lunes, 2 de febrero de 2026

Trabajo invisible, dignidad presente

 

Trabajo invisible, dignidad presente

La frase que acompaña la imagen “Soy ama de casa” se dice con orgullo, porque es uno de los trabajos más difíciles del mundo y también el menos valorado; interpela una realidad histórica: el trabajo doméstico y de cuidado sostiene la vida, pero sigue siendo invisibilizado y desigualmente reconocido.

Ser ama de casa implica jornadas extensas, múltiples tareas simultáneas y una alta carga física y emocional. Cocinar, limpiar, cuidar, organizar y acompañar no son “ayudas” ni labores menores; son responsabilidades esenciales que garantizan bienestar, salud y reproducción social. Sin embargo, al no estar remuneradas en muchos casos, estas labores quedan fuera de las estadísticas económicas y del reconocimiento social.

Decir “soy ama de casa” con orgullo es un acto político. Es reclamar dignidad para un trabajo que ha sido históricamente feminizado, naturalizado y subestimado. También es exigir corresponsabilidad: que el cuidado sea compartido, valorado y respaldado por políticas públicas que reconozcan su aporte a la economía y a la cohesión social.

Esta imagen nos invita a cambiar la mirada. Valorar el trabajo del hogar es avanzar hacia una sociedad más justa, donde cuidar no sea sinónimo de sacrificio silencioso, sino de reconocimiento, derechos y respeto.

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