Centro de la Felicidad El Tunal
Sábado, 6 de mayo de 2023 ó Sábado 27 de mayo de 2023.
De 8:00 a.m. a 3:00 p.m.
Centro de la Felicidad El Tunal
Sábado, 6 de mayo de 2023 ó Sábado 27 de mayo de 2023.
De 8:00 a.m. a 3:00 p.m.Bogotá, referente internacional en cultura
La Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte (SCRD) ha invitada a España por el Instituto de Cooperación Internacional y Desarrollo Municipal (INCIDEM) y el Ayuntamiento de Madrid, para ser reconocida como ser un referente cultural internacional, gracias al proyecto Red Distrital de Distritos Creativos: una estrategia con enfoque de género y derechos humanos, para la reactivación social, cultural y económica en Bogotá, como respuesta a la crisis generada por la pandemia, el cual ha ejecutado en conjunto con estas organizaciones españolas.
La visita está programada desde el próximo lunes 24 hasta el viernes 28 de abril, en este tiempo participaremos en dos intercambios técnicos entre los equipos de la SCRD e INCIDEM. En estas reuniones ambas entidades compartirán experiencias significativas sobre el desarrollo de acciones, políticas y proyectos en el sector cultural y creativo en los diversos territorios del Distrito Capital, Madrid y Barcelona.
Gracias a este proyecto, que se ha desarrollado en conjunto con las dos instituciones españolas desde 2022, ha sido posible impactar positivamente en diversas mujeres de los cinco Distritos Creativos priorizados (La Candelaria – Santa Fe, Centro Internacional, Teusaquillo, Diverso La Playa y San Felipe) y del resto de la ciudad.
“Desde el año pasado venimos trabajando en este proyecto junto a INCIDEM y el Ayuntamiento de Madrid, el cual nos ha permitido certificar a 99 mujeres en competencias empresariales y emprendedoras, en un programa de 80 horas de formación impartido por la Universidad Pontificia Bolivariana. También hemos podido beneficiar a 6 mujeres de nuestros Distritos Creativos con incentivos económicos de 60 millones de pesos, y brindarles un acompañamiento en las etapas de desarrollo de sus propuestas. Los 6 proyectos incrementaron sus ventas e ingresos en promedio en un 20%, y 4 de ellas alcanzaron incrementar sus ventas entre un 8% y un 60%.”, agregó Catalina Valencia, secretaria de Cultura, Recreación y Deporte.
Para esta visita se definió, en conjunto con INCIDEM, una agenda técnica y una agenda bilateral con el objetivo socializar las experiencias significativas en la ciudad de Madrid y Barcelona en modelos de gobernanza del sector cultural, en los que el Estado aporte a la sostenibilidad de los procesos territoriales en la ciudad.
En el mes de septiembre de 2023 se tiene programada una visita técnica a la ciudad de Bogotá para que miembros de la comitiva de INCIDEM y del Ayuntamiento de Madrid puedan conocer las experiencias de trabajo en red con enfoque de género, lideradas por mujeres en el sector cultural y creativo, y visitar los procesos de fortalecimiento en el marco del proyecto de cooperación.
Esta será una oportunidad para transferir los conocimientos relacionados con los modelos de gobernanza y asociatividad liderados por la Red de Distritos Creativos de Bogotá, así como otros programas y proyectos de impacto social y cultural de la SCRD con mujeres emprendedoras de este sector. Este intercambio técnico permitirá socializar resultados y establecer posibles alianzas a futuro.
🟣 Mujeres líderes de unos 30 países han fundado en #México la primera “Internacional Feminista” @internacionalfeminista, un proyecto transfronterizo político que sostiene la #igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas.
Luego de un trabajo conjunto entre las entidades culturales, como resultado de espacios de consulta con las y los agentes culturales y creativos de Bogotá, se construyó la Guía para la prevención de las violencias basadas en género, una invitación a ser partícipes de la transformación de las estructuras de la sociedad, para eliminar y superar realidades basadas en relaciones de poder inequitativas y violentas en la cultura.
De acuerdo con la ONU, la violencia basada en el género constituye una violación a los derechos humanos, a la igualdad y la libertad, limita el acceso a recursos, oportunidades de desarrollo y posibilidades de participación en la vida pública, social y cultural.
Según estudios recientes sobre el sector audiovisual en Colombia, en casi 60 años, la participación de las mujeres en creaciones cinematográficas ha sido tres veces menor respecto a la de los hombres. Esa misma investigación, realizada por Killary Lab, mostró que en 1 000 proyectos participantes del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, las mujeres directoras representaron el 25% y las guionistas el 23%. Además, la brecha salarial entre mujeres y hombres en el cine es del 25%.
Uno de los espacios de conversación pública que influyó en la creación de la Guía fue #IdeasAudaces, una iniciativa de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (SCRD) que tuvo como objetivo recoger propuestas ciudadanas para definir nuevos horizontes del Fomento. La necesidad de reflexionar sobre el tema y diseñar acciones conjuntas para la prevención de violencias y exclusiones de género en los espacios creativos y culturales, fue un eje fundamental de las conversaciones que dejó clara la necesidad de fortalecer el enfoque de género en los programas de fomento y generar instrumentos para la reflexión y la sensibilización en los entornos creativos.
"Tener una guía enfocada en disminuir las violencias de género desde el sector Cultura es muy importante y valioso, ya que a través de ésta y junto con otras acciones que se desarrollan desde la Secretaría podemos contribuir a hacer de este mundo diverso un lugar más tranquilo donde todos y todas podemos realizar cualquier tipo de proyectos sin miedos y sin estigmas", comenta Catalina Valencia, secretaría de Cultura, Recreación y Deporte.
Como resultado, la Guía para la prevención de las violencias basadas en género busca aportar herramientas para que artistas, gestoras, gestores, creadoras y creadores puedan indagar sobre las formas de organización y conexión en sus espacios de trabajo, así como sobre los proyectos y relatos que reproducen.
La Guía para la prevención de las violencias basadas en género es una apuesta de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (SCRD), el Instituto Distrital de las Artes (Idartes), la Orquesta Filarmónica de Bogotá, la Fundación Gilberto Álzate Avendaño (FUGA) y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC).
No es sencillo ser hija de un hombre machista. Mucho menos, asumirlo como un elemento que formará parte de tu vida y que, con toda seguridad, te afectará de una manera u otra. Me ocurrió siendo muy pequeña: cuando tenía ocho años, mi padre me dijo que las mujeres eran muy poco hábiles para los deportes y que no debía seguir insistiendo en participar en los improvisados juegos de béisbol que organizaban mis primos. Me lo dijo con la mejor intención del mundo y me recomendó “volver con mis muñecas”. Ni siquiera me gustaban las muñecas. Las pocas que tenía estaban olvidadas en un rincón de mi habitación.
—Pero siempre agarro las pelotas cuando las tiran —le expliqué impaciente— y corro muy rápido también. Puedo jugar.
—No, no puedes. Te vas a caer, lastimar las rodillas y después te pondrás a llorar —me aseguró—, no quiero que después estés por allí toda adolorida.
Dijo todo eso a pesar que hacía un par de meses atrás me había fracturado el brazo y no había llorado ni una sola vez. Incluso cuando una de mis maestras me tomó de la muñeca e intentó ayudarme, provocándome un dolor terrible. Había apretado los labios y de alguna forma había contenido el torrente de lágrimas que me cerró la garganta. Me enfurecí.
—¡Voy a jugar! —le reclamé a los gritos— ¡Yo quiero jugar!
Terminé castigada en un rincón de la enorme casa de una de mis tías, mirando por la ventana cómo mis primos se divertían corriendo de un lado a otro y arrojándose la pelota entre ellos. Mi padre se sorprendió de que aún estuviera enfurruñada por haberme prohibido jugar con la pandilla de chicos.
—¡Pero es lo normal! ¡Eso no lo hacen las niñas! —me intentó explicar—. Una niña no es buena en usar el guante ni el bate. No tiene la fuerza ni tampoco le gustan esas cosas. No seas malcriada.
Pasé semanas colérica y entristecida, obsesionada con la idea de que había algo realmente mal en mí que hacía que no me comportara de la manera como según mi padre debía hacerlo. Era un pensamiento triste y angustioso que me llevó esfuerzos sobrellevar, sobre todo porque venía a significar que era un bicho raro o peor aún, que no encajaba en ningún lugar.
Finalmente me armé de valor y le conté a mi abuela lo que me estaba preocupando: la inquieta posibilidad que hubiera cosas —como jugar béisbol, por ejemplo— que una niña de mi edad no podía hacer. Ella me dedicó una mirada desconcertada y luego se echó a reír.
—Por supuesto que puedes jugar béisbol y cualquier otra cosa que quieras y puedas —me respondió— eres una niña sana y muy despierta. ¿Por qué no podrías hacerlo?
—Mi papá dice que no es cosa de niñas normales.
—Las niñas normales están llena de curiosidad y quieren hacer muchas cosas. Y no hay nada que impida lo hagan, como no sea el prejuicio de alguien más — me explicó. No entendí mucho que quería decir, pero sí tuve claro lo principal: no estaba mal que quisiera jugar con mis primos. Me entusiasmé.
—¿O sea, puedo jugar pelota y fútbol y esas cosas?
—Por supuesto que puedes. Pero sólo si quieres.
Sí quería, por supuesto. Al día siguiente, mi abuela invitó a mi pandilla de primos y les ofreció el amplio jardín de su vieja casona para jugar. Y ninguno de ellos pareció muy sorprendido —aunque sí un par que me dedicaron miradas burlonas— cuando les pedí jugar pelota con el grupo. Mi primo mayor soltó una risita malintencionada.
—Tienes que ser muy rápida para atajar y lanzar la pelota.
—Soy rapidísima —le aseguré. Me hizo un guiño malicioso.
—Vamos a ver.
Resultó que no era tan rápida como yo creía, pero sí tenía un brazo fuerte y un talento natural para arrojar la pelota en línea recta a donde me indicarán. Confusa, un poco avergonzada por no conocer la mayoría de las reglas del juego, me las arreglé para no dejar caer ninguna de las pelotas y asegurarme de que siempre la atajara quien tuviera que hacerlo. Mis primos se tomaron mi entusiasmo como un buen síntoma y, aunque siguieron burlándose de mis piernas flacas y mi cabello en punta, comenzaron a considerarme un miembro más de los desordenados equipos del juego. Para el final de la tarde, nadie parecía recordar que era la prima más pequeña y todos me habían aceptado como uno “más de la pandilla”. Bueno, más o menos.
—Eres una niñita loca. ¿Cómo es que te gustan estas cosas? —preguntó uno de mis primos mientras bebíamos el jugo de naranja que mi abuela había preparado para nosotros. Me encogí de hombros.
—Porque me gusta —respondí, porque realmente no tenía ninguna otra explicación. Mi primo me dedicó una mirada sorprendida.
Muchos años después recordaría esa tarde como la ocasión en que había comprendido —aunque no lo supiera por entonces— que el mundo está lleno de restricciones, ideas limitantes y, sobre todo, roles artificiales que limitan el comportamiento de la mujer. Una y otra vez me tropezaría en el futuro con ese restringido punto de vista de mi padre sobre mi libertad personal y lo enfrentaría hasta comprender que no sólo podía hacerlo, sino que era necesario. Y que la mayoría de las veces, esa estructura que define lo que una mujer puede y debe ser, comienza desde el lugar menos esperado: la forma en la que sus padres y su familia le comprenden. Una idea dolorosa que todas las mujeres del mundo han enfrentado alguna vez y con la que la mayoría continuará luchando durante el resto de su vida. Y es que la percepción sobre lo femenino desde lo tradicional —esa percepción casi primitiva sobre el papel que una mujer puede desempeñar— parece ser parte de una serie de valores y percepciones muy distorsionados que se perpetúan de generación en generación.
En un país de mujeres y hombres conservadores como el mío, es difícil enfrentarse a esas pequeñas pero dolorosas percepciones sobre la identidad y el género. Sobre todo, cuando la mayoría de las veces son ideas que se asumen “naturales” y hasta socialmente necesarias. De padres que no dudan en criticar y restringir el comportamiento de sus hijas en beneficio de un deber ser difuso que poco o nada tiene que ver con la realidad.
Como me ocurrió a mí, un considerable número de mujeres se enfrentó durante su infancia a toda una serie de mensajes que intentaron limitar su libertad personal y hasta intelectual bajo el insistente argumento: “no es lo que hace una mujer”. Una situación dolorosa y la mayoría de las veces difusa que deja heridas considerables que lleva tiempo y esfuerzo cicatrizar.
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