Elisa Bachofen: la ingeniera que abrió caminos para las mujeres en América del Sur
En 1918, Elisa Beatriz Bachofen se convirtió en la primera mujer en graduarse de Ingeniería Civil en Argentina y América Latina. Su trayectoria profesional, sus inventos y su compromiso con la formación técnica femenina desafiaron las barreras de género de comienzos del siglo XX y dejaron una huella en la historia de la ingeniería.
El 5 de diciembre de 1918, cuando tenía 27 años, recibió su título en la Universidad de Buenos Aires (UBA). En una época en la que las profesiones técnicas estaban dominadas por hombres, su graduación representó un precedente para las mujeres que aspiraban a estudiar ciencias, tecnología e ingeniería. Sin embargo, obtener el diploma fue apenas el comienzo de una carrera que se extendería durante décadas.
Una vocación por la ingeniería y la innovación
Elisa nació el 2 de mayo de 1891 en Buenos Aires. Desde joven estuvo vinculada a un entorno familiar relacionado con la industria y la maquinaria. Su padre, Teófilo Bachofen, era de origen suizo y había participado en los inicios de la industria textil argentina.
Esa cercanía con el mundo industrial acompañó su formación en la entonces Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA. Su tesis de grado, titulada Fábrica de hilados y tejidos de algodón, planteaba una propuesta industrial relacionada con el aprovechamiento del algodón de la provincia del Chaco.
La investigación mostraba su interés por vincular el conocimiento científico con las necesidades productivas del país. Bachofen no se limitó al ejercicio tradicional de la ingeniería: también desarrolló una faceta como inventora y divulgadora de conocimientos técnicos.
De los planos a las obras viales
En 1919 comenzó a trabajar como proyectista de puentes en la Dirección de Puentes y Caminos, organismo que posteriormente se convirtió en la Dirección Nacional de Vialidad. Allí participó en tareas de diseño y organización de obras viales, en un sector estratégico para la infraestructura argentina.
Su trayectoria continuó durante varias décadas. También desempeñó funciones relacionadas con la documentación técnica y la investigación en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y en el organismo científico que precedió al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Su trabajo demuestra que la participación de las mujeres en la ingeniería no se reducía a conquistar un lugar en las aulas: también implicaba asumir responsabilidades profesionales, aportar soluciones técnicas y participar en el desarrollo de instituciones científicas.
Una inventora que puso la tecnología al servicio de la sociedad
Entre sus aportes se encuentran varias patentes, la publicación de una Guía del Inventor y su participación en la Comisión Técnica del Círculo de Inventores, creado en 1922. Desarrolló, entre otras ideas, un instrumento para clasificar algodón según la calidad de sus fibras y mecanismos destinados a identificar fisuras o irregularidades en los caminos.
Su creatividad también estuvo vinculada a necesidades sociales. Después del terremoto de San Juan, Argentina, colaboró con una arquitecta en proyectos de escuelas antisísmicas y otras edificaciones para la reconstrucción de la ciudad. Este trabajo refleja una concepción de la ingeniería orientada no solo a la innovación, sino también a la protección de la vida y el bienestar colectivo.
Educación técnica para transformar las oportunidades de las mujeres
Bachofen entendió que abrir las puertas de la universidad era importante, pero insuficiente si las mujeres continuaban excluidas de los conocimientos científicos y tecnológicos.
Por eso, participó en organizaciones feministas y promovió la capacitación técnica femenina. En cursos realizados en la Biblioteca del Consejo Nacional de Mujeres enseñó nociones de electricidad aplicada al hogar y mecánica de motores. Aunque algunos contenidos estaban vinculados con las tareas domésticas de la época, su propuesta también buscaba acercar a las mujeres a conocimientos técnicos que tradicionalmente se asociaban con los hombres.
Su activismo formó parte de un movimiento más amplio que reclamaba derechos, educación y autonomía para las mujeres. En ese escenario, su presencia como ingeniera y su labor como formadora cuestionaron los estereotipos que limitaban las posibilidades profesionales femeninas.
Un legado que sigue vigente
Elisa Bachofen falleció el 19 de noviembre de 1976, a los 85 años. Décadas después, su historia continúa siendo recuperada por instituciones académicas y organismos públicos argentinos que buscan reconocer el aporte de las mujeres a la ciencia y la tecnología. La Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires ha destacado su trayectoria y promovido publicaciones sobre las pioneras de la profesión.
Su legado permite comprender que la igualdad de oportunidades no se construye únicamente con el reconocimiento de derechos: también requiere eliminar barreras educativas, garantizar el acceso a la formación y hacer visibles a las mujeres que han contribuido al conocimiento.
La historia de Bachofen interpela especialmente a las nuevas generaciones. Su recorrido demuestra que las capacidades científicas y técnicas no dependen del género, sino de las oportunidades, la formación y las condiciones para desarrollar el talento.
Recordarla es reconocer a una mujer que abrió una puerta cuando pocas podían atravesarla y que, además de ejercer una profesión, trabajó para que otras mujeres tuvieran la posibilidad de hacerlo.






