lunes, 6 de julio de 2026

#EnfoqueDeIgualdad

 

𝗟𝗔𝗦 𝗣𝗔𝗟𝗔𝗕𝗥𝗔𝗦 𝗧𝗔𝗠𝗕𝗜𝗘́𝗡 𝗖𝗢𝗡𝗦𝗧𝗥𝗨𝗬𝗘𝗡 𝗥𝗘𝗔𝗟𝗜𝗗𝗔𝗗𝗘𝗦.

Cuando escuchamos “ama de casa”, muchas personas imaginan limpieza, cocina y labores domésticas. Pero pocas piensan en todo lo que realmente sucede ahí: enseñar valores, acompañar el crecimiento, cuidar, contener, educar, escuchar, resolver conflictos y formar personas.
Por eso resulta interesante que en Dubái se propusiera sustituir ese término por “Formadora de generaciones”. Más allá de si el nombre es perfecto o no, la reflexión de fondo merece nuestra atención.
Porque durante siglos el trabajo de cuidados ha sido tratado como si no fuera trabajo. Como si criar, educar y sostener emocionalmente a una familia fuera una obligación “natural” de las mujeres y no una labor con un enorme valor social.
Nombrar también es reconocer.
Pero el reconocimiento no debe quedarse en un discurso bonito. Debe traducirse en corresponsabilidad. Valorar la maternidad no significa romantizar el sacrificio eterno ni asumir que cuidar es una tarea exclusivamente femenina.
Una sociedad verdaderamente igualitaria no solo reconoce el papel de las madres. También entiende que la crianza y los cuidados deben compartirse. Porque las nuevas generaciones no se forman únicamente con amor; también necesitan tiempo, apoyo, respeto y oportunidades.
Cambiar una palabra no transforma el mundo. Pero a veces cambia la manera en que empezamos a mirarlo.

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