miércoles, 25 de septiembre de 2019

Salud

Violencia durante el parto


La ONU ha encendido las alarmas. En un informe concluye que mujeres en todo el mundo y de todos los niveles económicos sufren abuso en los centros de salud durante el alumbramiento. Pueden ser humilladas por el personal médico o sometidas a maniobras físicas proscritas. En Perú la problemática aún es silenciada.

La ONU reconoció que las mujeres son víctimas de violencia obstétrica.
La ONU reconoció que las mujeres son víctimas de violencia obstétrica.


Eulogia Guzmán (26), mujer quechua hablante, natural del poblado de Layme, Cuzco, se preparaba para dar a luz. Iba por la semana 37 del embarazo de su primogénito cuando los dolores la vencieron y tuvieron que llevarla de emergencia a la posta médica más cercana. Llegó en ambulancia, junto a su esposo Jaime Chipana. La recibió la obstetra de turno quien, acto seguido, la abandonó, le dijo que iría a su casa por su abrigo.
Eulogia y su marido quedaron solos en el cuarto de partos y el alumbramiento era inminente. Al cabo de unos minutos, la muchacha se puso en cuclillas porque tenía la sensación de orinar y en esa posición sintió cómo la cabeza de Sergio Jesús, su bebé, se abría paso por su tracto vaginal. El esposo, nervioso, salió a pedir auxilio a gritos.
Una enfermera entró al encuentro de Eulogia y la incorporó y jalándola de un brazo la obligó a subir a la camilla de casi un metro de altura. La muchacha le rogaba que por favor la ayudara a parir en esa posición, pero la enfermera hizo oídos sordos. Y en ese momento, entre el jaleo y la súplica, el bebé nació y su cuerpecito cayó con violencia al suelo golpeándose la cabeza y cortando el cordón umbilical.
Lo que le sucedió a Eulogia no es un caso más de negligencia médica. Se trata de otra modalidad de maltrato contra las mujeres, ejercida, esta vez, por el personal médico en los establecimientos de salud durante el parto y se le conoce como violencia obstétrica. A esta cusqueña, hoy de 42 años, el personal médico la abandonó durante el parto y la forzó a parir en una posición que afectó de forma crítica a su hijo, que vivió hasta los 12 años con un discapacidad física severa: sufría de convulsiones, no veía, ni hablaba, ni caminaba. La violencia obstétrica puede quebrar vidas y este caso es su expresión más brutal.
Pero también se manifiesta a través de actos que consideramos “normales” o como parte del trato cotidiano en los hospitales públicos: “No lloraste cuando lo hiciste, ¿por qué gritas ahora?”, por ejemplo, es una frase dicha con frecuencia por el personal médico a una mujer que se queja por los dolores de parto. Lo más probable es que muchas mujeres hayan vivido algo parecido, pero no lo denunciaron por temor a represalias o porque, simplemente, creyeron que sería en vano llenar el libro de reclamaciones del nosocomio.
Violencia global y local

No son casos aislados. En julio pasado, a través de un riguroso informe de la relatora Dubravka Šimonović, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció que el maltrato en los servicios de salud reproductiva se da de forma “generalizada y sistemática en el mundo y lo viven mujeres de todos los niveles socioeconómicos”.
Según la ONU, violencia es retener a la madre y a su recién nacido en los centros de salud porque no se pagaron los gastos de hospitalización; es someter a una mujer a un parto por cesárea sin su consentimiento; es hacer uso excesivo e innecesario de oxitocina sintética para inducir las contracciones; es provocar el alumbramiento mediante maniobras proscritas como la de Kristeller que consiste en presionar el útero, lo que puede dañar al bebé; es increparle a una adolescente que está dando a luz: “no lloraste así cuando lo hiciste, ahora afronta pues”.
El listado de los hechos de violencia obstétrica es largo, estos son solo algunos ejemplos. Para la abogada experta en violencia de género, Brenda Álvarez, este informe es importante porque “no existía consenso internacional sobre lo que era violencia obstétrica y esto, en parte, por las resistencias del gremio médico a reconocer que incurren en estas prácticas”. El Perú también participó en la elaboración del informe enviando, a través de oenegés, testimonios de mujeres que vivieron experiencias traumáticas.

El caso de K.L. es emblemático. Ella tenía 17 años y fue obligada a llevar un embarazo “incompatible con la vida”, es decir, el feto era anencefálico, su cerebro y cráneo estaban incompletos y a lo mucho viviría unas horas al nacer; los médicos rechazaron practicarle un aborto terapéutico (que en el país es legal desde 1924 y tiene un protocolo para aplicarlo), y la adolescente fue obligada a parir y amamantar a un niño que vivió cuatro horas.
La psicóloga Rosinna Guerrero, de Promsex, trabajó en una investigación sobre casos parecidos y encontró un patrón: “A todas las mujeres con este tipo de gestación las obligaron a escuchar los latidos fetales, y las que accedieron a una interrupción del embarazo fueron ubicadas en el mismo pabellón donde reposaban las mujeres con sus recién nacidos. Fue una tortura”.
“¿Por qué obligarlas a desarrollar un vínculo con el bebé en esa condición para luego vivir un duelo?”, se pregunta la antropóloga Angélica Motta, que ha acuñado una terminología para este tipo de violencia obstétrica, el ‘sadomaternismo’: “Se ve cómo se le impone la maternidad a las mujeres con sadismo, incluso en los casos extremos, donde la vida de ese feto no es viable, y fíjate que, finalmente, lo que está en juego no es la vida sino el control del cuerpo de las mujeres”.
No denuncian por miedo
B.F. (32) también vivió una situación de violencia obstétrica en un hospital público. Tuvo un embarazo ectópico (el embrión se implantó en la trompa de falopio) que puso en riesgo su vida y tuvieron que practicarle un aborto: “Al día siguiente de la intervención, una enfermera me trató muy mal porque no podía caminar bien: ‘apúrese señora, para abrir las piernas sí no te duele’, me dijo, y al rato el médico que me operó, no sé por qué, vino a mi cama a mostrarme un pomo con el feto”, narra.
“La violencia obstétrica se manifiesta como otra forma de disciplinamiento del patriarcado hacia la mujer”, agrega Motta, “con el maltrato, están diciendo ‘si no vas a cumplir tu rol maternal entonces, te castigo’ y, en este caso, te ‘muestro el feto’ para que no lo vuelvas a hacer, es una forma de ejercer poder”.
La Defensoría del Pueblo recibe con regularidad testimonios de mujeres que fueron víctimas de tratos abusivos al dar a luz. Pero no llaman a esta forma de maltrato contra la mujer “violencia obstétrica”, y esto porque nuestra sociedad aún no toma conciencia de la problemática.
“Si bien no existe una ley, en el Plan contra la Violencia de Género 2016-2021 se incluye a la violencia obstétrica como una forma de maltrato y discriminación pero de forma muy general. Es vital que se legisle al respecto”, dice la comisionada de la Adjuntía de la Mujer de la Defensoría, Valeria Cárdenas, quien asegura que no hay una estadística completa de los casos de violencia porque no todas las mujeres denuncian. “Sobre todo en las provincias más alejadas donde hay una sola posta médica de la que depende toda su familia”, agrega.
La decana del Colegio de Obstetras, Margarita Pérez, no justifica el maltrato, pero resalta que la precariedad de la infraestructura de los hospitales, el bajo sueldo del personal médico y la sobrecarga de trabajo son factores que propician situaciones descritas líneas arriba.
Corresponde al Estado, recomienda la ONU, garantizar recursos para cubrir las necesidades de una atención de salud digna para las mujeres. Para que tragedias como la de Eulogia no se repitan. Su caso trascendió la justicia local y se definirá en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Después de 16 años aún busca una reparación 

martes, 24 de septiembre de 2019

Estrategia Electoral

Iniciativas sobre violencia política de género
Garantizar que las mujeres puedan ejercer libre y plenamente sus derechos es esencial en una democracia, así la violencia política por motivos de género es una amenaza al libre ejercicio de los derechos políticos de la mitad de la población. Si bien esta forma de violencia se ha presentado prácticamente desde que las mujeres empezaron a buscar participar en la vida política de México a inicios del siglo XX, no fue sino hasta las elecciones intermedias de 2015 que este tipo de agresiones empezaron a atenderse en las instancias de procuración de justicia con perspectiva de derechos humanos y de género.
Los casos suscitados en elecciones pasadas han generado una amplia discusión para buscar caracterizar la violencia política de género, y así poder tipificarla como delito y en consecuencia poder adoptar medidas para su prevención y atención. En Strategia Electoral hicimos una compilación de las iniciativas que se han presentado al respecto de 2015 a la fecha, sumando 21 iniciativas que se detallan en este documento.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Salud




Experta recuerda que los cuidados "forman parte de la vida y, por tanto, se deben resolver colectiva mente


EUROPA PRESS

Inauguración de la VI Reunión Científica 'Derecho a exigir derechos' de la UR
Inauguración de la VI Reunión Científica 'Derecho a exigir derechos' de la UR EUROPA PRESS


La coordinadora de la Escuela de Economía Feminista de Euskal Herria de Mundubat Fundazioa, Josefina Roco Sanfilippo, ha abordado la problemática existente entre las trabajadoras de hogar y el sector en general aseverando que los cuidados "son parte de la vida" y, por tanto, "se tienen que resolver colectivamente". Se trata de un "reto social" que debe dar "muchos pasos" para que este trabajo que ha sido "invisibilizado y aislado" deje de serlo y mejorarlo desde la perspectiva de la normativa vigente. Un sector que sufre "la vulneración de sus derechos" y por el que la sociedad debe "reflexionar" para conocer "por qué sucede esta discriminación a nivel social, legal, político y cultural". Josefina Roco -doctora en Estudios Internacionales e Interculturales por la Universidad de Deusto- ha participado en la VI Reunión Científica 'Derecho a exigir derechos', organizada por el grupo 'Igualdad y Género' que se celebra este jueves y viernes en la Universidad de La Rioja. En concreto ha ofrecido la ponencia 'Sacar los cuidados de debajo de la alfombra. Aportes desde la economía feminista'. Para la experta, entre las principales reivindicaciones del sector se encuentran "la abolición del trabajo interno" porque "tal y como está" son "condiciones de 'neoexclavismo' en el siglo XXI". Son trabajadoras que ofrecen sus servicios "los siete días de la semana y las 24 horas del día trabajando, además, por debajo del salario mínimo interprofesional". A ello se suma la necesidad de "un reconocimiento al seguro de desempleo" y apostar porque tengan "acompañamiento físico, emocional y psicológico por cuidar a estas personas". También es necesario "que tengan el reconocimiento de todas las horas de cotización o la prestación por desempleo". Se trata de "un problema económico pero también laboral" y que se debe abordar "en su conjunto" porque, según Roco, "las mujeres han sostenido las vidas de las familias, de sus hijos... y, ahora mismo, se encuentran en un síntoma de la desigualdad social, política y económica en trabajos que, históricamente, han sido feminizados e infravalorados". "Un sector que, sobre todo, afecta a las trabajadoras pero también a toda la sociedad porque muchas personas evaden sus responsabilidades de cuidados que deberían ser repartidas de otra manera". Aún así, ha explicado, "se va avanzando pero todavía hay que trabajar mucho más. Que hoy se traiga aquí, a una universidad pública en Logroño y se hable de esto es un paso porque es un tema fundamental y hay una responsabilidad política muy importante que no se debe quedar solo en promesas". Ante ello, ha finalizado, "nosotras trabajaremos para que este sector sea reconocido y visibilizado no solo económicamente sino por la labor tan importante que realizan".


IGUALDAD Y PROTECCIÓN 

Por su parte, la organizadora del encuentro, María José Clavo Sebastián, ha explicado que "todos los ciudadanos de un estado democrático tienen derecho a que el Estado garantice su igualdad legal y les proteja". Por tanto, y dentro de este marco, el fin de estas jornadas es "abordar los problemas económicos y legales que tienen las personas que se dedican a trabajar en el hogar y de cuidados". Una situación que "se tiene que poner encima de la mesa y pensar sobre ello". También ha asistido a la inauguración de este VI Encuentro, la consejera de Servicios Sociales y a la Ciudadanía, Ana Santos, quien cree "en una sociedad más justa, más igualitaria y más libre". Por tanto, este encuentro "como mujer comprometida en la defensa de los derechos es fundamental para hablar de cuidados, de derechos y de discriminación". Además, ha explicado, "desde el Gobierno de La Rioja queremos dar un impulso a la transformación social por una sociedad en la que haya más igualdad y, para ello, crearemos una dirección general de Igualdad en Gobernanza para que este asunto tenga un protagonismo que lleve las políticas de igualdad de forma trasversal a todas las consejerías y también a la sociedad". "Las mujeres no hemos nacido para cuidar pero se nos ha asignado este papel y debemos enfocarlo desde otra mirada porque el cuidado es necesario para la vida pero por parte de todos", ha reflexionado. 'DERECHO A EXIGIR DERECHOS' El concepto encerrado en la expresión 'El derecho a tener derechos', acuñado por Arendt en su obra 'Orígenes del totalitarismo', es entendido por esta autora "como el derecho de las personas a no ser expulsadas de una sociedad que se mueve en el seno de un marco legal que ampara a la ciudadanía, ya que el derecho se enraíza en la dignidad humana. Sin embargo, aun perteneciendo a un estado de estas características, "muchos colectivos continúan soportando diferentes modos de dominación y opresión que deberían estar excluidos de los discursos y las normas, y recogidos en una legislación que garantizara el ejercicio de los mismos derechos para todas las personas". Por tanto, la cuestión "ya no es tener derecho a tener derechos sino que, siendo ciudadanos/as de un estado democrático, poder exigir que se ejerzan sus funciones más elementales: garantizar para todas las personas el ejercicio de los mismos derechos y proteger contra la discriminación legal".


sábado, 21 de septiembre de 2019

Cuerpos, Opinión

Lo que he aprendido de las feministas sobre el amor


Gracias al feminismo, Coral Herrera ha desmontado el mito del amor romántico y ha aprendido, entre otras muchas cosas que nos cuenta en este artículo, a amar su cuerpo y a construir nuevas formas de relacionarse.


 


El feminismo me ha ayudado mucho a pensar en el amor y a fabricar las herramientas que necesito para llevar la teoría a la práctica. Gracias al feminismo, mi relación con el amor y las relaciones de pareja y con la gente a la que quiero son mejores: en la medida en que me voy trabajando los patriarcados que me habitan, aprendo a ser mejor persona, a gestionar mejor mis emociones, a cuidarme más a mí misma, y a querer mejor a los demás.
Leyendo a pensadoras feministas he aprendido que el amor romántico es una construcción social y cultural, un espejismo colectivo, un mito como la Navidad o la Semana Santa. Es un instrumento de control sobre las mujeres, un dispositivo que nos tiene muy entretenidas y ocupadas a todas.
«El amor romántico es un instrumento de control sobre las mujeres, un dispositivo que nos tiene muy entretenidas y ocupadas», @coralherreragomCLIC PARA TUITEAR
Con mis gafas violetas, lo que veo ahora es que el amor es una droga que nos tiene atontadas, ansiosas, eufóricas, tristes, de subidón o de bajón. A veces nos pegamos fiestas muy guapas, a veces nos pegamos muy malos viajes y lo pasamos fatal. Es una droga muy potente que generamos nosotras mismas: es gratis, es legal, y nos creemos que podemos tomar toda la que queramos. Y sin embargo, nos deteriora la salud mental, emocional y física como el resto de las drogas, y puede resultar mortal para nosotras, porque puede atarnos a relaciones de dominación y sumisión, y nos puede hacer presas en las cárceles del abuso y los malos tratos.
Del feminismo he aprendido que el amor romántico es como una religión que tiene a millones de mujeres arrodilladas frente al Señor. Es como una religión, con su paraíso y sus infiernos, con sus mártires y sacrificios, con sus mitos y sus mandamientos. Nos pide que seamos fieles y leales, y que adoptemos la misma sumisión que le exigen a las personas creyentes cuando hablan con su Dios o sus dioses. Así es como nos tienen rezando para que llegue el Príncipe Azul, soñando con encontrar a la media naranja, sufriendo mientras atravesamos el Valle de Lágrimas, con instantes de gloria en los que podemos tocar el cielo con nuestras manos.
Con las mujeres feministas he aprendido que hay otras formas de vivir la religión y la espiritualidad, que hay otras formas de relacionarse con las diosas y los dioses, y que en el amor no hay que idolatrar a nadie porque de lo que se trata es de vivir la comunión y querernos como compañeros y compañeras.
Con las mujeres feministas he aprendido que aunque los duelos sean terribles, una sobrevive a una ruptura, y que a veces las rupturas son auténticas liberaciones, que unas puertas se cierran y otras se abren, y que a veces de verdad se está mucho mejor sin pareja que mal acompañada.
A veces las rupturas son auténticas liberaciones, nos cuenta @coralherreragomCLIC PARA TUITEAR
Gracias al feminismo hoy sé que no nací para sufrir, que tengo el mismo derecho que los hombres al placer, que soy libre para tener las relaciones sexuales y sentimentales que quiera, que tengo derecho a gozar y disfrutar del amor y de la vida.
El feminismo me ha enseñado que mi cuerpo es sagrado, que mi cuerpo es lindo en todas sus etapas, que todo el mundo tiene que respetarlo, que nadie puede tocarlo ni usarlo, y que puedo expresar mi deseo y vivir mi sexualidad con libertad, sin miedos ni culpas.
Gracias al feminismo he aprendido a quererme y a cuidarme, a ponerle conciencia a mi salud emocional, a elegir bien quienes son mis compañeros y compañeras de vida, a acabar las relaciones en las que no me quieren bien o no me saben cuidar. Me ha enseñado la importancia de valorarme, trabajar mi autoestima, quererme bien a mí misma, tratarme bien y, gracias a este trabajo, hoy lucho por mi bienestar y mi felicidad.
El feminismo me ha enseñado lo importantes que son mis derechos sexuales y reproductivos: derecho a recibir educación sexual y emocional, derecho a tener acceso a los anticonceptivos, derecho a decidir la maternidad, derecho al aborto, derecho a tener salud sexual y a recibir un buen trato del personal sanitario, derecho a embarazarme cuando quiera, a tener un parto libre de violencia, a elegir a mis parejas con libertad.
También he aprendido del feminismo que no tengo por qué estar siempre disponible para los hombres, que puedo vestirme como quiera, que puedo depilarme o no, que puedo maquillarme o no, que no tengo que arreglarme para tener la atención de los hombres porque no la necesito todo el tiempo. Lo de mostrarme sexy o no es mi elección: yo elijo cuando y con quien inicio un cortejo, no tengo que vivir en función del deseo masculino, no necesito su mirada ni su aprobación para vivir una vida plena que me haga feliz.
Con las mujeres feministas he aprendido que tengo derecho a una vida libre de violencia y opresión, y que hay que trabajar mucho para que todas podamos tener los mismos derechos en todos los rincones del planeta.
Gracias a ellas he aprendido a expresar lo que quiero, lo que necesito, lo que deseo, sin miedo. Sin miedo a que me dejen de querer o me abandonen, sin miedo al conflicto: ahora puedo hablar de cómo me siento, protestar cuando no estoy de acuerdo, y evitar estar cediendo todo el tiempo. Ahora intento relacionarme solo con los hombres que me ven como compañera, no como un trofeo de caza, un botín de guerra, un objeto, una cosa, una propiedad, o un ser inferior a ellos. He aprendido a decir que no y a poner límites a los demás, he aprendido a defenderme cuando quieren abusar de mí, he aprendido a desobedecer cuando me han querido controlar o dominar.
Con mis compañeras del Laboratorio del Amor he aprendido que las mujeres no tenemos por qué sacrificarnos por amor, ni renunciar por amor, ni perder nuestra libertad por amor, ni aguantar por amor. He aprendido que para poder compartir un trocito de vida con alguien tiene que ser en condiciones de libertad, igualdad, y cuidados mutuos.
Con ellas he aprendido que si no hay correspondencia, el amor duele y no merece la pena. Si no me siento cuidada, si no me divierto, si no estoy disfrutando, entonces no es mi fiesta del amor. Si el amor duele, si paso malos ratos, si no puedo ser yo misma, entonces es mejor dejarlo, y seguir mi camino.
Gracias a mis compañeras feministas, he podido conectar con mi potencia y mi poder. Y por eso ahora no permito que nadie se porte mal conmigo. Si me hacen daño, si tratan de controlarme, si me ponen muros, si no hay condiciones para el amor, entonces hay que dejarlo, sin miedo. Sin miedo a quedarte sola, sin miedo a que nadie te quiera. Sin miedo a no volver a enamorarte nunca más.
El feminismo me ha hecho ver lo importante que es mi felicidad, y me ha permitido analizar el placer del sufrimiento desde una perspectiva política: ahora sé por qué no sirve para nada sufrir, por qué perdemos tanta energía en sufrir, por qué creemos que estamos condenadas. Es el patriarcado, que nos quiere deprimidas, amargadas, frustradas, tristes, ansiosas, llenas de complejos e inseguridades, comidas por el miedo, compitiendo entre nosotras. Nos quiere solas y aisladas, soñando con la media naranja que nos salve de nosotras mismas y de nuestros infiernos.
«El patriarcado nos necesita divididas, enfrentadas, rivalizando»CLIC PARA TUITEAR
Con mis compañeras feministas he aprendido que al patriarcado le viene muy bien que las mujeres suframos por amor y soñemos con nuestro propio paraíso romántico. Así estamos cada una en lo nuestro: cuando nos juntamos para conseguir algo somos imparables. Por eso el patriarcado nos necesita divididas, enfrentadas, rivalizando, y creyendo que las mujeres somos lo peor. Por eso ahora, gracias al feminismo, puedo combatir la misoginia que hay dentro de mí, y así puedo por fin quererme más a mí misma y a mis compañeras, y luchar para que todas tengamos el derecho a estar bien y a ser felices.
Tomar conciencia de la dimensión política del amor me ha ayudado a entender que si yo me libero, nos liberamos todas, que el trabajo es a la vez personal y colectivo, y que hay que desmontar todo el mito romántico para poder vivir el amor sin machismo, sin violencia, sin sufrimiento, desde la libertad y no desde la necesidad.
Los estudios feministas y los hombres que se están trabajando los patriarcados me han mostrado la fragilidad de la masculinidad patriarcal, me han ayudado a entender lo que les pasa a los hombres, me han ayudado a relacionarme con ellos desde una posición de igualdad. Gracias al feminismo soy más asertiva, menos sumisa, y me cuido más: sé lo que no quiero en una relación, sé cuáles son mis líneas rojas, sé cómo funciona el autoengaño y cómo evitarlo.
Gracias a las pensadoras y activistas feministas, me siento libre para tener relaciones sexuales y sentimentales con mujeres, y he expandido mi concepto de amor más allá de la pareja heterosexual: ahora veo el amor como una energía con la que me relaciono con todo el mundo, una energía que nos conecta y nos ayuda a ser mejores personas, una energía común que no puede comprarse, que no tiene precio, que no puede forzarse ni vivirse bajo coacción.
Gracias a todo el trabajo que hago con mis compañeras feministas, y a todo el trabajo que he venido haciendo a solas y en compañía de grandes mujeres, sé que vivir en pareja puede ser una experiencia hermosa si se ama en condiciones de igualdad y de cuidados mutuos. Ahora sé que el amor no es para sufrir, sino para gozar, y sé regular las dosis que me tomo, y he aprendido a gestionar mis emociones para que no me arrasen como un tsunami. Ahora sé que me puedo desenamorar de cualquier persona, que es duro pero se puede, que el tiempo ayuda mucho, y que quererse bien y tener una red extensa de afectos ayuda mucho más.
Gracias al feminismo sé que puedo separarme estando enamorada, que puedo tomar decisiones aún estando borracha de amor, que puedo ser sensata y utilizar el sentido común, y que me viene muy bien hacerlo para no meterme en relaciones que no me hacen feliz o que no van a ninguna parte.
Gracias a mis compañeras feministas sé que separarse no es un fracaso, sé disfrutar de la soledad, sé lo importante que es cuidar a mi gente, tenga o no pareja. Gracias al feminismo he tejido alianzas maravillosas con otras mujeres que me hacen la vida más bonita, he dejado de poner el amor de pareja en el centro de mi vida, y he podido ver el amor romántico como uno más en la red de afectos a la que pertenezco.
Gracias a las mujeres que luchan por nuestros derechos, he aprendido a parar cuando no me siento a gusto, he aprendido a decir lo que quiero y lo que no, he aprendido que soy libre para irme o quedarme en todo momento. Me ha servido para atreverme a iniciar el cortejo, para gozar en la cama, para elegir a mis compañeros de cama, para salir de ella cuando me apetezca.
Gracias a ellas sé que hay muchas formas de quererse y de amarse, muchos modelos de relación, y que yo construyo con mi pareja el modelo que a mí me apetece, sin tener que seguir patrones ni mandamientos, hablando y pactando con mi pareja, activando la imaginación para reinventar juntos el amor, y sabiendo que ambos somos libres para estar o para irnos.
Hoy sé, gracias al feminismo, que no necesito una pareja para estar bien, que lo que necesito de verdad es una red de afectos con gente linda. He aprendido tanto trabajando el amor romántico con las mujeres feministas… por ejemplo, a leer las señales que me dicen si una relación me compensa o no, si la otra persona es capaz de disfrutar del amor, si sabe manejar sus emociones, si es buena persona o no, si se dan las condiciones para vivir un romance brutal. Y si se dan, me lanzo a disfrutarlo el tiempo que dure, pero siempre sin dejar de cuidarme a mí misma.
Todo esto me ha enseñado el feminismo con respecto al amor, todo esto estoy aprendiendo con mis compañeras feministas: que se puede amar desde la libertad, que el amor no tiene por qué ser un espacio de opresión, que el amor tiene que ser una experiencia gozosa, que no estamos condenadas a sufrir, que todas las relaciones se construyen haciendo pactos, que hay que disfrutarlas mientras duren, y que siempre se está mejor sin pareja que mal acompañada.
¿Y a vosotras, cómo os ayuda el feminismo para trabajaros el tema del amor?

Leer más:

viernes, 20 de septiembre de 2019

Deporte

Mujer deporte y libros en la Rodada Literaria


Descripción del evento

Resumen del evento: 
Este domingo 22 de septiembre se llevará a cabo la Primera Rodada Literaria, que tendrá como temática “La mujer, el deporte y los libros”. Producto de una alianza entre la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá (BibloRed) y el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) se realizará el primer ciclopaseo literario, que incluirá promoción de lectura en la Ciclovía y eventos especiales en los espacios de la red.
Entre las actividades que se adelantará durante la jornada se encuentra “Libros a la calle”, que incluirá actividades lúdicas y de promoción de lectura frente al parque Renacimiento, frente al parque Nacional y en la calle 26 con carrera 68.
También se realizarán una serie de ciclopaseos “Libros sobre ruedas”, a partir de las 10:00 de la mañana; puntos de préstamos de bicis, en el punto de lectura del parque Renacimiento y recorridos en cicla, uno hasta la Biblioteca Pública del Deporte y la Actividad Física y otro, acompañado por el colectivo Curvas en bici, desde el punto de lectura de la calle 26 hasta la unida deportiva el salitre. Todos estos recorridos son gratuitos, pero requieren inscripción previa debido a que los cupos son limitados.
Como parte de la jornada “Mujer, deporte y libros” se realizarán charlas sobre Kickboxing y literatura, a las 11:00 de la mañana, en la biblioteca pública El Parque; fútbol,, en la biblioteca del Deporte, a las 11:00 de la mañana, y sobre la bici, en el PPP de la unidad deportiva El Salitre.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Filosofía de Simone de Beauvoir.


Simone de Beauvoir


En este vídeo vemos brevemente algunos puntos de la filosofía de Simone de Beauvoir.

En el feminismo existencialista de Simone de Beauvoir, el ser humano no es una esencia fija, sino "existencia", es decir "proyecto", "trascendencia", "autonomía", "libertad". Nerea Blanco, CEO de filosofers, ha colaborado en la revisión y locución. La ilustración de Beauvoir ha sido hecha por Fernando Marañón.


miércoles, 18 de septiembre de 2019

Marcela Lagarde, antropóloga y feminista mexicana

“Si las mujeres vivimos con autonomía no pueden controlarnos; esa es la bronca”

La mexicana Marcela Lagarde acuñó el término feminicidio para explicar los asesinatos cometidos por hombres contra mujeres. UNIVERSIDAD conversó con ella sobre la violencia contra las mujeres, el aborto, el amor romántico y el incesto, entre otros temas.

#Concepto

  ¿"Las mujeres provocan los problemas"? ¿"Ella se lo buscó por cómo vestía"? Detrás de este tipo de frases hay un denom...