๐๐ฅ๐จ๐ซ๐๐ซ ๐ง๐จ ๐๐ฌ ๐ฅ๐จ ๐ฆ๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ ๐ฉ๐๐ซ๐ mujeres y hombres : ๐ฎ๐ง ๐๐ง๐́๐ฅ๐ข๐ฌ๐ข๐ฌ ๐๐๐ฌ๐๐ ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ซ๐จ๐ฅ๐๐ฌ ๐๐ ๐ ๐́๐ง๐๐ซ๐จ.
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Desde la infancia, el llanto es regulado de manera distinta para niรฑas y niรฑos.
A ellas se les permite llorar, pero se les infantiliza y se les dice que son dรฉbiles o exageradas. A ellos se les enseรฑa a reprimirlo, a tragarse las emociones porque “los hombres no lloran”.
Ambos mandatos de gรฉnero son violentos. A las mujeres se nos impone la idea de que nuestras emociones son un problema, que si lloramos en el trabajo somos “hormonales”, si lo hacemos en una discusiรณn “somos manipuladoras” y si lloramos en la polรญtica “no somos aptas para liderar”.
Nuestra emocionalidad se convierte en un arma que el patriarcado usa para descalificarnos.
A los hombres se les prohรญbe llorar. Se les impone un ideal de dureza que, con el tiempo, les impide conectar con sus propios sentimientos.
Asรญ, el llanto, una respuesta humana natural, se convierte en un sรญmbolo de fracaso masculino.
En lugar de llorar, muchos hombres canalizan su frustraciรณn en agresividad, en violencia, en aislamiento.
El resultado de estos roles de gรฉnero es un mundo donde las mujeres somos cuestionadas por expresar nuestras emociones y los hombres no pueden permitirse sentirlas.
๐ฅ๐ผ๐บ๐ฝ๐ฒ๐ฟ ๐ฐ๐ผ๐ป ๐ฒ๐๐๐ฎ๐ ๐ถ๐ฑ๐ฒ๐ฎ๐ ๐ฒ๐ ๐๐ฟ๐ด๐ฒ๐ป๐๐ฒ. ๐ฃ๐ผ๐ฟ๐พ๐๐ฒ ๐น๐น๐ผ๐ฟ๐ฎ๐ฟ ๐ป๐ผ ๐ฒ๐ ๐๐ถ๐ด๐ป๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐ฑ๐ฒ๐ฏ๐ถ๐น๐ถ๐ฑ๐ฎ๐ฑ, ๐๐ถ๐ป๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐ต๐๐บ๐ฎ๐ป๐ถ๐ฑ๐ฎ๐ฑ.
Porque permitirnos sentir, sin importar nuestro gรฉnero, es el primer paso para sanar y construir una sociedad mรกs empรกtica.
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