viernes, 6 de agosto de 2021

Mujeres de Ciencia

¿Quién es Sarah Gilbert, cocreadora de la vacuna AstraZeneca y homenajeada con una muñeca Barbie?

La científica ha luchado por erradicar otras epidemias como la de la malaria y la influenza


Una de las investigadoras responsables en la creación y fabricación de la vacuna antiCovid de AstraZeneca, Sarah Gilbert, ha sido reconocida por la empresa Mattel, quién lanzó una muñeca Barbie en honor a la científica, que lleva más de 10 años dedicándose a la creación de tratamientos que induzcan la respuesta de las células T.

sarah_gilbert_vacuna_astrazeneca_barbie_cientifica.jpg
Foto: AP

Pese a que el reconocimiento de Gilbert cobra importancia ante la lucha contra el Covid-19. La investigadora se ha dedicado a la búsqueda de erradicar otras epidemias, a través de la vacunación, como es el caso de la malaria, el ébola, y la influenza. 

La aportación de catedrática de la Universidad de Oxford ha sido tal que varias de las vacunas desarrolladas en su laboratorio, se han convertido en ensayos clínicos y, posteriormente, en algunos de los preparados más efectivos para inocular a la población, como es el caso de ChAdOx1-S. 

Lee también: La segunda dosis de AstraZeneca no aumenta el riesgo de trombos raros

Además de llevar a cabo la cátedra de vacunación en el Instituto Jenner de Oxford, Gilbert colabora en el Departamento de Medicina Clínica de Nuffield.

Sus colaboraciones en el ámbito científico ha sido acreedora del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2021, gracias a la obtención de estrategias que tiene en común en blanco de la proteína Spike (S) del coronavirus. 

La vacuna de AstraZeneca está basada en la metodología del vector viral o adenovirus, que utiliza fragmentos del virus de la gripe común, que estimula la respuesta inmune de las células humanas. 

Este inoculo fue concebido desde inicios de la pandemia, a finales de diciembre de 2019, cuando se detectaron los primeros casos de Covid-19. Pero fue hasta marzo del 2020, cuando los investigadores comenzaron con pruebas en animales. 

A finales de este mismo mes, Oxford y AstraZeneca iniciaron el reclutamiento de 510 participantes para probar el biológico en humanos, como parte de la fase II del ensayo clínico. Sin embargo, el siguiente paso parecía incierto, pues se requerían más de 100 millones de libras esterlinas para su producción. 

Lee también: Variantes del Covid-19: ¿Cuál es la efectividad actual de las vacunas?

El financiamiento contó con el apoyo de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias que otorgó más de 500 mil libras.

A inicios del 2021, las distintas agencias de medicamentos alrededor del mundo comenzaron a aprobar su uso de emergencia. En la actualidad, es una de las vacunas de mayor demanda y que ha llegado a la mayoría de las regiones. 

La voz de Gilbert ha sido clave en la confrontación pandémica, ya que se ha pronunciado frente al surgimiento de variantes del SAR-CoV-2, como ocurre con Delta, la mutación más transmisible y que, actualmente, es la responsable de la mayoría de nuevos casos de la enfermedad. 

De acuerdo con Gilbert, la población no debe temer a la aparición de nuevas variantes, pues su surgimiento forma parte de la evolución natural de los patógenos. Además señaló que si bien Delta es más transmisible, no hay pruebas que demuestren que produce una infección más grave en quien la contrae. 

En cambio, la científica consideró que las alarmas deben enfocarse en las hospitalizaciones que van en aumento y abordar los sistemas de salud de manera apropiada. 

Por todo esto, Sarah Gilbert será homenajeada con una muñeca. Para la profesora de vacunología este reconocimiento, en principio, le pareció “muy extraño” pero espera que "inspire a una próxima generación de jóvenes a trabajar en el campo de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas". 

Lee también: Covid-19: creadora de la vacuna de AstraZeneca aseguró que no hay que temerle a la variante Delta

"Espero que los niños que vean mi Barbie se den cuenta de lo vitales que son las carreras científicas para ayudar al mundo que nos rodea", declaró la investigadora, que también fue distinguida por la reina Isabel, por su servicio a la salud pública y aportación a la investigación médica.

jueves, 5 de agosto de 2021

Autoras

 

Feminismo: el legado de las librepensadoras. Descubriendo a Dolores Zea

miércoles, 4 de agosto de 2021

Cátedra de Cultura Científica

¿Padece la humanidad síndrome de Diógenes?

 

María Gema Parra Anguita, Universidad de Jaén y Laura Parra Anguita, Universidad de Jaén

Shutterstock / studiovin.

La palabra ecología etimológicamente significa el estudio de la casa (oikos, en griego). Ökologie fue el término en alemán acuñado por Haeckel en 1866 para esta ciencia que estudia las relaciones entre los organismos y su ambiente. ¿En que estado está ahora nuestra casa, la Tierra? Vamos a ver si nuestro hogar global se ve afectado por el comportamiento de uno de sus habitantes.

Diagnóstico: trastorno por acumulación

El síndrome de Diógenes o trastorno por acumulación es una alteración del comportamiento que padecen algunas personas. Algunos de los síntomas más frecuentes son:

  • El abandono de la higiene personal, la alimentación y la salud.
  • Actitudes obsesivas como el amontonamiento de basura y objetos inútiles.
  • Negligencia con la propia salud, comportamiento antisocial.
  • Falta de conciencia respecto al problema, es decir, no son capaces de entender que su estilo de vida es perjudicial para su salud.

¿Es el síndrome de Diógenes, catalogado como un trastorno obsesivo, lo que nos mueve como sociedad?

Si atendemos al estado ambiental de la propia Tierra, ya sabemos que hemos rebasado algunos de los llamados límites planetarios.

Hemos alterado los ciclos del carbono (emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero), los ciclos de fósforo y nitrógeno (debido a su uso excesivo como fertilizantes), hemos contaminado los sistemas terrestres, acuáticos y la atmósfera, entre otros efectos perjudiciales de nuestra actividad.

Todos los impactos mencionados están asociados a la generación de residuos (basura) y al abuso de los recursos en los sistemas productivos, principalmente en los países denominados desarrollados o ricos, y que afectan a nuestra salud y esperanza de vida.

Hemos ocupado (alterado) el 55 % de los ecosistemas terrestres, pero además hemos llenado de basura la superficie de parte de los ecosistemas oceánicos. Se estima que la gran isla de plástico flotante del Pacífico Norte tiene una extensión de 1,6 millones de kilómetros cuadrados, un área dos veces más grande que Texas o más de tres veces la superficie de España, y sigue creciendo.

Además, la avidez por acaparar espacios y ocuparlos –de la misma manera que llenas una casa de objetos y basura– hace que se reduzcan los hábitats disponibles para otros organismos, lo que está acarreando también una pérdida de biodiversidad evaluada recientemente a nivel mundial por el IPBES.

Están desapareciendo especies, estamos más solos. Hablaríamos entonces del aislamiento de la especie humana y de falta de conexión con el resto de organismos. Esto último nos recuerda la pérdida de contacto con otras personas (aislamiento social) que manifiestan las personas con síndrome de Diógenes.

¿Qué tratamiento seguimos?

En las fases iniciales del trastorno por acumulación se indica que la terapia cognitivo-conductual permite reducir los primeros indicios y contribuye a prevenir la desconexión con la realidad. Ayuda a cambiar la forma de pensar (cognitivo) y la forma de actuar (conductual).

En el tratamiento del síndrome de Diógenes se recomienda fomentar hábitos de autocuidado y disminuir la agresividad o la conducta antisocial del individuo. En el ámbito del deterioro ambiental debemos entender estas pautas como un cuidado del entorno que va más allá de la salud de los ciudadanos, adoptando una conducta más global, que nos abra y conecte con otros componentes del ecosistema.

La conciencia de comunidad planetaria, de la que ya se hablaba en la Carta de la Tierra hace 20 años, es la clave para no dar la espalda a la naturaleza.

Fue precisamente Diógenes quién se proclamó “ciudadano del mundo”. Surgió así el término cosmopolita, que pretende derribar fronteras entre humanos defendiendo una única naturaleza común a todos ellos. Es lo que busca la conciencia de comunidad planetaria (Earth community): mostrar esa interconexión, para respetarla, y ahondar en la responsabilidad, para cuidarla.

La terapia social también se utiliza para que el individuo pueda reconducir su comportamiento hacia una forma saludable de interacción y bienestar. En el ámbito que nos ocupa, de protección del ecosistema global, estaríamos hablando de apostar por una participación ciudadana efectiva. Es necesario un proceso educativo que permita el empoderamiento de la denominada ciudadanía ambiental.

Los expertos en síndrome de Diógenes recomiendan tratar esta dolencia mediante un trabajo interdisciplinar. La misma estrategia que recomiendan los expertos de distintas disciplinas científicas para reducir el grado de alteración de nuestros ecosistemas. Solo podremos enfrentarlo con una visión global del problema y con intervención desde todas las esferas y ámbitos; social, económico, político, tecnológico, educativo, de salud y, por supuesto, ambiental.

En este ámbito se enmarca el concepto de una sola salud que la OMS está defendiendo desde hace algunos años, y del que se ha investigado y escrito bastante en el último año, precisamente por la pandemia de la COVID-19.

La economía no ayuda, ¿o sí?

Los economistas fijaron el PIB como la primera medida del progreso económico. Sin embargo, el concepto asociado de crecimiento continuo es imposible en un mundo finito y es necesario un cambio hacia el nuevo pensamiento de prosperidad en equilibro.

Kate Raworth ha propuesto un nombre sugestivo para la nueva economía: economía del dónut. Este nuevo sistema económico propone un estilo de vida digno, justo y sostenible, respetando los límites planetarios y los de bienestar humano. Si no nos excedemos en el uso de los recursos, no sobrepasaremos los límites físicos que nuestro propio planeta nos impone. Pero tampoco podemos quedarnos cortos, puesto que no se cubrirían las necesidades de la humanidad. Entre un extremo y otro está el dónut.

Según Raworth, la economía clásica y su desconexión de la relevancia y la realidad la frustraba, y decidió proponer estrategias para una economía del siglo XXI. De nuevo, la desconexión es un concepto clave, responsable de los efectos e impactos negativos. Raworth apuesta por un sistema que reconozca la empatía, la cooperación y la ayuda mutua como características inherentes de la humanidad. Habrá que esperar para ver cómo le va a Amsterdam con este nuevo sistema.

El individualismo de la sociedad actual es quizás la venda que no permite ver el problema. La solución pasa justamente, al igual que se recomienda con el síndrome de Diógenes, por mejorar la empatía respecto a las demás personas y el entorno.

En vez de pensar en dominar la naturaleza, necesitamos asumir lo profundamente dependientes que somos de ella. Está claro que nuestro bienestar y salud dependen del estado en el que se encuentre nuestra casa. Sin embargo, en contra tenemos la visión cortoplacista de la sociedad actual.

Desprestigio de lo frugal

Paradójicamente, denominar al síndrome con el nombre del filósofo ha hecho un flaco favor a la esencia que este defendía. El estilo de vida respaldado originalmente por Diógenes consistía en abandonar todo lujo para vivir conforme a la naturaleza.

Desde muchos ámbitos de la sociedad se ha pretendido la ridiculización y estigmatización de la vida frugal, cuando precisamente la solución a muchos de los problemas ambientales actuales pasa por ser frugales en nuestro estilo de vida, para que este pueda ser sostenible en el tiempo.

Quizás algunas de las estrategias multidisciplinares que se utilizan en el trastorno compulsivo de acumulación puedan ser útiles para mitigar los efectos que nuestro comportamiento tiene en la salud individual y del planeta.

Una sociedad que entienda y sea consciente de los límites del ecosistema global reducirá su nivel de consumo de recursos y de acumulación de residuos.

Sin embargo, se trata de un asunto complejo y, por tanto, no cabe pensar que solo la adquisición de conocimiento y concienciación individual solucionará el problema. La intervención debe venir desde todos los componentes del sistema (social, político, económico, académico,…), apelando a la responsabilidad social, el cumplimiento y mejora de la legislación y de las normativas y el desarrollo de estrategias de mitigación de los impactos ya ocasionados.The Conversation

Sobre las autoras

María Gema Parra Anguita, Investigadora en el Departamento de Biología Animal, Biología Vegetal y Ecología, Universidad de Jaén y Laura Parra Anguita, Profesora Docente Investigadora en el Departamento de Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

 

martes, 3 de agosto de 2021

Semana mundial de la lactancia materna

 

SOBRE LA CAMPAÑA

 

Este año, para la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2021, la Alianza Mundial para la Acción sobre Lactancia Materna (WABA, por su sigla en inglés) ha seleccionado el tema: "Proteger la lactancia materna: una responsabilidad compartida". El tema está alineado con el área temática 2 de la campaña de la Semana Mundial de la Lactancia Materna-Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, que destaca los vínculos entre la lactancia materna y la supervivencia, la salud y el bienestar de las mujeres, los niños y las naciones.

 

WABA afirma que los objetivos de este año son:

  • Informar a las personas sobre la importancia de proteger la lactancia materna.
  • Anclar el apoyo a la lactancia materna como una responsabilidad vital de salud pública.
  • Interactuar con individuos y organizaciones para un mayor impacto.
  • Impulsar la acción en la protección de la lactancia materna para mejorar la salud pública.

 

El embarazo y la lactancia son un momento especialmente vulnerable para las mujeres trabajadoras y sus familias. Las mujeres embarazadas y lactantes requieren protección especial para prevenir daños a su salud o a la de sus bebés, y necesitan tiempo suficiente para dar a luz, recuperarse y amamantar a sus hijos. Al mismo tiempo, también necesitan protección para garantizar que sus puestos de trabajo no se ven amenazados por el embarazo o la licencia de maternidad.  

 

La protección de la maternidad es clave para permitir la lactancia materna y empoderar a los padres para una implementación exitosa de las prácticas recomendadas de lactancia materna. La OPS/OMS recomienda que los países implementen y apliquen el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna a todos los niveles. Es vital garantizar que las madres lactantes no sean blanco de la industria, el marketing o los profesionales de la salud pública que quieren poner en peligro su lactancia materna mediante la promoción de la alimentación con fórmula. 


 

 

 

LACTANCIA MATERNA DURANTE LA PANDEMIA DE COVID-19

 

La OPS/OMS sigue recomendando que se cumplan las pautas estándar de alimentación infantil durante la pandemia de COVID-19. Las pautas estándar de alimentación infantil son:

  • Inicio de la lactancia materna dentro de una hora después del nacimiento,
  • Lactancia materna exclusiva hasta que los bebés tienen seis meses de edad, y
  • continuación de la lactancia materna junto con alimentos complementarios nutricionalmente adecuados y seguros, hasta los dos años de edad o más allá.

Los beneficios de la lactancia materna y la crianza de la interacción madre-bebé para prevenir la infección y promover la salud y el desarrollo son especialmente importantes cuando los servicios de salud y otros servicios comunitarios se ven interrumpidos o limitados.

Se debe apoyar a las madres y los bebés para que permanezcan juntos y practiquen el contacto piel con piel y/o el cuidado de canguro, independientemente de que ellos o sus bebés tengan o no una infección por el virus COVID-19 sospechosa, probable o confirmada. Se debe proporcionar asesoramiento sobre lactancia materna, apoyo psicosocial básico y apoyo práctico de alimentación a todas las mujeres embarazadas y madres con bebés y niños pequeños.


lunes, 2 de agosto de 2021

Mujeres admirables

 

ATLETISMO

Tokyo 2020: Venezolana Rojas gana el oro con récord mundial en el triple salto

La hazaña de la suramericana dejó atrás un récord vigente por casi 26 años

TOKIO.- La venezolana Yulimar Rojas, doble campeona mundial de triple salto, conquistó en Tokyo 2020 su primer oro olímpico con un nuevo récord del mundo, 15.67 metros en su último intento, y la española Ana Peleteiro, ganó el bronce después de batir dos veces su récord de España.

El registro de Yulimar Rojas mejora en 17 centímetros la plusmarca mundial establecida por la ucraniana Inessa Kravets el 10 de agosto de 1995 en los Mundiales de Gotemburgo (Suecia).

La portuguesa Patricia Mamona, con 15,01 en su cuarto salto, se alzó con la presea de plata, y Peleteiro, compañera de entrenamientos de Rojas bajo la dirección del cubano Iván Pedroso, quebró su récord nacional primero con 14.77 en el segundo turno y luego con 14.87 en el quinto, se fue con el bronce.

La venezolana impuso récord del mundo y se dijo feliz por la experiencia de subir al podio en Tokyo 2020.

Única atleta del mundo que había superado los 15 metros en el último ciclo olímpico (y además 17 veces antes de hoy, incluidas sus seis competiciones de este año), Yulimar Rojas había prometido "un gran espectáculo" en la final, pese a que no había público para disfrutar del show.

domingo, 1 de agosto de 2021

Política

 

La política queer como vaciamiento del feminismo

El sujeto político de las luchas feministas somos las mujeres y ser mujer es una condición objetiva, que difiere de otros tipos de opresiones y subordinaciones. El peso de la reproducción humana, la feminización de la pobreza, las mutilaciones genitales, los casamientos infantiles, las violaciones, los femicidios, son problemas de mujeres. Cosas que otras “identidades” no vivirán nunca, desde las más graves hasta las, aparentemente, más sencillas, como el costo que implica el cuidado y la higiene durante la menstruación (que para las mujeres más pobres es prohibitivo además de dolorosamente invalidante).

Algo que parece una nimiedad, porque esa es la perspectiva patriarcal que se nos ha impuesto (que hay que callarlo, que hay que esconderlo, que esas “cosas sucias” no nos pasan porque a ellos no les pasan, y ellos nos quieren así, como si no nos pasaran), le sucede a la mitad de la humanidad durante al menos tres días de cada mes de su vida. Esos datos objetivos, que no pueden someterse a opinión ni “autopercepción”, hacen que la mitad de la humanidad tenga esa configuración, más agravada o más llevadera según la pertenencia de clase y la sociedad de la que estemos hablando. Sin embargo, fundamentándose en la teoría queer (Butler, Preciado y otras), el sexo ha pasado a ser performativo y no tiene ningún fundamento biológico ni social. Entonces, el feminismo se empieza a vaciar de sujeto político. Si ser mujer es una performance, entonces cualquiera puede ser mujer, lo que es lo mismo que decir que la mujer no existe.

El biologi(cis)mo como obstáculo epistemológico

Otro latiguillo puramente retórico, porque no se sostiene con nada, es la acusación de “biologi(cis)tas” a gente que, simplemente, afirma lo que la realidad muestra, la ciencia prueba y la historia confirma, a saber, que la mujer tiene características biológicas distintivas objetivas (hecho no sujeto a “opinión” ni “autopercepción”). Y que sobre esas características se han montado hechos sociales como el patriarcado y el género.

hay otras formas de concebir lo trans, bastante más amables para con las mujeres que este exclusivismo sustitucionista

No se trata simplemente de negar la realidad y querer tapar el sol con las manos para satisfacer una política trans (de las tantas que existen), a saber, aquella que construye su “identidad” expropiando a las mujeres de su realidad (todas sabemos que hay otras formas de concebir lo trans, bastante más amables para con las mujeres que este exclusivismo sustitucionista). Una realidad que ha sido y es la base de la política feminista (¿sobre qué base se asienta, si no, la lucha por el derecho al aborto, por ejemplo?). Eliminar esta base es lo mismo que eliminar el sustento mismo de toda política en defensa de nuestros intereses. Los embarazos adolescentes y los no deseados, la violencia obstétrica, el cáncer y los accidentes vasculares que producen los anti-conceptivos, etc., etc., es algo que nadie nacido del sexo masculino puede experimentar. Sin embargo, estos hechos, cuya base es biológica, están en el corazón de nuestros intereses. Tenemos intereses diferentes y prioridades diferentes, por más que haya un enemigo común (aunque solo parcialmente). Negar esto es oscurantista y reaccionario.

Veamos. El biologismo es la teoría filosófica por la cual todo comportamiento humano está determinado por la biología. La expresión “determinación” es ambigua. Por un lado, es obvio que estamos determinados por la biología: tenemos un cuerpo con ciertas características que otorgan ciertas posibilidades y otras no. Lo específico del biologismo no es esta “determinación” tan general, sino una mucho más estricta: que todo lo que los seres humanos hacen, todas sus conductas sociales y hasta individuales, está regido directamente por nuestra configuración genética (al punto, como en Dawkins, de considerar a los genes los verdaderos protagonistas de la vida humana). Esto no es así ni siquiera en los animales más desarrollados. La particularidad de los seres humanos consiste en el enorme desarrollo de nuestra “segunda naturaleza”, eso que solemos llamar “cultura”, que se apoya en la plasticidad de nuestra naturaleza biológica, la que nos permite un grado elevado de independencia relativa frente a ella.

Los embarazos adolescentes y los no deseados, la violencia obstétrica, el cáncer y los accidentes vasculares que producen los anti-conceptivos, etc., etc., es algo que nadie nacido del sexo masculino puede experimentar.

Esa es la razón por la que nos constituimos sobre la base de la interacción entre la condición natural y la construcción social. Así como no se puede negar la variabilidad y la diferencia, no se puede negar tampoco que ellas se producen dentro de límites determinados. Sostener que hay diferencias materiales entre grupos de personas no significa discriminar, ni explotar ni subordinar. Son hechos. No luchamos contra ellos, luchamos contra las configuraciones sociales que le otorgan a esos hechos una significación que, en sí mismos, no tienen. Por ejemplo, que tener vagina y poder parir no obliga a la mitad de la humanidad a aceptar un rango social inferior. Diferencia no debiera ser jerarquía, pero no podemos negar que esa diferencia existe y opera socialmente.
Paradójicamente, son biologistas quienes dicen no serlo. En efecto, resultan biologistas aquellas que sostienen que la biología no existe y que todo es cultural, que todo es construcción social.

la idea de que cualquiera puede ser mujer con solo desearlo, las lleva a la reproducción de todos los estereotipos patriarcales sobre el cuerpo femenino

Son biologistas por omisión, dado que, al no reconocer que la realidad tiene determinadas características, sostienen el statu quo: la idea de que cualquiera puede ser mujer con solo desearlo, las lleva a la reproducción de todos los estereotipos patriarcales sobre el cuerpo femenino, desde posturas hasta intervenciones quirúrgicas. Resulta por lo menos gracioso que nos acusen de “biologistas” quienes a la primera de cambio se operan los pechos (¿qué es eso sino un reconocimiento de que el aspecto anatómico, es decir, la biología, determina la percepción?). Más que “autopercepción”, se trata más bien de una percepción muy patriarcal. El asunto no se detiene allí. Por el contrario, se extiende a la noción de “cuerpo equivocado” y a la operación de adecuación y la hormonación de por vida. ¿Quién dice que la biología “no determina nada”?

El adjetivo es fácil…

… lo difícil es lo sustantivo. La retórica queer realiza dos operaciones, una es la de victimizarse. La otra consiste en un oxímoron: la categorización insultante. Si otorgar una categoría o realizar una caracterización debiera ser descriptivo de determinada realidad, el insulto es simplemente un adjetivo vacío, tanto en la argumentación como en la epistemología. En este terreno del oxímoron (o lo que es lo mismo, “pretender hacer pasar por categoría lo que es simplemente una agresión) encontramos los extendidos usos de “CIS” y “TERF”. Cis es un insulto porque, aun cuando algunas personas quieran autodenominarse trans, ello no hace que puedan llamarnos a nosotras como se les dé la gana. ¿Quieren que les digamos trans? Pues les decimos. Pero nosotras no somos cis, porque eso pretende definirnos a partir de la “identidad trans”.

Lo queer pretende tener derecho a nombrarnos, no como nosotras queremos sino como ellos quieren. Exigen un derecho patriarcal: nombrar a las mujeres.  ¿Es una exageración llamar a eso misoginia?

Lo queer pretende tener derecho a nombrarnos, no como nosotras queremos sino como ellos quieren. Exigen un derecho patriarcal: nombrar a las mujeres. ¿Es una exageración llamar a eso misoginia? ¿No es coherente con la negación del sujeto político del feminismo? Según esta lógica, la autopercepción de una fracción de la humanidad no solo es más valiosa que la autopercepción de cualquiera otra fracción (un principio claramente sectario y protofascista), sino incluso más que la realidad misma. Nuestro “nombre” es el que nos ponen los que dominan, aunque ahora sean un porcentaje mínimo. De nuevo somos las otras. De nuevo, el patriarcado, nos dice qué somos y cómo nombrarnos.

El insulto continúa, ya no en torno al “nombre”, sino a la posición histórica de la mujer y el deseo de un porcentaje muy elevado de ellas. Resulta que, según la retórica queer, nosotras somos “privilegiadas” (igual que los varones burgueses) y, lo que es peor, cómplices del patriarcado, es decir, traidoras. Nos sindican como “cómplices” porque dicen que nos acomodamos al sistema de géneros y que sacamos partido de ese sistema. Que tenemos privilegios que las trans no tienen. Sin embargo, las feministas no estamos cómodas con esos estereotipos. No los elegimos, sino que nos los impusieron desde el nacimiento y podemos llegar a pasarnos toda la vida desandando ese aprendizaje. Eso se llama feminismo. En ese lugar de subordinación, ninguna feminista está cómoda. Otra vez se nos insulta cuando se nos transforma de víctimas en victimarias.

Demos una vuelta más a la tuerca. ¿En qué consistiría ese privilegio? ¿En tener una historia de subordinación? Por otra parte, ¿a costa de quién obtiene qué privilegio la mujer “cis”? ¿Cómo puede ser que más de veinte millones de mujeres de Argentina vivan “privilegiadamente” gracias al sometimiento de 10.000 trans? Esa afirmación es un insulto a millones de mujeres obreras (la inmensa mayoría) que viven en las peores condiciones sociales por la explotación de clase agravada por el sometimiento de género.
Ahora bien, lo que las feministas señalamos es que la política queer no tiene derecho a reproducir deliberadamente los estereotipos de género y pretender que eso es ser “mujer”, porque eso entra en contradicción con nuestra lucha.

Precisamente, nosotras hacemos el recorrido inverso: tratamos de deshacernos de esos estereotipos. Aunque pretendan que escapan al binarismo, en realidad, lo potencian. Del binarismo se escapa tratando de no reproducir esos estereotipos, no reproduciéndolos. Pintarse como una puerta no te hace mujer. Pero no podemos aceptar el latiguillo de que quienes combatimos ese, y otros estereotipos, que nos ha oprimido desde hace milenios, somos “transfóbicas”.

Las feministas que creemos que el sujeto político del feminismo somos las mujeres nos vemos presionadas a entregar el movimiento a otra dirección. Si no lo hacemos somos fascistas, si les discutimos algo o no coincidimos en algunas luchas (como es de esperar) somos travaodiantes, si no aceptamos que nos echen del movimiento que construimos históricamente y que con aliados circunstanciales ha llegado hasta hoy y tiene aun muchas luchas por delante, somos nazis. Están creando de nosotras un enemigo social al que hay que destruir.

La política feminista

Tratemos de volver al núcleo de la discusión: ¿cuál es el sujeto del feminismo y cómo entran (o no) las travas/trans allí? Como ya quedó claro, para nosotras el sujeto del feminismo es la mujer y ser mujer implica una materialidad vinculada a su naturaleza biológica.

¿Cuál debe ser la vinculación del colectivo trans/travesti con el feminismo? La que corresponde a una alianza. El primer paso es reconocer que no somos iguales, ni por características, ni por peso numérico, ni por historia. El segundo, abandonar la intención de colonizar parásitamente un movimiento ajeno. Nosotras no hemos luchado durante siglos para perder ahora nuestros espacios (deportivos, laborales) simplemente porque una fracción, que no ha formado parte de esas luchas porque no tiene los mismos intereses, no quiere pelearle esos espacios a los hombres.

Las feministas no estamos dispuestas a aceptar la colonización parasitaria. Tenemos derecho a rechazar una “alianza” que no nos conviene 

Reflexión