La infancia no necesita más actividades. Necesita presencia.
Nos enseñaron que “ser buen padre” es pagar clases, inscribir en deportes, llenar agendas.
Pero pocas veces nos dijeron que lo más importante es estar.
Cuando un niño dice: “quiero estar contigo”, no está pidiendo entretenimiento.
Está pidiendo vínculo.
Está pidiendo atención emocional.
Está pidiendo tiempo de calidad.
Y aquí es donde el feminismo también habla.
Porque durante siglos el cuidado fue impuesto como obligación femenina.
Hoy sabemos que criar no es ayuda, es corresponsabilidad.
No es “apoyar a mamá”.
Es ejercer paternidad activa y consciente.
La igualdad empieza en casa.
En la forma en que distribuimos el tiempo, el afecto y las responsabilidades.
No se trata de llenar la agenda.
Se trata de llenar el corazón.