Si crees que “no hay tantas mujeres en ciencia porque no les interesa”,
eso no es un dato.
Es un prejuicio heredado.
Durante siglos nos dijeron que las mujeres éramos “malas para las matemáticas”,
pero curiosamente nunca dijeron que los hombres eran “malos para cuidar”.
La ciencia fue construida por hombres…
pero no porque las mujeres no existieran,
sino porque las excluyeron.
Les negaron universidades.
Les negaron laboratorios.
Les robaron descubrimientos.
Les pusieron el nombre de sus esposos a sus logros.
Y hoy todavía preguntan:
“¿Por qué quieren cuotas?”
Porque cuando el punto de partida es desigual,
la neutralidad es complicidad.
Es que muchas son expulsadas simbólicamente:
por el acoso, por el menosprecio, por el “tú no pareces ingeniera”.
Y sí, lo vamos a decir claro:
Cada vez que dudas de la capacidad científica de una mujer por ser mujer,
no estás defendiendo el mérito.
Estás defendiendo el privilegio.
La ciencia no pierde calidad cuando incluye mujeres.
Pierde exclusividad masculina.
Y eso es lo que realmente incomoda.
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