viernes, 14 de agosto de 2026

Bogotá alcanza su mayor participación de mujeres en cargos de decisión con un 53,8 %

 

Mujeres que deciden: Bogotá avanza hacia una administración más paritaria

La participación de las mujeres en los cargos de decisión de la Administración Distrital alcanza el 53,8 %, el registro más alto reportado para Bogotá. El resultado representa un avance significativo, pero también plantea el desafío de sostener la paridad en todos los sectores y convertirla en una práctica permanente de gobierno.

Bogotá registra un nuevo máximo en la participación de las mujeres en los espacios donde se toman decisiones sobre las políticas públicas, los presupuestos y las prioridades de la ciudad. Según el informe, las mujeres deciden y dirigen. Informe sobre la paridad de género y el cumplimiento de la Ley 2424 de 2024 en Bogotá, elaborado por el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género (OMEG), Ellas ocupan el 53,8 % de los cargos de decisión en las 18 entidades del nivel central de la Administración Distrital.

El dato adquiere especial relevancia porque no se trata únicamente de una representación numérica. Estar en los cargos decisorios significa participar directamente en las discusiones y decisiones que determinan buena parte de la vida cotidiana de millones de personas en Bogotá.

De las 18 entidades analizadas, 11 cuentan con una participación de mujeres superior al 50 % en los cargos de decisión. Además, diez de las 18 entidades del nivel central están encabezadas actualmente por mujeres.

Un avance que supera registros anteriores

El informe muestra una tendencia positiva en el tiempo. Aunque la participación de las mujeres se ha mantenido por encima del 50 % durante los últimos años, el 53,8 % registrado en la medición más reciente supera el 53,3 % de 2020 y el 51,8 % de 2022.

La cifra confirma que Bogotá ha construido avances importantes en materia de participación femenina en la administración pública. Sin embargo, el comportamiento no es homogéneo y existen diferencias entre sectores que merecen atención.

Educación, Seguridad y Ambiente, por ejemplo, habían alcanzado la paridad en 2024, pero en 2025 volvieron a ubicarse por debajo del 50 %. En contraste, los sectores de Cultura y Gobierno superaron este umbral en el balance más reciente.

Estos movimientos muestran que alcanzar la paridad no significa que el resultado esté garantizado. La participación puede aumentar o disminuir de un periodo a otro y requiere políticas institucionales que permitan consolidar los avances.

La mirada más amplia mantiene la paridad.

Cuando el análisis incorpora al Concejo de Bogotá y a los organismos de control, la participación de las mujeres en el conjunto de la Administración Distrital se ubica en 50,5 %.

Esta cifra permite hablar de una composición paritaria en términos generales, pero también invita a mirar qué ocurre dentro de cada entidad y sector. Una ciudad puede cumplir el umbral global y, al mismo tiempo, mantener brechas en determinados espacios de poder.

La discusión sobre paridad, por eso, va más allá de establecer cuántas mujeres ocupan un cargo. También implica preguntarse en qué niveles de decisión están, cuáles son sus responsabilidades y qué posibilidades tienen de incidir efectivamente en las decisiones públicas.

Una conquista respaldada por normas

Bogotá cuenta desde 2015 con un referente distrital para el seguimiento de la participación de las mujeres en cargos decisorios. El Acuerdo Distrital 623 de 2015 incorporó la paridad de género como parte del análisis de estos espacios en la ciudad.

A nivel nacional, la Ley 2424 de 2024 estableció que al menos el 50 % de los cargos de máximo y otros niveles decisorios del poder público deben ser desempeñados por mujeres.

El informe del OMEG permite observar cómo estos principios se reflejan en la estructura actual de la Administración Distrital y aporta elementos para evaluar los avances, pero también las brechas que todavía permanecen.

Decidir también es transformar.

Para las mujeres, acceder a los espacios de decisión pública significa ocupar lugares desde los cuales es posible incidir en asuntos que durante décadas fueron definidos mayoritariamente por hombres.

Presupuestos, movilidad, educación, seguridad, cultura, ambiente, desarrollo económico y políticas sociales son asuntos que afectan de manera diferenciada a mujeres y hombres. Por ello, la presencia de mujeres en los espacios donde se definen estas políticas contribuye a incorporar otras experiencias, necesidades y perspectivas en la gestión pública.

La paridad no debería entenderse como una cifra que debe alcanzarse únicamente para cumplir una norma. Es, sobre todo, una condición para que las mujeres puedan ejercer plenamente su derecho a participar en las decisiones que afectan sus vidas y sus territorios.

Para Bogotá, el 53,8 % constituye un avance histórico. El siguiente desafío será evitar que la paridad dependa de momentos o administraciones particulares y lograr que se consolide como una condición estable en todos los sectores de la gestión pública.

Desde las localidades, donde las decisiones institucionales se encuentran con las necesidades concretas de los barrios y comunidades, este debate también tiene un significado especial: cuando las mujeres participan en igualdad de condiciones, cambian las preguntas que se hacen desde el poder y se amplían las posibilidades de construir una ciudad más incluyente.

#LoNieguesONo

jueves, 13 de agosto de 2026

𝐄𝐧𝐚𝐦𝐨𝐫𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐭𝐢 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐞𝐠𝐨í𝐬𝐦𝐨. 𝐄𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐢𝐬𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚.

 

Había una vez un jardín donde todas las flores regalaban su agua a las demás. Día tras día, seguían dando hasta que comenzaron a marchitarse.
Entonces alguien les preguntó:
¿Quién las riega a ustedes?
Guardaron silencio.
Durante siglos, a muchas mujeres se les enseñó que amar era vaciarse: cuidar primero, sostener primero, perdonar primero, sacrificarse primero. Como si el amor propio fuera un lujo y no una necesidad.
Pero una fuente seca no puede dar agua.
𝐄𝐥 𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐡𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐦á𝐬; 𝐞𝐬 𝐬𝐮 𝐩𝐮𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐝𝐚.
Una mujer que se elige a sí misma pone límites, deja relaciones que la dañan, deja de pedir permiso para existir y comprende que su valor no depende de ser deseada, sino de ser libre.
𝑵𝒐 𝒔𝒆 𝒕𝒓𝒂𝒕𝒂 𝒅𝒆 𝒂𝒎𝒂𝒓𝒕𝒆 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒏𝒐 𝒂𝒎𝒂𝒓 𝒂 𝒏𝒂𝒅𝒊𝒆. 𝑺𝒆 𝒕𝒓𝒂𝒕𝒂 𝒅𝒆 𝒂𝒎𝒂𝒓𝒕𝒆 𝒍𝒐 𝒔𝒖𝒇𝒊𝒄𝒊𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒏𝒐 𝒂𝒄𝒆𝒑𝒕𝒂𝒓 𝒎𝒆𝒏𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒎𝒆𝒓𝒆𝒄𝒆𝒔.

Porque quien aprende a elegirse ya no busca quien la complete; busca quien camine a su lado en igualdad.

miércoles, 12 de agosto de 2026

El arte también transforma el territorio. 💜


Cada paso cuenta cuando las mujeres, sus voces y sus historias encuentran un escenario para expresarse, crear y construir nuevas formas de relacionarnos.

En nuestro festival “Cada Paso Cuenta“ Construyamos entornos seguros para las mujeres”, distintas agrupaciones llevaron al público mensajes de fuerza, identidad, diversidad y esperanza, demostrando que el arte puede abrir conversaciones, cuestionar violencias y aportar a la construcción de entornos más seguros.

Te presentamos 5 formas de transformar desde el arte y para las agrupaciones que hicieron parte de esta experiencia.

Fabylon Dance
Fusion dance B
Dasert Flores
Francis Carolina Music
Reciclando paz

Porque transformar también es cantar, bailar, crear, compartir la palabra y ocupar el espacio público con dignidad.

Cada paso cuenta. Cada voz cuenta. Cada expresión artística puede abrir camino.

Actividad realizada en convenio con la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia.

#CadaPasoCuenta #Mujeres #ArteYTransformación #EntornosSeguros #Usaquén #MujeresQueTransforman #ArteComunitario #Cultura #DerechosDeLasMujeres #ASINCO👏

martes, 11 de agosto de 2026

#EnfoqueDeIgualdad

 

Pensemos en una oficina: si una sola persona hiciera diariamente el trabajo de cinco puestos, nadie diría: «Lo hace porque le nace». Hablaríamos de sobrecarga laboral.
Pero cuando sucede dentro del hogar y quien carga principalmente con ese trabajo es una mujer, mágicamente aparecen palabras como amor, deber, sacrificio o instinto.
Y ahí está la trampa.
El amor no lava platos. Las personas, sí.
El «instinto femenino» tampoco cocina, limpia, compra, organiza citas médicas, cuida infancias y recuerda lo que falta en casa. Todo eso requiere tiempo, esfuerzo físico y carga mental.
Por eso el trabajo doméstico no es una actividad menor ni una obligación natural de madres, esposas o abuelas.
La igualdad también comienza cuando dejamos de preguntar:
❌ «¿En qué te ayudo?»
y empezamos a decir:
✅ «¿Qué me corresponde hacer?»
Porque una casa compartida implica también responsabilidades compartidas.
𝐑𝐄𝐂𝐎𝐍𝐎𝐂𝐄𝐑. 𝐑𝐄𝐃𝐈𝐒𝐓𝐑𝐈𝐁𝐔𝐈𝐑. 𝐂𝐎𝐑𝐑𝐄𝐒𝐏𝐎𝐍𝐒𝐀𝐁𝐈𝐋𝐈𝐙𝐀𝐑.

lunes, 10 de agosto de 2026

La solidaridad nos sostiene

La solidaridad nos sostiene: mujeres que se cuidan y acompañan después del sismo

El fuerte sismo registrado este 10 de agosto nos recordó, por unos segundos, lo frágiles que podemos sentirnos. También nos mostró algo esencial: cuando nos cuidamos, nos escuchamos y permanecemos juntas, las comunidades tienen más fuerza para enfrentar los momentos difíciles.

Hoy muchas mujeres seguramente abrazaron a sus hijas e hijos, llamaron a sus madres, preguntaron por sus amigas, buscaron a sus vecinas o simplemente necesitaron escuchar una voz conocida que dijera: “¿Estás bien?”

Un terremoto no solo mueve edificios. También altera nuestras certezas. Durante unos segundos, las preocupaciones cotidianas quedan suspendidas y aparece lo fundamental: la vida, las personas que amamos y la necesidad de saber que quienes están cerca también están a salvo.

Entre mujeres, cuidarnos también es una forma de resistencia.

Las mujeres conocemos el valor de las redes de apoyo. Muchas veces somos quienes llamamos primero, quienes preguntamos por una vecina que vive sola, quienes organizamos una ayuda, acompañamos a una familia o estamos pendientes de niñas, niños, personas mayores y quienes necesitan mayor protección.

En una emergencia, esa capacidad cotidiana de cuidar adquiere una importancia especial.

La sororidad no significa que tengamos todas las respuestas. Significa que no dejamos solas a otras mujeres cuando atraviesan un momento difícil.

Por eso, hoy podemos empezar por algo sencillo: preguntar cómo están nuestras amigas, vecinas, familiares y compañeras. Escuchar. Acompañar. Compartir información confiable. Identificar quién puede necesitar ayuda y, sobre todo, evitar que el miedo se convierta en aislamiento.

La solidaridad también necesita información responsable.

En las horas posteriores a un sismo circulan fotografías, videos, audios y mensajes que pueden no corresponder al lugar o al momento del evento. Compartir información sin verificar puede generar angustia y dificultar la atención de quienes realmente necesitan ayuda.

La UNGRD recomienda consultar las orientaciones oficiales para prepararse y actuar antes, durante y después de un sismo.

Desde ASINCO invitamos a nuestra comunidad a:

  • Preguntar cómo están las mujeres cercanas, especialmente aquellas que viven solas o pueden requerir apoyo.
  • Escuchar y acompañar sin minimizar el miedo o la angustia que pueda producir un evento de esta naturaleza.
  • Apoyar iniciativas locales de ayuda cuando sean verificables y estén coordinadas con las autoridades u organizaciones responsables.
  • Compartir únicamente información confirmada por fuentes oficiales.
  • Mantener la calma y seguir las recomendaciones de los organismos de gestión del riesgo.
  • Revisar con nuestras familias las rutas de evacuación y puntos de encuentro.

Hoy también damos gracias por la vida.

La imagen que acompaña esta reflexión recoge un sentimiento que muchas personas experimentaron durante el sismo: en cuestión de segundos recordamos aquello que verdaderamente importa.

No se trata de romantizar el desastre ni de desconocer el dolor de quienes pudieron resultar afectados. Se trata de reconocer que, frente a la incertidumbre, el cuidado entre personas puede convertirse en una fuerza colectiva.

A las mujeres de Chocó y de los demás territorios que pudieron sentir con fuerza este movimiento, nuestro abrazo solidario. A quienes hoy están preocupadas por sus familias, amigas y comunidades, les recordamos que pedir ayuda también es una forma de cuidarse.

Y a quienes desde Bogotá y Usaquén preguntan qué pueden hacer: empiecen por sus redes cercanas. Pregunten. Escuchen. Acompañen. Verifiquen.

Porque cuando una mujer sostiene a otra, no solo está ofreciendo compañía. Está fortaleciendo una red.

Hoy más que nunca, la solidaridad nos sostiene.

ASINCO – Comunicación, participación y comunidad.

domingo, 9 de agosto de 2026

Romper el ciclo: entre mujeres también podemos construir otras formas de relacionarnos

 


La violencia y la discriminación contra las mujeres no ocurren únicamente en espacios donde predominan los hombres. También pueden aparecer entre mujeres cuando reproducimos juicios, estereotipos, señalamientos o formas de competencia que históricamente han limitado nuestra libertad y nuestra posibilidad de reconocernos como iguales.

Una mujer que cuestiona la apariencia de otra, que descalifica sus decisiones, que juzga su maternidad, su manera de vestir, su edad, su vida afectiva o sus aspiraciones puede estar reproduciendo patrones aprendidos en una sociedad que durante generaciones ha establecido cómo debería comportarse una mujer. Reconocerlo no significa trasladar a las mujeres la responsabilidad por el machismo. Significa identificar aquellos comportamientos cotidianos que podemos transformar.

De la competencia al reconocimiento

La idea de que las mujeres deben competir entre sí tiene raíces profundas. Se nos ha enseñado, de distintas maneras, que existe un modelo limitado de éxito, belleza, reconocimiento o aceptación al que solo algunas pueden acceder. Cuando ese mensaje se interioriza, la otra mujer puede aparecer como una rival en lugar de como una aliada.

Romper ese esquema implica cambiar la pregunta. En lugar de preguntarnos quién es más bonita, más exitosa, más joven, más preparada o más reconocida, podemos preguntarnos qué condiciones necesitamos para que todas podamos ejercer nuestros derechos y desarrollar nuestros proyectos de vida.

Esto no significa que las mujeres debamos pensar igual ni que desaparezcan los desacuerdos. La sororidad tampoco consiste en aceptar cualquier comportamiento por el hecho de que provenga de otra mujer. Se trata de construir relaciones basadas en el respeto, la autonomía, la solidaridad y la capacidad de tramitar las diferencias sin recurrir a la humillación o la violencia.

El problema es estructural

Hablar de estas prácticas exige una precisión importante: el machismo no existe porque las mujeres “nos castiguemos” entre nosotras. Las desigualdades de género responden a estructuras sociales, económicas, culturales e institucionales que han otorgado históricamente mayores oportunidades, autoridad y poder a los hombres.

Por eso, la frase de la imagen puede entenderse como una invitación a revisar una dimensión cotidiana del problema, no como una explicación completa de su origen.

La transformación también pasa por cuestionar aquello que hemos aprendido y que, a veces sin intención, reproducimos. Implica dejar de normalizar comentarios que ridiculizan, comparaciones que enfrentan, rumores que destruyen reputaciones o juicios que buscan controlar la vida de otras mujeres.

No somos trofeos ni pecado

La segunda parte del mensaje de la pieza gráfica resulta especialmente significativa: “No somos trofeos ni pecado, somos mujeres con historias, deseos y derechos”.

Detrás de esta afirmación hay una reivindicación fundamental: las mujeres no deben ser valoradas a partir de categorías impuestas desde afuera. Cada una tiene una historia particular, decisiones propias, capacidades, contradicciones, sueños y proyectos.

Reconocer esa diversidad también significa comprender que no existe una única manera de ser mujer. Hay mujeres jóvenes y mayores, madres y no madres, trabajadoras, cuidadoras, artistas, lideresas comunitarias, estudiantes, emprendedoras, profesionales, campesinas, deportistas y mujeres que construyen su proyecto de vida lejos de los modelos tradicionales.

Todas tienen derecho a vivir libres de violencias y discriminaciones.

Romper el ciclo empieza en lo cotidiano

El cambio no siempre comienza con grandes discursos. Puede empezar cuando dejamos de juzgar el cuerpo de otra mujer, cuando defendemos a una compañera frente a una situación de acoso, cuando escuchamos sin descalificar, cuando reconocemos el trabajo de otra, cuando compartimos una oportunidad en lugar de competir por ella o cuando decidimos no participar en una conversación que busca destruir la dignidad de alguien.

También comienza cuando educamos a niñas y niños para relacionarse desde la igualdad y cuando creamos espacios comunitarios donde las mujeres puedan encontrarse, organizarse, expresarse y tomar decisiones.

Romper el ciclo no significa que las mujeres tengamos que ser perfectas ni estar siempre de acuerdo. Significa aprender a relacionarnos sin reproducir violencias y entender que el avance de una mujer no tiene por qué significar el retroceso de otra.

Desde Revista 1 + Uno Mujer proponemos mantener abierta esta conversación. Porque defender los derechos de las mujeres también implica revisar nuestras prácticas, reconocer las diferencias y construir redes donde la crítica no destruya, donde la diversidad no sea motivo de exclusión y donde ninguna mujer tenga que disminuir a otra para ocupar su propio lugar.

No somos trofeos. No somos pecado. Somos mujeres con historias, deseos, voces y derechos.

Bogotá alcanza su mayor participación de mujeres en cargos de decisión con un 53,8 %

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