Cuando un padre cuida, también incomoda al machismo.
Un hombre entró al baño de mujeres para acompañar a sus hijas pequeñas porque todavía necesitaban ayuda.
¿El resultado? Lo confrontaron, llamaron a seguridad y una niña terminó llorando de miedo.
Entonces la pregunta es sencilla:
Si tanto hablamos de hombres presentes y corresponsables, ¿por qué seguimos sospechando de ellos cuando realmente cuidan?
El problema no es que un padre acompañe a su hija.
El problema es una sociedad que todavía piensa que los cuidados pertenecen a las mujeres y que un hombre cuidando está “fuera de lugar”.
Necesitamos baños familiares, espacios accesibles y reglas pensadas para la vida real.
Porque la corresponsabilidad no puede exigirse solo en el discurso.
Si queremos hombres que cuiden, también tenemos que dejarles cuidar.
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