Hay algo que muchas veces nos enseñaron a minimizar:
el dolor emocional.
Como si no fuera real.
Como si no importara tanto.
Como si “se quitara solo”.
Pero no.
𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐝𝐮𝐞𝐥𝐞 𝐞𝐥 𝐚𝐥𝐦𝐚, 𝐝𝐮𝐞𝐥𝐞 𝐝𝐞 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝.
Y no siempre se soluciona con silencio,
ni con aguantar,
ni con “échale ganas”.
Se sana en compañía.
En espacios seguros.
En vínculos donde puedes ser tú sin miedo.
En personas que no te juzgan…
te sostienen.
Pero también hay que decir algo importante:
no todas tenemos esas redes.
Y eso no es casualidad.
Es resultado de una sociedad que nos enseñó a competir,
a callar,
a cargar solas.
Por eso también es un acto político
crear comunidad.
𝐜𝐮𝐢𝐝𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐢𝐬𝐭𝐢𝐫.
Porque sanar no debería ser un privilegio.
Debería ser un derecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Esperamos sus comentarios