Esta frase nos lleva a cuestionar las bases de un respeto que se ha condicionado a roles familiares y nos insta a avanzar hacia un respeto incondicional, basado en nuestra humanidad compartida.
No debemos ser valoradas solo por los vínculos que tenemos con los hombres en nuestras vidas, sino por quienes somos: personas con derechos, dignidad y valor.
¿Cómo podemos en nuestro día a día contribuir a esta transformación de pensamiento?
¿Qué acciones pequeñas o grandes pueden ayudarnos a construir una sociedad donde el respeto no dependa de estereotipos ni roles asignados?
¡Construyamos juntas y juntos un mundo más justo y equitativo!