1 + Uno Mujer
miércoles, 25 de marzo de 2026
martes, 24 de marzo de 2026
Comunicado
El reciente comunicado de Caracol Televisión abre más preguntas de las que responde. En un texto breve y cuidadosamente redactado, el canal confirma la terminación del vínculo laboral con dos periodistas, Ricardo Orrego y Jorge Alfredo Vargas, en medio de denuncias de acoso que, aunque no se detallan, ya han generado una profunda preocupación en la opinión pública.
Lo que está en juego aquí no es solo una decisión administrativa o contractual. Es un asunto estructural: cómo las grandes organizaciones mediáticas enfrentan las denuncias de violencia y acoso dentro de sus propios entornos laborales. El comunicado insiste en términos como “respeto”, “confidencialidad” e “independencia”, pero evita profundizar en los hechos, en las medidas concretas de protección a las posibles víctimas o en los mecanismos de investigación.
Ese silencio institucional, aunque jurídicamente comprensible, resulta insuficiente en un contexto social donde las violencias basadas en género y poder han dejado de ser toleradas. Hoy, más que nunca, la ciudadanía exige claridad, acciones contundentes y garantías reales para quienes denuncian.
No es un tema menor que se trate de figuras públicas. Los medios de comunicación no solo informan: también construyen referentes, narrativas y confianza social. Cuando surgen denuncias en su interior, la respuesta no puede limitarse a decisiones internas sin mayor explicación. La transparencia no es opcional; es parte del compromiso ético con la audiencia.
Además, el comunicado reconoce algo clave: “a quienes han alzado la voz… sabemos que hacerlo no es fácil”. Esta frase, aunque breve, evidencia una realidad contundente: denunciar implica riesgos, miedo y muchas veces revictimización. Por eso, no basta con escuchar; es necesario garantizar procesos seguros, acompañamiento efectivo y resultados verificables.
Este no es momento de callar. Es momento de preguntar:
- ¿Qué protocolos se activaron?
- ¿Qué garantías tienen las personas denunciantes?
- ¿Qué cambios estructurales se implementarán para evitar que estas situaciones se repitan?
El país no solo observa lo que ocurrió, sino cómo se responde. Y en esa respuesta se mide el verdadero compromiso con la dignidad, la justicia y la transformación de las culturas laborales.
Porque cuando se trata de acoso, el silencio nunca es neutral. Siempre favorece a alguien. Y hoy, Colombia está exigiendo que sea la verdad la que tenga la última palabra.
lunes, 23 de marzo de 2026
Enfoque de Igualdad
domingo, 22 de marzo de 2026
𝐄𝐧𝐟𝐨𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞 𝐈𝐠𝐮𝐚𝐥𝐝𝐚𝐝 𝐀.𝐂.
sábado, 21 de marzo de 2026
viernes, 20 de marzo de 2026
#Igualdad
El trabajo invisible que sostiene el mundo: una deuda histórica con las mujeres
“El mundo se sostiene en trabajo gratis: las mujeres hacen el 76,2% de los cuidados no remunerados”. Esta cifra, presentada por la Organización Internacional del Trabajo en 2024, no solo revela una desigualdad estructural: expone una realidad profundamente normalizada que atraviesa la vida cotidiana de millones de mujeres en Colombia y el mundo.
Hablar de cuidados es hablar de sostener la vida. Cocinar, limpiar, cuidar a niñas, niños, personas mayores o enfermas, gestionar el hogar, acompañar emocionalmente… son tareas esenciales para el funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, estas labores han sido históricamente invisibilizadas, desvalorizadas y, sobre todo, no remuneradas.
La carga desigual del cuidado
El dato es contundente: más de tres cuartas partes del trabajo de cuidados recaen sobre las mujeres. Esto no es casualidad, sino el resultado de una construcción social que ha asignado roles de género de manera desigual, limitando las oportunidades de las mujeres en ámbitos como la educación, el empleo y la participación política.
El tiempo dedicado al cuidado no remunerado implica, muchas veces, jornadas dobles o triples. Mientras los sistemas económicos contabilizan la productividad en términos monetarios, ignoran el aporte silencioso que sostiene la vida diaria.
Lo que no se nombra, no se transforma.
Desde la Revista 1+Uno Mujer, insistimos en la necesidad de nombrar el trabajo de cuidado como trabajo. Reconocerlo es el primer paso para redistribuirlo y garantizar condiciones más justas.
Esto implica avanzar hacia políticas públicas que promuevan sistemas de cuidado, corresponsabilidad entre el Estado, la sociedad, el mercado y los hogares, así como cambios culturales que cuestionen la idea de que cuidar es una obligación natural de las mujeres.
Hacia una sociedad que cuide y reconozca
Visibilizar esta realidad no es solo una tarea estadística: es un acto político. Significa poner en el centro la vida, el bienestar y la dignidad. Significa entender que sin cuidados no hay economía, no hay desarrollo, no hay futuro.
La cifra del 76,2% no puede ser solo un dato más. Debe ser un llamado urgente a transformar las estructuras que sostienen la desigualdad.
Porque si el mundo se sostiene en el trabajo invisible de las mujeres,
también debe transformarse para reconocerlo, redistribuirlo y dignificarlo.
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