Durante generaciones se les enseรฑรณ a muchas mujeres que una “buena madre” era la que siempre se ponรญa al final de la fila: comรญa despuรฉs, descansaba despuรฉs, soรฑaba despuรฉs… y, si hacรญa falta, se olvidaba de sรญ misma.
Pero una vela que nunca recibe cera termina apagรกndose. Y una madre agotada no fracasa por falta de amor; fracasa un sistema que le hizo creer que cuidarse era egoรญsmo.
Las hijas y los hijos no aprenden solo de lo que les decimos. Aprenden de lo que nos ven tolerar. Si una niรฑa ve que su madre nunca descansa, aprenderรก que ser mujer es vivir para los demรกs. Si un niรฑo ve lo mismo, puede crecer creyendo que ese sacrificio es una obligaciรณn femenina.
๐๐น ๐ฎ๐๐๐ผ๐ฐ๐๐ถ๐ฑ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ป๐ผ ๐น๐ฒ ๐พ๐๐ถ๐๐ฎ ๐ฎ๐บ๐ผ๐ฟ ๐ฎ ๐น๐ฎ ๐ณ๐ฎ๐บ๐ถ๐น๐ถ๐ฎ; ๐น๐ฒ ๐ฑ๐ฎ ๐๐ป ๐ฒ๐ท๐ฒ๐บ๐ฝ๐น๐ผ ๐บรก๐ ๐๐ฎ๐ป๐ผ.
Porque la mejor herencia no es una madre que se rompe por todos. Es una madre que enseรฑa, con su propia vida, que nadie debe desaparecer para demostrar que ama. 
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