𝐍𝐨 𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐛𝐞𝐥𝐝𝐢́𝐚. 𝐄𝐬 𝐝𝐢𝐠𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝.
Nos enseñaron a temer la soledad más que a soportar el desprecio.
A pensar que una mujer con carácter es “difícil”, mientras que una mujer sumisa es “valiosa”.
Nos educaron para complacer antes que para imponer límites.
Para ser elegidas, antes que para elegir.
Pero hay algo profundamente transformador en decidir que preferimos estar solas que mal acompañadas.
Que nuestra voz, nuestras decisiones y nuestro bienestar no están en venta a cambio de aceptación o compañía.
𝐒𝐞𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫 𝐜𝐨𝐧 𝐜𝐚𝐫𝐚́𝐜𝐭𝐞𝐫 𝐧𝐨 𝐭𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐚𝐦𝐨𝐫𝐨𝐬𝐚.
𝐓𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐞.
Y esa libertad se sostiene cada vez que eliges no aguantar lo que te duele solo por no estar sola.
Porque la soledad también puede ser refugio, camino y poder.
Y porque nunca estamos solas del todo cuando caminamos con nosotras mismas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Esperamos sus comentarios