exclusivamente al hogar, la crianza y el cuidado del esposo.

A simple vista, el contenido parece inofensivo: desayunos preparados desde cero, pan recién horneado, vestidos inspirados en los años cincuenta y hogares impecables. Sin embargo, organizaciones feministas y especialistas en estudios de género advierten que detrás de esta estética se esconde un mensaje mucho más profundo: la idealización de la obediencia femenina, la dependencia económica y la renuncia a la autonomía como sinónimo de felicidad.

No se trata de cuestionar a las mujeres que deciden dedicarse al cuidado de sus familias. El problema aparece cuando esa elección individual se presenta como el único modelo válido de feminidad y cuando el feminismo es señalado como el responsable de los problemas sociales actuales.

Una narrativa que seduce a las nuevas generaciones

El auge de las tradwives coincide con un crecimiento de contenidos antifeministas en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, donde los algoritmos privilegian mensajes emocionales, polémicos y altamente compartibles.

Investigaciones recientes muestran que una parte de los hombres jóvenes manifiesta posiciones más conservadoras frente a la igualdad de género que generaciones anteriores, mientras proliferan comunidades digitales conocidas como la "manosfera", donde se cuestionan los avances de los derechos de las mujeres y se promueven modelos tradicionales de masculinidad.

La escritora Júlia Salander, en su más reciente libro sobre feminismo, sostiene que el machismo no ha desaparecido: ha aprendido a hablar el lenguaje de las redes sociales. Ya no siempre aparece mediante discursos abiertamente discriminatorios, sino envuelto en mensajes sobre "feminidad", "energía femenina", "vida tranquila" o "volver a los valores de antes".

¿Qué significa esto para Colombia?

Aunque la tendencia nació principalmente en Estados Unidos y Europa, sus contenidos llegan diariamente a miles de jóvenes colombianas.

El contexto nacional demuestra que la igualdad aún está lejos de alcanzarse.

El estudio "Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia", elaborado por ONU Mujeres y el DANE, evidencia que las mujeres continúan enfrentando mayores niveles de pobreza, menor autonomía económica, una distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, así como barreras para acceder a espacios de liderazgo y toma de decisiones.

Esto significa que promover la dependencia económica como un ideal romántico puede reforzar desigualdades que muchas mujeres todavía viven en la práctica.

A ello se suma que, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y ONU Mujeres, América Latina necesita acelerar las transformaciones para alcanzar la igualdad sustantiva. Los organismos advierten que persisten importantes brechas en autonomía económica, participación política, acceso a tecnologías y protección frente a las violencias basadas en género.

Bogotá: jóvenes conectadas, pero también expuestas

En Bogotá, donde miles de adolescentes y jóvenes pasan varias horas al día en redes sociales, estas narrativas pueden tener un impacto significativo en la construcción de su identidad.

Especialistas en comunicación digital explican que el riesgo no está únicamente en consumir este contenido, sino en hacerlo sin herramientas para analizar críticamente los mensajes que transmite.

Cuando una adolescente observa repetidamente que "la mujer ideal" es aquella que obedece, no cuestiona, depende económicamente de su pareja y encuentra su realización exclusivamente en el hogar, ese mensaje termina normalizándose, aunque aparezca envuelto en imágenes estéticamente atractivas.

La propia CEPAL ha advertido que el mundo digital debe convertirse en un espacio para ampliar derechos y no para reproducir estereotipos, insistiendo en la necesidad de cerrar las brechas digitales de género y combatir las violencias y discriminaciones que también ocurren en internet.

Elegir libremente también es un derecho

El feminismo no propone un único proyecto de vida para las mujeres.

Defiende precisamente lo contrario: que cada mujer pueda decidir libremente si quiere desarrollar una carrera profesional, emprender, dedicarse al arte, a la ciencia, a la política, a la maternidad, al cuidado del hogar o combinar distintos caminos, sin imposiciones sociales ni económicas.

La igualdad no consiste en decirles a todas cómo deben vivir. Consiste en garantizar que ninguna tenga que renunciar a sus derechos, su autonomía o sus oportunidades para ser aceptada.

Educar para navegar con pensamiento crítico

Las nuevas formas del machismo ya no siempre se presentan mediante prohibiciones o discursos agresivos. En muchos casos llegan envueltas en imágenes perfectas, lenguaje amable y promesas de bienestar.

Por eso, uno de los mayores desafíos para las familias, las instituciones educativas, los medios comunitarios y la sociedad es fortalecer el pensamiento crítico de niñas, adolescentes y jóvenes frente a los contenidos que consumen diariamente.

En una época donde los algoritmos moldean opiniones y comportamientos, la educación en igualdad, la alfabetización digital y el acceso a información basada en evidencia son herramientas indispensables para construir relaciones más justas y democráticas.

Porque los derechos de las mujeres no son una moda pasajera ni una tendencia en redes sociales. Son el resultado de décadas de lucha por una sociedad en la que cada mujer pueda decidir su futuro con libertad, dignidad y autonomía.

lunes, 6 de julio de 2026

#EnfoqueDeIgualdad

 

𝗟𝗔𝗦 𝗣𝗔𝗟𝗔𝗕𝗥𝗔𝗦 𝗧𝗔𝗠𝗕𝗜𝗘́𝗡 𝗖𝗢𝗡𝗦𝗧𝗥𝗨𝗬𝗘𝗡 𝗥𝗘𝗔𝗟𝗜𝗗𝗔𝗗𝗘𝗦.

Cuando escuchamos “ama de casa”, muchas personas imaginan limpieza, cocina y labores domésticas. Pero pocas piensan en todo lo que realmente sucede ahí: enseñar valores, acompañar el crecimiento, cuidar, contener, educar, escuchar, resolver conflictos y formar personas.
Por eso resulta interesante que en Dubái se propusiera sustituir ese término por “Formadora de generaciones”. Más allá de si el nombre es perfecto o no, la reflexión de fondo merece nuestra atención.
Porque durante siglos el trabajo de cuidados ha sido tratado como si no fuera trabajo. Como si criar, educar y sostener emocionalmente a una familia fuera una obligación “natural” de las mujeres y no una labor con un enorme valor social.
Nombrar también es reconocer.
Pero el reconocimiento no debe quedarse en un discurso bonito. Debe traducirse en corresponsabilidad. Valorar la maternidad no significa romantizar el sacrificio eterno ni asumir que cuidar es una tarea exclusivamente femenina.
Una sociedad verdaderamente igualitaria no solo reconoce el papel de las madres. También entiende que la crianza y los cuidados deben compartirse. Porque las nuevas generaciones no se forman únicamente con amor; también necesitan tiempo, apoyo, respeto y oportunidades.
Cambiar una palabra no transforma el mundo. Pero a veces cambia la manera en que empezamos a mirarlo.

#Enfoquedeigualdad

  𝐋𝐀 𝐈𝐆𝐔𝐀𝐋𝐃𝐀𝐃 𝐍𝐎 𝐂𝐀𝐌𝐁𝐈𝐀 𝐒𝐎́𝐋𝐎 𝐔𝐍 𝐋𝐔𝐆𝐀𝐑. 𝐂𝐀𝐌𝐁𝐈𝐀 𝐓𝐎𝐃𝐀 𝐔𝐍𝐀 𝐕𝐈𝐃𝐀. Había un árbol que crecía torcid...