sábado, 23 de abril de 2022

 Manual para mujeres de la limpieza’ de Lucia Berlin

De vez en cuando un escritor sorprende no sólo por su talento sino también, por la historia que le sostiene, como un pequeño universo complejo que alimenta el mito que le rodea y también quizás, su visión sobre el mundo literario. Una doble expresión de identidad que termina siendo parte de la forma como comprendemos su obra, pero también, ese elemento invisible que crea su identidad más profunda.

En el mundo de Lucia Berlin esa percepción individual se basa en el misterio. Murió en el año 2004 pero sólo en la actualidad, su obra —exquisita, durísima y de enorme calidad— obtiene una merecida notoriedad. Antes de su reciente publicación —e inmediato éxito— muy poca gente conocía su nombre, un fenómeno que convierte su triunfo en una rara sorpresa que nadie sabe muy bien cómo. Nadie parece saber muy bien de dónde surgió esta escritora que ahora está en boca de todos y es considerada una de las mejores de su generación.

Su nombre parece estar en todas partes: la mayoría de las críticas que consideran Manual para mujeres de la limpieza el mejor libro del 2016. No obstante, Lucia Berlin es mucho más que su extraña historia. Se trata de quizás el más intrigante hallazgo literario de los últimos años. Una revisión múltiple no sólo de la prosa femenina sino del cuento como género autónomo.

A pesar de la leyenda que envuelve su obra —y que machaca la salvedad de que la escritora sólo logró la publicación una vez que murió— la verdad es que Lucia Berlin ya había alcanzado cierto renombre durante su vida. Sus primeros cuentos fueron publicados durante los años sesenta en algunas revistas y su primer y desconocido libro llegó a unas pocas librerías de Norteamérica en 1981. Un trayecto discreto y elegante para una escritora que nunca se reconoció a sí misma como tal y que repitió más de una vez que sólo era «amante de las letras» y que no estaba «particularmente interesada» en la fama.

Hay algo seductor en la forma como Lucia Berlin transitó con enorme delicadeza los lugares comunes del escritor en ciernes y sobre todo, esa leve fragilidad que sugiere su silencio, su pequeños intentos de trascendencia e incluso, la definitiva caída en el anonimato. Porque Berlin no logró el éxito literario durante su vida pero sí allanó el camino —con una concienzuda paciencia que parece meditada y consciente— para consolidar un prestigio futuro que no vivió para disfrutar. Como si uno de sus personajes se tratase —atormentada, temible y mundana— la historia de Berlin —y su relación con la escritura— es casi tan poderosa como la obra que le sobrevive.

Se trata de todo un fenómeno que tomó desprevenidos a propios y extraños. Uno de los sellos editoriales más poderosos de EE. UU., Farrar Straus and Giroux, recopiló los cuentos de la escritora y los publicó en una edición que de inmediato se situó en el segundo puesto de los más vendidos del The New York Times. En dos semanas, la discreta vida previa de Lucia Berlin se convirtió en motivo de especulación y con enorme rapidez, en mitología literaria. De súbito, millones de entusiastas lectores comenzaron a preguntarse en voz alta: ¿Quién es Lucia Berlin? La respuesta puede ser ambigua o incluso, ser algo más de lo que sugiere a primera vista.

Porque Lucia Berlin es muchas cosas a la vez. Y quizás ese sea el motivo por el que sus cuentos sean una amalgama de todo tipo de elementos, vivencias y una sutil mirada hacia el existencialismo basado en la experiencia personal.

Lucia —la mujer— era hija de un ingeniero de minas y no era una buena persona. O al menos, ella jamás consideró que lo era. Fría, distante e incluso racista, Lucia Berlin parecía muy consciente del peso de la incorrección en su vida y lo explotó en cada oportunidad que pudo, incluso en los límites borrosos y poco claros de la ficción en su vida. Pasó su infancia y primera adolescencia en un recorrido accidentado por las ciudades mineras de Idaho, Montana y Arizona, lo que la hizo mucho más consciente de las diferencias raciales y sociales de una Norteamérica esquiva y arisca.

No obstante, Lucia es mucho más que la suma de sus defectos y dolores: es una observadora nata que logró construir una serie de referencias sensoriales que luego volcó, con una precisión y crueldad que sorprende, en cada uno de sus cuentos. En todos sus relatos —vitalistas, llenos de una procacidad que en ocasiones resulta casi insultante— hay una enorme conciencia sobre la diferencias culturales y sociales que Berlin explota con un pulso sabio y brillante que asombra por su precisión.

La vida de Lucia Berlin es de hecho, una extrapolación evidente de su saga literaria: desde su aventura como dama de sociedad en Santiago de Chile durante su veintena, hasta la soledad bohemia de los treinta, en una Nueva York poética en compañía de dos hijos sin padre. Es entonces cuando Lucia —la mujer y el personaje forjado a fuerza de vivencias— terminan confundiéndose: Lucia avanza a través de una vida llena de matices y contrastes, con tres matrimonios a cuestas, cuatro hijos bajo su cuidado y luchando contra un alcoholismo pertinaz.

Además, sufría de graves problemas físicos y mentales: ella misma se describe por la época como «una sobreviviente a heridas invisibles» y se asume como parte de un sufrimiento secreto y vulgar al que considera «parte de la basura existencial que no se muestra».

Y todo lo escribe: Lucia es una incansable escritora secreta, que lleva un cuaderno de notas que lleva a todas partes. Se trata de una obsesión íntima, que comparte muy poco y que parece más un medio para encontrar consuelo que un verdadero ejercicio de oficio. No obstante es escritura de alto calibre, una potente colección de relatos y vivencias que retratan una vida intensa y extrañamente marginal, que sin embargo tiene todos los ribetes de una profunda experiencia sensorial. Una voz literaria «irresistiblemente cálida, cercana, hecha espíritu de observación, empatía, alegría de vivir, humor», como apunta Lydia Davis en el prólogo del libro. Pero más allá de eso, Lucia Berlin es una concienzuda e inteligente visionaria: no sólo utilizó la literatura como consuelo sino el consuelo como parte de una forma de expiación a través de la palabra.

feminismo

Berlin sorprende por su capacidad para mirar desde la periferia lo cotidiano, analizar sus bordes incómodos, las historias que quizás nadie querría escuchar y sobre todo, por su percepción sobre la melancolía y la pérdida. El libro Manual para mujeres de la limpieza resume con precisión esa perspectiva sobre el mundo a las sombras y además lo hace con profunda comprensión de esa oscuridad perenne, en la cual reflexiona con sentido del humor y un amargo cinismo no exento de belleza.

En conjunto, sus relatos llenos de marginados son una obra autobiográfica que disimula con una prosa deliciosa y llena de alegorías más o menos dolorosas sobre el mundo que se desploma a su alrededor. Para Berlin, nada humano es ajeno y esa comprensión meridiana sobre la naturaleza espiritual de sus personajes, es el núcleo emocional de una obra repleta de referencias al dolor, los pequeños desastres cotidianos, las tragedias anónimas que pueblan una dimensión casi onírica del sufrimiento espiritual.

Cada una de las escenas que la escritora describe en sus relatos —casi todos ambientados en una atemporalidad fragmentada y deprimente— son un reflejo no sólo de su propia vida, sino también de las cientos de vicisitudes misteriosas por las cuales atraviesa cualquier adulto contemporáneo. Y quizás en ese silencio a dos bandas, esa noción sobre la angustia existencialista y algo mucho más terrenal y sucio, es el motivo el triunfo de una obra concebida para la reflexión sobre la travesía del espíritu humano hacia una redención mínima, en ocasiones sin sentido y siempre banal.

Un libro inolvidable de una escritora perspiscaz y conmovedora que sorprende por su buen hacer literario. Un misterio dentro de un misterio, en el que la sagacidad de una escritora que jamás se consideró tal, se transforma en una mirada esencial e intuitiva hacia lo cotidiano y más allá de eso, hacia el dolor —anónimo y blando— que para Berlin pareció ser la mayor fuente de inspiración.

Foto tomada de La Vanguardia.

viernes, 22 de abril de 2022

 

Ser Feminista

Ser feminista no es una moda, no basta con autoproclamarse feminista para verdaderamente serlo, requiere de un proceso de reflexión, de autocrítica, de conocerse, valorarse y valorar a las demás personas, por ello se pueden observar declaraciones contradictorias de mujeres que se proclaman feministas pero atacan a otras mujeres, las discriminan, o en un afán competitivo y de protagonismo son incapaces de reconocer los logros obtenidos por otras mujeres.

En este sentido, el feminismo podemos entenderlo como un movimiento sociocultural político que lucha por la igualdad de género, los derechos de las humanas, porque las mujeres amen, valoren, respeten y puedan decidir sobre su propio cuerpo, socializando niñas, fuertes, independientes y seguras, es tan diverso como las personas, para lograrlo se requiere, en un plano personal, que cada persona cambie, por ello después de un proceso de reflexión y autocrítica se producen cambios en la visión, misión y estilo de vida de las personas, ya no se tiene la misma percepción de los hechos, se ve el mundo con lentes color violeta, identificando las diversas formas de violencia de género que se ejercen contra las mujeres y que han sido naturalizadas por las personas, como por ejemplo los estereotipos, roles, mitos y los espacios en los que hemos sido excluidas las mujeres.

No obstante, existe todavía mucho desconocimiento de lo que es el feminismo, su evolución, alcance e impacto que ha tenido en la sociedad, existiendo personas en las redes sociales que identifican el feminismo como ideología de género, también señalan que “la mujer venezolana es sumamente inteligente y no siente que necesita un movimiento que la respalde”, también existe la falsa creencia que el feminismo es sólo de izquierda, afirmando que “la mujer venezolana es de tal inteligencia, que no se rebajaría a entrar en el círculo vicioso del progre feminismo aliado de la izquierda”, en este punto, es fundamental entender que el feminismo no es un movimiento único, es tan diverso, existen feministas de derecha, de izquierda, pero por encima de cualquier ideología se encuentra el feminismo.

Existen otras falsas creencias, como la concepción que en el feminismo se odia a los hombres, y para nada es cierto, porque en el feminismo se lucha por una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres, por los derechos de las humanas, se fundamenta en los derechos humanos y la dignidad humana, por ello no se incentiva el odio a los hombres, se visibilizan estereotipos, roles y espacios de género que también afectan a los propios hombres.

Se tiende a pensar que en el feminismo se victimiza a las mujeres, y es totalmente falso, se visibiliza, se reconoce y se lucha contra las diversas formas de violencia de género que se encuentran invisibilizadas y naturalizadas por la sociedad, todas estas falsas creencias evidencian un total desconocimiento de lo que es y ha significado el feminismo, invisibilizando los logros que se han obtenido con la lucha feminista, en el derecho a la educación, en el derecho al trabajo, el derecho al sufragio, el derecho a ser elegida para el ejercicio de cargos públicos, el derecho a una vida libre de violencia, los derechos sexuales y los derechos reproductivos.

Sinceramente no me extraña tanto desconocimiento, a finales del mes de enero del 2019, específicamente en Telemundo una periodista que realizó una entrevista a Lorena Bobbitt, afirmaba que “ella no era ni machista ni feminista”, que no se podía tener posiciones extremistas, calificando el feminismo como una “posición extremista”, asimilándolo con el machismo, que es una forma de sexismo, una manifestación del sistema patriarcal, demostrando sus prejuicios en televisión internacional.

De tal manera, que existe mucho desconocimiento de lo que significa y comprende el feminismo que es un movimiento social, cultural, político que busca la emancipación de las mujeres, la lucha por una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres, no se trata de un movimiento uniforme, único, el feminismo es tan diverso como la sociedad, se puede encontrar el feminismo cultural, el feminismo radical, el ecofeminismo, el feminismo de la igualdad, el feminismo de la diferencia, el feminismo marxista, el feminismo liberal, entre otros, lo importante es entender que aunque existen diferencias, se tiene un objetivo en común, que es deconstruir el sistema patriarcal para construir una sociedad más igualitaria.

Una de las grandes contribuciones del feminismo a todas las ciencias ha sido visibilizar que hombres y mujeres no somos iguales, hemos sido socializadas y socializados diferentes y precisamente esas diferencias han servido de base para discriminar a las mujeres por ser mujeres en razón de su género, surgiendo la teoría de género para el estudio de la situación y condición de las niñas, adolescentes y mujeres a lo largo de la evolución histórica, en los diferentes espacios y ámbitos de la vida, visibilizando las distintas formas de discriminación que afectan desproporcionadamente a las mujeres como la feminización de la pobreza, la feminización de la impunidad, la feminización de la migración, la violencia de género contra las mujeres.s tarea de todas las personas asumir la responsabilidad de cambiar para generar los cambios sociales que son tan necesarios para lograr una sociedad más democrática, justa, igualitaria, solidaria.

martes, 19 de abril de 2022

Homenaje

MUERE UNA GRAN ACTIVISTA MEXICANA POR LOS DESAPARECIDOS


Muere Rosario Ibarra de Piedra, defensora de derechos humano

María del Rosario Ibarra de la Garza, ​​ conocida como Rosario Ibarra de Piedra, fue una activista y política izquierdista mexicana, pionera de la defensa de los derechos humanos en México y fundadora del Comité ¡Eureka!, organización dedicada a la búsqueda de
Rosario Ibarra de Piedra murió, a los 95 años, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León.

¿Quién era Rosario Ibarra de Piedra?

María del Rosario Ibarra de la Garza, mejor conocida como Rosario Ibarra de Piedra, nació el 24 de febrero de 1927 en Saltillo, Coahuila.

Durante décadas fue la activista social más reconocida en México, además de convertirse en la primera mujer candidata a la Presidencia de la República Mexicana en 1982 y 1988, y haber sido nominada al Premio Nobel de la Paz en varias ocasiones.

El año de 1974 fue clave en la vida de Rosario Ibarra de Piedra, ya que su hijo Jesús Piedra Ibarra, acusado de ser guerrillero en La Liga 23 de septiembre, desapareció a manos de las autoridades y nunca se supo su paradero.

Esto la llevó a emprender una lucha en contra de las desapariciones forzadas en el país y a fundar, en 1977, el Comité ¡Eureka!, que hasta el momento ha logrado ubicar a 148 personas, según la CNDH.

En 2006, se convirtió en senadora por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Para 2019, la Cámara de Diputados le otorgó la Medalla al Mérito Cívico “Eduardo Neri y Legisladores de 1913”.

Tal reconocimiento se le dio por su labor a favor de los derechos humanos y por su acciones destacadas en el terreno cívico, político y legislativo.

También, en 2019, el Senado mexicano le dio la medalla Belisario Domínguez por sus actos a favor de los derechos humanos.

El legado de Rosario Ibarra de Piedra

El trabajo y solidaridad de Rosario Ibarra de Piedra que la llevaron a crear dicho comité fue uno de los mayores legados que dejó la coahuilense.

Durante la década de 1970, gracias a Eureka se contabilizaron al menos 564 desaparecidos por la represión del Estado mexicano.

Esta misma lucha también propició un empoderamiento femenino en aquellas madres que, al igual que la activista, tenían familiares extraviados.

Se formó un grupo conocido como “doñas”, conformado por al menos 80 madres de familia de personas desaparecidas que se enfrentaron al Estado con movilizaciones, entre ellas la huelga de hambre de agosto de 1978 frente a la Catedral de la Ciudad de México.

Tal suceso, en conjunto con las condenas de Naciones Unidas, hicieron que ese mismo año en el país se promulgara una Ley de Amnistía, dando libertad a algunos disidentes y permitiendo el regreso de exiliados.

Pese a los esfuerzos y lucha de Rosario Ibarra de Piedra, al día de hoy el paradero de su hijo Jesús sigue sin ser conocido.

Desde 1964 a la fecha se tiene el registro de 99,070 personas desaparecidas y no localizadas en México, de las cuales 74.64% son hombres y 25.84% son mujeres, siendo Jalisco, CDMX, Estado de México, Nuevo León y Michoacán los estados con más desaparecidos.

lunes, 18 de abril de 2022

Equidad de género

Rompiendo el techo de cristal de la industria de las aerolíneas

Foto ilustrativa sobre industria aérea. Foto/Internet.

Se busca crear conciencia sobre la necesidad de mejorar la representación femenina en la industria de la aviación.

La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) informó que acogió con beneplácito el enfoque continuo en la diversidad y la inclusión de las aerolíneas con sede en la región de las Américas, ilustrado por su compromiso renovado con la iniciativa 25by2025 de toda la industria, en la que las empresas participantes se comprometen a aumentar el número de mujeres en puestos de alto nivel y en trabajos subrepresentados e informar anualmente sobre métricas clave de diversidad.

De acuerdo con un comunicado emitido por el organismo internacional, la conferencia Wings of Change Americas de IATA, celebrada en Santiago de Chile, contó con un panel de discusión sobre diversidad de género bajo el lema “Rompiendo el techo de cristal de la industria de las aerolíneas”.

Esto incluyó una ceremonia de firma del compromiso 25by2025 en la que Azul y GOL se unieron a esas 24 aerolíneas con sede en la región de las Américas, que ya han prometido su apoyo.

Además, el Consejo Internacional de Aeropuertos de América Latina y el Caribe ( ACI-LAC) será la primera entidad no aérea de la región en sumarse a la iniciativa.

“Nos complace ver que las aerolíneas de la región de las Américas lideran el camino para dar vida a 25by2025. Tener a Azul y GOL comprometiéndose con su apoyo es un importante paso adelante en esta iniciativa y esperamos que esto sea una motivación para que otros se unan”, dijo Peter. Cerdá, vicepresidente regional de IATA para las Américas.

“El creciente número de aerolíneas que se suman a 25by2025 ilustra un fuerte impulso para fortalecer la aviación con una fuerza laboral más diversa. Las aerolíneas que ya se han suscrito a la iniciativa demuestran liderazgo para el cambio. Esa es una base muy sólida para atraer aún más aerolíneas a comprometerse y, lo que es más importante, a informar sobre la mejora del equilibrio de género, en particular en los puestos de alto nivel”, dijo Jane Hoskisson, directora de Talento, Aprendizaje, Compromiso y Diversidad de IATA.

Para fomentar el progreso en el área de la diversidad y la inclusión, IATA, en colaboración con Qatar Airways, lanzó los premios Diversity & Inclusion Awards, que reconocen tres categorías en las áreas de diversidad e inclusión, tales como:

  • Premio al modelo a seguir inspirador
  • Premio de alto vuelo
  • Equipo de Diversidad e Inclusión.

Los ganadores de estos premios anuales se anunciarán en la 78 Reunión General Anual y Cumbre Mundial del Transporte Aéreo de la IATA .

domingo, 17 de abril de 2022

Pascuas

Encuentro de las mujeres compasivas con el Resucitado. María Magdalena, primera testiga.

[Por: Juan José Tamayo]

Esperanza en la capacidad de hacer menos inhóspita la realidad 

 

Buen día de Pascua de Resurrección. Hoy quiero compartir esta reflexión sobre el Encuentro con el Resucitado de las Mujeres que acompañaron a Jesús el Nazareno practicando la com-pasión y la ética del cuidado desde el comienzo en Galilea hasta su trágico final. Dicho Encuentro me ha ayudado a mantener viva la esperanza y la creatividad, al menos mental, en esta larga noche de la pandemia, y mirar al futuro desde la luz, sabiendo que la resurrección a una vida nueva dará sus frutos en otro estilo de vida más fraterno-sororal y volverá a florecer la esperanza de Otro Mundo Posible.

 

Coincido con el filósofo grecofrancés heterodoxo Cornelius Castoriadis, creador del colectivo “Socialismo o Barbarie” junto con Edgard Morin, en que “más allá de la propaganda contra la esperanza, en nosotros pervive la capacidad del moldear la realidad y hacerla menos inhóspita”, Refiriéndose a la afirmación de Tucídides: “hay que elegir: ser libres o descansar”, él optó por ser libre. Comparto la misma opción (Mar Padilla, El filósofo que prefirió ser libre a descansar “: IDEAS-EL PAÍS, 17 de abril de 2022, p. 9). 

 

El confinamiento ha traído cambios importantes en nuestra vida personal y colectiva, uno de los más importantes es el cambio de actitud ante la naturaleza (cuidado) y ante nuestras hermanas y hermanos más vulnerables (com-pasión), la transformación de las estructuras injustas, la lucha por la justicia, la práctica de la solidaridad, la experiencia del compartir y la convivencia eco-humana. Son lecciones que esta vez sí tenemos que aprender y practicar. 

 

Las mujeres ven, escuchan, anuncian 

 

En esa dirección van las reflexiones que siguen a continuación que pretenden subrayar el protagonismo de las mujeres seguidoras de Jesús en la experiencia de la Resurrección y que el Papa Francisco ha sabido captar de manera admirable en la homilía de la Vigilia Pascual del Sábado Santo de este año, empezando por utilizar un lenguaje inclusivo: “En esta noche, hermanas y hermanos, dejémonos tomar de la mano por las mujeres del Evangelio para descubrir con ellas la manifestación de la luz de Dios que brilla en las tinieblas del mundo”.   

 

En una hermenéutica feminista actualizada, Francisco hace tres afirmaciones sobre la actitud de las mujeres en el encuentro con el Resucitado, antes Crucificado: “ven, escuchar, anuncian”. “Las mujeres ven. El primer anuncio de la Resurrección no se presenta como una fórmula que hay que comprender, sino como un signo que hay que contemplar”. 

 

“Las mujeres -continúa el Papa- escuchan. Cada vez que creemos saber todo sobre Dios, que lo podemos encasillar en nuestros esquemas, repitámonos a nosotros mismos: ¡no está aquí! Cuando lo buscamos solo en la emoción pasajera o en el momento de la necesidad, para después hacerlo a un lado y olvidarnos de Él en las situaciones y en las decisiones concretas de cada día, repitámonos: ¡no está aquí! Y cuando pensamos que lo hemos aprisionado en nuestras palabras, fórmulas y costumbres, pero nos olvidamos de buscarlo en los rincones más oscuros de la vida, donde hay alguien que llora, lucha, sufre y espera, repitámonos: ¡no está aquí! No tengamos miedo de buscarlo también en el rostro de los hermanos, en la historia del que espera y del que sueña, en el dolor del que llora y sufre: ¡Dios está allí!”

 

En tercer lugar, “las mujeres anuncian. La luz de la Resurrección no quiere retener a las mujeres en el éxtasis de un gozo personal, no tolera actitudes sedentarias, sino que genera discípulos misioneros [y discípulas misioneras] que regresa del sepulcro y llevan a todos el Evangelio del Resucitado”.   

 

María Magdalena, primera testiga del Resucitado

 

Las distintas tradiciones evangélicas coinciden en presentar a las mujeres como las primeras personas que se encontraron con el Resucitado. Los sinópticos narran esta experiencia con distintos matices a cuál más ricos. Según Mateo, cuando las mujeres visitan el sepulcro el primer día de la semana, un ángel les comunica que el Crucificado ha resucitado y les pide que vayan a anunciar la noticia a los discípulos (Mt 28,2-8). Inmediatamente después es Jesús Resucitado quien les sale al encuentro y les hace la misma petición: "No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán" (Mt 28, 9-10). El miedo es lo primero que hay que vencer cuando se trata de anunciar una noticia que trastoca y subvierte el orden establecido- El matiz de Marcos es que el ángel manda a las mujeres que lo comuniquen "a sus discípulos y a Pedro" (Mc 16,7). 

 

Tradiciones divergentes coinciden en presentar a María Magdalena como la primera testiga del Resucitado. Parece tratarse de una tradición muy antigua. El "final de Marcos" (Mc 16, 9-20) -añadido tardío al evangelio- afirma que Jesús "se apareció primero a María Magdalena, de quien había echado siete demonios" (Mc 16,9). Es ella la que transmite la noticia a los discípulos que habían compartido su vida con él (Mc 16,10). La reacción de estos ante el anuncio de María Magdalena es de incredulidad. El testimonio de las mujeres carecía de valor entonces. ¡Cuánto más en un asunto de tanta trascendencia! Hoy sigue careciendo de veracidad, sobre todo cuando relatan testimonios de violencia de género.  

 

El Evangelio de Juan también presenta la aparición de Jesús a María Magdalena como la primera. La principal discípula y seguidora de Jesús se convierte en la persona que se encuentra con el Resucitado antes que los propios discípulos varones. El primer dato a tener en cuenta en este relato es que, al hallar el sepulcro vacío, Pedro y Juan se retiran, mientras que María Magdalena, según un sermón francés del siglo XVIII descubierto por el poeta Rainer María Rilke en 1911, "busca por doquier a su único, al único objeto de su amor, al único e inalterable apoyo de su corazón exánime"[1]. 

 

En ese encuentro hay una tonalidad íntima que no aparece en el evangelio de Marcos. Jesús llama a María por su nombre. Ella lo reconoce al instante y le llama "Rabbonní", que es la forma de dirigirse los discípulos más cercanos al maestro (Jn 20,16-17). El breve diálogo que se entabla entre ambos brota de la confianza que había caracterizado sus relaciones anteriores. Como observa Schillebeeckx, entre María y Jesús sigue dándose la misma "comunicación vital" que mantuvieran en vida. Más aún: María experimenta a Jesús como Viviente, afirma[2].

 

Pero ahí no termina todo. Por indicación de Jesús, María comunica a los discípulos su experiencia del Resucitado: "He visto a Jesús" (Jn 20,18). Ella cumplió las tres condiciones para ser admitida en el grupo apostólico: haber seguido a Jesús desde Galilea (Lc 8, 2-3); haber visto a Jesús resucitado (Jn 20,18); haber sido enviada por él a anunciar la resurrección a sus hermanos (Jn 20,17). 

 

El evangelio de Lucas es especialmente significativo a este respecto, ya que mantiene una línea de continuidad en lo que se refiere a la actitud de las mujeres en tres momentos fundamentales y fundantes del movimiento de Jesús: durante la vida pública de Jesús, ante la cruz y en la resurrección. En relación a la presencia y participación de las mujeres en el movimiento de Jesús, leemos en Lucas: "Le acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras que le servían con sus bienes" (Lc 8,3)[3].

 

Las mujeres siguen a Jesús también camino del Gólgota: "Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y lamentaban por él" (Lc 23,27). Las mismas mujeres que le habían acompañado desde Galilea asisten con José de Arimatea al entierro (Lc 23,55). El primer día de la semana, cuando van al sepulcro con aromas, reciben la noticia del ángel de que Jesús ha resucitado. 

 

En la explicación de la noticia, el ángel les comunica la relación entre la cruz y la resurrección, apelando al propio testimonio de Jesús de Nazaret: "Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, pero al tercer día resucitará" (Lc 24,7). Como sucede en el "final de Marcos", cuando las mujeres dan la noticia "a los Once y a todos los demás", estos consideran su testimonio como desatino (Lc 24,11).  

 

Según Schillebeeckx, "parece que las experiencias de estas mujeres contribuyeron a que la causa de Jesús se pusiera en movimiento"[4]. Opinión compartida y sólidamente fundamentada por la hermenéutica bíblica feminista[5]. En concreto, el reconocimiento de María Magdalena como primera testiga del Resucitado explica su protagonismo en el cristianismo primitivo[6]. Hipólito de Roma le reconoce la condición de apostola apostolorum. Gregorio Magno la llama "nueva Eva" en cuanto anuncia la vida. León Magno la califica de persona Ecclesiae gerens. 

 

Sin embargo, en las cartas paulinas y otros escritos del Nuevo Testamento el testimonio de las mujeres sobre Jesús resucitado no aparece y María Magdalena es sustituida por Pedro. Ello se debe, cree Lorenzen, "a la situación jurídica, unida a una Iglesia bajo el dominio masculino que muy pronto comenzó a suprimir el importante puesto que Jesús dio a las mujeres"[7] 

 

A pesar del silencio de Pablo y de otros escritos neotestamentarios, comenta con razón Suzanne Tunc, las mujeres constituyen el eslabón indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, más aún, el eslabón esencial para la fe en Cristo resucitado y el nacimiento de la comunidad cristiana[8]Sin el testimonio de las mujeres quizá hoy no habría Iglesia cristiana. ¿Quién podría narrar en las primeras asambleas eucarísticas las experiencias de la muerte y de la resurrección de Jesús, sino las mujeres, sus principales testigos? Ellas fueron testigos de cómo una víctima era rehabilitada y el Crucificado vence a la muerte por la fuerza del Dios de la vida.    

 

¿Legitimación de la autoridad de los Doce?

 

¿Constituyen las apariciones una legitimación de la autoridad de aquellas personas a quienes se cita expresamente en los relatos y fórmulas de fe sobre la resurrección de Jesús? 

 

Varias y divergentes son las opiniones de los especialistas al respecto. A favor de considerar el encuentro con el Resucitado como reconocimiento de la autoridad de los responsables del movimiento de Jesús se definen autores como U. Wilckens, W. Marxsen y Th. Lorenzen. U. Wilckens cree que se trata de "fórmulas de legitimación" cuyo objetivo es mostrar que a través de las apariciones los dirigentes de la comunidad se sentirían legitimados desde el cielo[9]. Interpreta el anuncio de una aparición de Jesús "a sus discípulos y a Pedro", que hace el ángel sentado sobre la tumba vacía (Mc 16, 7), como una llamada a predicar la Buena Noticia de la salvación. La misma intención descubre en el relato tardío de Jn 21, que narra la aparición en Galilea y el encargo a Pedro de apacentar "mis ovejas" (Jn 21,16-17). 

 

El mismo Pablo confirma este planteamiento cuando reivindica su condición de apóstol en función de la visión de Jesús resucitado: "¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro?" (1Cor 9,1). La dificultad surge a la hora de explicar la aparición a "más de 500 hermanos" (1Cor 15, 6). Pero Wilckens despeja la duda diciendo que parece tratarse de una noticia ofrecida de manera más libre y no de una fórmula acuñada definitivamente. 

 

Marxsen cree que la insistencia en presentar a Pedro como la primera persona a quien se le aparece Jesús resucitado (1Cor 15,5; Lc 24,34) pudo tener como objetivo el fundamentar su función directiva en la comunidad cristiana primitiva. Lo mismo puede decirse de la referencia explícita a la aparición a Santiago (1Cor 15,7)[10]. 

 

Th. Lorenzen considera que algunas de las personas que vivieron la experiencia pascual adquirieron una categoría especial. Éste fue el caso de Pedro, Santiago, Pablo y los Doce, que vieron legitimadas así sus funciones de liderazgo y autoridad espiritual en la comunidad. En consecuencia, el silenciamiento, por parte de Pablo y de otras tradiciones neotestamentarias, de la aparición de Jesús a María Magdalena y a otras mujeres supuso la exclusión de estas de los ámbitos de responsabilidad comunitaria. 

 

Con la pronta instauración de estructuras patriarcales y de la teología androcéntrica en la vida y organización de la comunidad cristiana se interrumpieron las posibilidades y expectativas que se abrían con el reconocimiento de las mujeres como primeras testigos del Resucitado.

 

Schillebeeckx indica a este respecto que los relatos evangélicos de las apariciones presuponen "una Iglesia ya jerárquica". Sólo los Doce, los jefes de las primeras comunidades cristianas son favorecidos con apariciones "oficiales". Al testimonio de las mujeres no se les da crédito hasta contar con el reconocimiento apostólico oficial.

 

Otro es el parecer de H. Kessler, para quien las afirmaciones sobre las apariciones no pueden reducirse a meras "fórmulas de legitimación" literaria de quienes ejercían el poder en el cristianismo primitivo. Prueba de ello es que Pablo refiere la aparición a más de 500 hermanos (1Cor 15,6), que no parece ejercieran funciones directivas en la comunidad[11]. 

 

Moltmann introduce un matiz que me parece importante en la discusión: la expresión ‘Pedro y los Doce’ utilizada en los relatos de las apariciones, "posee una significación meramente simbólica"[12], pues no parece que Pedro ejerciera una función rectora en la comunidad, y si la ejerció, quizá no fuera de forma duradera. 

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