viernes, 20 de mayo de 2022

Mujeres de Arte

Zanele Muholi: la fotógrafa que denuncia la violenta realidad de las mujeres en Sudáfrica

 

La mirada feminista de Muholi habla en contra de las diferencias de género y raza.

La poética de las fotografías de Zanele Muholi radica en la sentencia de muerte que cada una trae consigo. Hija de un país donde las mujeres son poco menos que un utensilio de cocina, esta artista sudafricana lucha por los derechos de las mujeres través de imágenes que revelan la belleza del desnudo femenino, así como el erotismo implícito en un abrazo entre dos chicas, o el momento de tensión que existe antes de un beso. En fin, se trata de mostrar ese lado dulce y ácido de los tabúes en torno a la mujer sudafricana, a quienes les arrancan la posibilidad de una existencia más o menos digna por ser "el otro sexo", como lo llamó Simone de Beauvoir.

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Después de estudiar Arte en uno de los institutos más prestigiosos de su país de origen, se dio a la tarea de explorar los límites tensos entre lo que a las mujeres les es posible mostrar en público y lo que no. Siendo que el territorio sudafricano se caracteriza por ser de tradición machista, por eso, Muholi está decidida a mostrar la realidad incómoda y sanguinaria a la que las mujeres se enfrentan todos los días. No sólo en términos de Derechos Civiles —como la libertad de expresión o de vestirse como les venga en gana—, sino de cómo la violencia se ha convertido en parte de una realidad nacional que no quiere aceptarse, pero de la cual no se han podido librar todavía.

Esto en términos de las mujeres cisgénero que han decidido optar por una vida más o menos tradicional, con un marido e hijos de acuerdo a las costumbres sudafricanas. Ellas sí que se enfrentan a la opresión de no poder salir a las horas que les plazca, ni tener voz ni voto en cuestiones políticas o de activismo social. No se hable siquiera de aquellas que experimentan su sexualidad abiertamente desde la divergencia, pues son denostadas —en el mejor de los casos— como fuera de la moral y apedreadas hasta la muerte en los extremos más radicales. Si las mujeres que se apegan más al deber-ser que la sociedad impone están constreñidas en sus posibilidades, todavía más aquellas que deciden aceptar su homosexualidad y son asesinadas por ir en contra de las buenas costumbres que su país dicta.

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Además de la faceta feminista de su trabajo, está también la perspectiva de la discriminación racial. Si bien es cierto que durante sus primeros años se educó en Sudáfrica, muy pronto emigró al Reino Unido, donde profundizó sus estudios artísticos y tuvo acceso a otros horizontes creativos; sin embargo, su protesta artística seguía sobre la misma línea: la de denunciar que no existen derechos para las mujeres, y que poseen tan pocas posibilidades de cambio no sólo en el sur de África; sin embargo, su estancia en Europa le amplió las miras hacia otros ámbitos dolorosos que la sociedad mundial no se ha atrevido a resolver todavía: las diferencias abismales originadas por la raza tomaron forma para ella mientras vivió en Londres, donde la migración y el color de piel son un factor decisivo para la pertenencia social y las posibilidades laborales de las personas.

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En la conjunción de raza y género, la obra de esta fotógrafa sudafricana adopta un espectro superior. No se trata más de una denuncia que atañe sólo al tejido social del territorio sudafricano, sino de una propuesta estética con alcances universales de denuncia, que se valida a través de la experiencia de vida de la propia artista. Porque es cierto: muchas veces su casa fue asaltada y sus obras destruidas por ir en contra de los patrones establecidos, debido al influjo machista que domina la ideología de su país nativo. Distintas de sus amigas fueron amenazadas y algunas de sus modelos desaparecieron sin dejar más rastro que su ausencia. Su estudio se ensombreció con las pérdidas, pero la cámara aprovechó las sombras para emitir señales de esperanza a través de su mirada fotográfica.

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Es por esto que Zanele Muholi se describe como una activista visual. A través de sus fotografías pretende tocar las fibras sensibles que atenazan todavía las vidas de múltiples mujeres en su país a través de diferentes ángulos: ya no sólo desde la perspectiva de género —que parece no tener una solución pronta—, ni de la violencia que muchas sufren por su preferencia sexual, también de la desventaja racial que implica adentrarse en un continente que no es el propio, con la esperanza de encontrar mejores oportunidades sin hallar muchas. La suya es una óptica a favor de una revolución silenciosa, que habla a través del claroscuro tenso de las fotografías en blanco y negro. Muholi habla de tradiciones que se quiebran, de erotismo, de ser mujer en un contexto que apunta en dirección opuesta.

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La propuesta estética de Zanele Muholi muestra una óptica más incluyente en cuestiones de género, orientación sexual e inclusión racial. Sus fotografías son una experiencia estética que rebasa los límites de la composición en sí. En efecto, cumplen con una línea narrativa y con una búsqueda de superficies, de tonalidades, de expresión; sin embargo, apreciarla sólo desde esta óptica resultaría, a lo menos, reduccionista: Zanele Muholi usa el claroscuro de sus imágenes en blanco y negro para hablar de igualdad, de raza, de género, de derechos suprimidos y de la ausencia de colegas que se perdieron en la causa.

Los suyos son claroscuros que trastocan los límites del machismo para abrir paso a una óptica de la femineidad asfixiada: Zanele Muholi es claroscuro de género; claroscuro de raza.

miércoles, 18 de mayo de 2022

martes, 17 de mayo de 2022

“Mujeres que escuchan Mujeres”

 


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lunes, 16 de mayo de 2022

#Lactanciamaterna


 ¡Dejen a las mujeres en paz, están alimentando a su bebé, no mostrándoles nada!. ¡No es acerca de ustedes sino del derecho del bebé a consumir alimentos para sobrevivir!


domingo, 15 de mayo de 2022

Mujeres de Arte

Leonora Carrington: La pintora surrealista que huyó a México para ser artista




La vida de Leonora Carrington: desde sus escapes de la guerra y los hospitales psiquiátricos, hasta su obra y la importancia de esta en el movimiento surrealista.

Leonora Carrington es una de las pintoras más importantes del surrealismo. Su trabajo artístico en literatura, pintura y escultura la llevó a ser considerada una de las principales exponentes de esa corriente, una que estuvo llena mujeres que plasmaron criaturas mitológicas, crítica política, sueños, miedos y las exploraciones de su propio subconsciente. El pasado de Leonora terminó por traerla a México para refugiarse no solo de los horrores de la guerra, sino también de una sociedad que condenaba a las mujeres que se salían de lo convencional.

La pintora, nacionalizada mexicana, nació en Lancashire, Inglaterra el 6 de abril de 1917. Aunque creció dentro de una familia aristocrática y en una gigantesca mansión del pueblo de Chorley, con la mejor formación académica que una joven de la época podía recibir, Leonora Carrington Moorhead se sentía atrapada por las convenciones sociales y lo que se esperaba de ella como mujer y de su futuro. Después de todo, desde niña y gracias al contacto con la mitología celta y su educación irlandesa, Leonora se sentía atraída hacia criaturas mágicas de este mundo: gnomos, duendes y fantasmas.

¿En dónde estudió Leonora Carrington?

La fascinación de Leonora Carrington por lo sobrenatural la llevó a tener sus propias experiencias de contacto con los seres mágicos. Ya sea que fueran producto de su imaginación o verdaderos encuentros paranormales, estos le valieron ser expulsada de su escuela, el Santo Sepulcro. Pasó por distintas instituciones, en las que no duraba mucho porque la educación que recibía era incompatible con su espíritu libre y creativo.

En la primera mitad del siglo XX aún se esperaba que todas las mujeres fueran educadas para el matrimonio, pero ella halló en la escuela la inspiración para el resto de su vida artística. En Florencia, Italia estudió en Miss Penrose School for Girls y fue ahí mismo, en la cuna del Renacimiento, que ella descubrió su amor por el arte y los museos. Meses después fue enviada a París para estudiar en una “finishing school”, que era, básicamente, una academia para enseñar buenos modales y otros roles de género a las mujeres antes de casarse.

Sin embargo, París también era y continúa siendo un semillero de arte y contracultura. Leonora Carrington estudió allí los fundamentos de la pintura realista y, más tarde, se mudó a Londres para estudiar en la Ozenfant de arte. Fiel a su espíritu libre, más tarde habló sobre esa época de su vida en estos términos: “No tuve tiempo de ser la musa de nadie. Estaba demasiado ocupada rebelándome contra mi familia y aprendiendo a ser artista”. En la Ozenfant también conocería a uno de los personajes que cambiarían el rumbo de su vida: Max Ernst.

¿Quién fue Max Ernst y cómo conoció a Leonora Carrington?

Max Ernst es considerado uno de los principales exponentes del surrealismo y habría sido él quien introdujo a Leonora Carrington, quien ya tenía el espíritu surrealista desde niña, a ese movimiento. Ella misma lo explicó más tarde: “Aprendí mucho de él y me liberé, pero yo pintaba y escribía desde que tenía cinco años, seguramente cosas horribles, pero finalmente nací con mi vocación y mis obras eran solamente mías”.

Max y Leonora se conocieron en Londres y después se reencontraron en un viaje a París. Esa ciudad fue, nuevamente, muy importante para la artista en la que se convertiría la joven Leonora: ahí conoció a André Breton, a Joan Miró, a Picasso y a Dalí. Los hombres dominaban el surrealismo, pero ella y otras mujeres artistas de la época, como María Izquierdo, Frida Kahlo y Dorothea Tanning lo reclamarían y lo harían suyo. De hecho, fue ahí donde conoció a Remedios Varo, otra importante exponente del surrealismo que llegó ahí a vivir en 1937 con Benjamín Péret.

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Leonora Carrington y Max Ernst se conocieron cuando ella tenía 20 años. Él tenía 47 y seguía casado con su segunda esposa, pero al poco tiempo se fue a vivir con Leonora a una casa de Saint-Martin-d’Ardèche, en Francia. La familia de ella no aprobaba su relación con el artista: no solo por la diferencia de edad y los matrimonios previos de él, que ya eran temas cuestionables incluso en esa época; también porque no estaban de acuerdo con el rumbo artístico que Leonora había decidido seguir.

Había pasado solamente un año de que la pareja viviera junta en Saint-Martin-d’Ardèche, cuando inició una persecución hacia Max Ernst por su origen alemán, a pesar de sus ideas antifascistas. Él fue llevado a un campo de concentración en Des Milles y ella, que atravesó por la difícil experiencia de ver a su pareja encarcelado y por la invasión nazi, huyó a España.

¿Por qué huyó Leonora Carrington?

Aunque escapó a España para alejarse de las hostilidades políticas que se vivían en Francia, Leonora Carrington vivió ahí una de las épocas más difíciles de su vida. Sus padres, al ver los problemas psiquiátricos que le provocaron el encierro de Max Ernst y la Segunda Guerra Mundial, no la apoyaron ni arroparon. Por el contrario, la encerraron en un hospital psiquiátrico de Santander, donde fue víctima de múltiples abusos. Años después, al recordar ese episodio oscuro de su vida en su libro Memorias de abajo, Leonora relató lo siguiente:

“No sé cuánto tiempo permanecí atada y desnuda. Yací varios días y noches sobre mis propios excrementos, orina y sudor, torturada por los mosquitos, cuyas picaduras me pusieron un cuerpo horrible; creí que eran los espíritus de todos los españoles aplastados, que me echaban en cara mi internamiento, mi falta de inteligencia y mi sumisión”.

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En 1941, la artista aprovechó la oportunidad que tuvo de escapar del encierro durante un viaje a Lisboa. Su padre pretendía encerrarla en una nueva institución psiquiátrica contra su voluntad, pero ahora en Sudáfrica. Cuando la cuidadora que la acompañaba se descuidó, Leonora tomó el primer taxi que pudo a la embajada de México en Portugal y se refugió ahí. Poco después conoció al poeta Renato Leduc: otro personaje crucial en la historia de su vida.

¿Cómo escapó Leonora Carrington de Europa?

Leonora Carrington había huido de la guerra y del encierro al que pretendían someterla sus padres. Ahora Renato Leduc intentaba ofrecerle su ayuda para salir de Europa, pero ambos se topaban con múltiples obstáculos burocráticos. La solución final fue que Leonora Carrington y Renato Leduc se casaran, y así lo hicieron.

Como esposa de Renato Leduc, Leonora ahora podía entrar sin ningún impedimento a Estados Unidos y a México. Fue así como llegaron a Nueva York y vivieron en esa ciudad durante un año.

¿Qué pasó con Max Ernst?

Max Ernst y Leonora Carrington perdieron el contacto cuando él fue detenido y ella fue encerrada en el hospital psiquiátrico español. Mientras ella retomó su vida amorosa con Renato Leduc para lograr escapar de Europa, Max Ernst logró hacer lo mismo con Peggy Guggenheim, la famosa coleccionista de arte neoyorquina: gracias a ella logró huir a Nueva York, donde se reencontró con Leonora.

No obstante, los encuentros fueron breves. Peggy Guggenheim no quería que Max Ernst frecuentara a su expareja y, por esa razón, Leonora Carrington tomó la decisión de alejarse definitivamente de él. Se dice que Ernst nunca superó realmente a Leonora y, a lo largo de su obra, hay múltiples referencias y detalles de su relación con la artista, lo que implica que en realidad nunca la olvidó.

¿Cómo llegó Leonora Carrington a México?

Después de su breve estancia en Nueva York, Leonora Carrington llegó a vivir a México en 1942. Fue en este país donde vivió hasta su muerte en 2011.

En 1943, Leonora Carrington se divorció de Renato Leduc. Al año siguiente en casa de Katy Horna, otra importante artista surrealista, conoció a quien se convertiría en su segundo esposo: el fotógrafo húngaro Emérico Weisz. Con él tuvo dos hijos, Gabriel y Pablo, y una vida que le permitió, finalmente, frecuentar a otros artistas que se encontraron en el exilio en México, entre ellos su gran amiga Remedios Varo, Benjamín Péret, Alice Rahon y André Breton.

En la década de los 80, Leonora Carrington comenzó a dedicarse a fundir figuras de bronce con personajes y motivos alquímicos y de criaturas fantásticas, como los que ya había abordado ampliamente en su obra pictórica. Gran parte de sus esculturas están exhibidas en el Museo Leonora Carrington, en San Luis Potosí.

¿En dónde está el museo de Leonora Carrington?

El Museo Leonora Carrington tiene dos sedes en el estado de San Luis Potosí, en México. Una parte del museo se encuentra en la ciudad de San Luis Potosí y otra en Xilitla, donde también se encuentran Las Pozas, el Castillo Surrealista de Edward James. El museo fue inaugurado en 2018 y la colección fue donada por el hijo de Leonora, Pablo Weisz Carrington.

Leonora Carrington y el feminismo

A lo largo de su vida, Leonora Carrington vivió distintos cautiverios de las mujeres como los que describe Marcela Lagarde. En primer lugar, porque se esperaba que viviera una vida de madresposa desde que era muy joven, en lugar de seguir la vida de artista que ella deseaba. También fue presa, pues la encerraron contra su voluntad para impedir que siguiera sus impulsos artísticos, con el pretexto de otro cautiverio: el de ser “loca”. Durante la primera mitad del siglo XX, aún era común que se encerrara en instituciones psiquiátricas a las mujeres que no cumplían con los roles de género que se esperaban de ellas.

Ya mencionamos la famosa frase de Leonora Carrington en la que asegura que no tuvo tiempo de ser la musa de nadie, pues estaba demasiado ocupada rebelándose contra su familia e intentando ser una artista. Sobre eso, ella también llegó a hablar del machismo dentro del movimiento surrealista: “Aunque me gustaban las ideas de los surrealistas, André Bretón y los hombres del grupo eran muy machistas”, dijo en entrevista con la periodista Silvia Cherem en 2004. “Solo nos querían a nosotras como musas alocadas y sensuales para divertirlos, para atenderlos”.

¿Cómo murió Leonora Carrington?

Leonora Carrington murió el 25 de mayo de 2011 a la edad de 94 años, a causa de una neumonía, en un hospital de la Ciudad de México. Leonora no soportaba a la prensa ni a los fotógrafos y el día de su funeral no fue la excepción: la despidieron en un velatorio del Pedregal, sin homenajes de cuerpo presente ni fotografías.

sábado, 14 de mayo de 2022

Opinión

Ceguera ante la violencia


“Ceguera situacional” debe ser el fenómeno por el cual muchas personas, sobre todo mujeres, no ven “tan grave” el tema de la igualdad, sobre todo cuando no han sido víctimas de maltratos o tienen un trabajo remunerado en los mismos términos que sus pares hombres, por ejemplo. O cuando se rodean de compañeras que están en su misma situación y piensan que es una exageración de “feministas amargadas”, que ven todo más negro de lo que es.

Las cifras no mienten.  Basta con consultar cualquier fuente oficial del propio país o de un organismo internacional para tener a la mano evidencia estadística de los altos porcentajes de la incidencia de problemas de violencia doméstica, muertes por  abortos clandestinos, embarazo precoz, baja participación de la mujer en escaños parlamentarios o en posiciones gerenciales de empresas privadas, denuncias por acoso sexual, feminicidio y una larga lista de problemas que las mujeres tenemos que enfrentar a diario, unas con mas éxito que otras.

Pero más allá de que me pase a mí, yo pudiera interesarme por lo que le pasa a las demás. Siempre se nos ha señalado a las mujeres lo poco solidarias que somos entre nosotras. Me desalienta escuchar de compañeras de trabajo y amigas, cuando les pido que apoyen el feminismo decir: “y eso que ahora eres feminista?”, “tu de verdad crees que esto es necesario?” “pero no es tan así, mírame a mí lo que he logrado”…

Entonces para ellas les tengo este mensaje. OK si no puedes ver lo que no está en tu círculo, fíjate a ver si detectas pruebas de micromachismo… que eso sí te debe estar afectando a ti. Las formas visibles y explícitas del machismo, cuando no se dan, nos hacen pensar que vivimos en una sociedad de iguales. Pero cuando hacemos visibles las formas sutiles o los llamados micromachismos, entonces se pone sobre la mesa el tema de la necesidad de luchar por más igualdad.

Micromachismo es un término propuesto por el psicólogo Luis Bonino Méndez que constituye la base y caldo de cultivo de las demás formas de la violencia de género o misoginia: maltrato psicológico, simbólico, emocional, físico, sexual y económico, que serían normalizados.​ Se trataría además de prácticas legitimadas por el entorno social, en contraste con otras formas de violencia machista denunciadas y condenadas habitualmente.

Algunos ejemplos:

  • Cuando ves en un Congreso o Jornadas un “mannel”. Panel sin una sola mujer invitada.
  • Cuando tu jefe te “invita” a salir o a tragos y hace parecer todo muy casual, como exagerado de tu parte si protestas.
  • Cuando te preguntan en una entrevista de trabajo cómo harás para cuidar a tus hijos, pero a ellos no.
  • Cuando una idea tuya no es oída, pero la de tu colega hombre sí. O peor, la vende como propia.
  • Cuando un cliente pide hablar con un “experto” sobre todo si es empresa de autos, tecnología o ingeniería.
  • Cuando te dicen que si tienes el síndrome premenstrual por tener mal humor.
  • Cuando vas a una reunión con tu asistente y el Ejecutivo habla solo con él… man to man
  • Cuando a la mujer del grupo se le pide que haga café o lleve minuta.
  • Cuando tu novio o esposo te controla lo que te llega por el móvil o te dice con quién puedes o no salir, qué ropa ponerte, si conduces un auto o no…
  • Cuando le quita valor a tus ideas y opiniones, haciéndote sentir que no son importantes tus inquietudes
  • Cuando caes en complacencia extrema haciendo cosas en contra de tu gusto o voluntad solo por complacerlo a él.
  • Justificar sus celos diciendo que eso lo hace porque te quiere.
  • Cuando te gustan los cuentos, películas, canciones o novelas donde el hombre es salvador y la mujer actúa roles de damisela rescatada

Viéndolo así ¿Crees que es importante o no trabajar por la igualdad de Género? Esas y muchas otras cosas más pasan delante de nuestros ojos y son las pequeñas trampas de la vida cotidiana, porque vivimos en una estructura patriarcal y fuimos educadas en ella. 

#Concepto

  ¿"Las mujeres provocan los problemas"? ¿"Ella se lo buscó por cómo vestía"? Detrás de este tipo de frases hay un denom...