lunes, 25 de enero de 2021
sábado, 23 de enero de 2021
#MujeresenlaHistoria
jueves, 21 de enero de 2021
Cultura
La escritora colombiana Pilar Quintana gana el Premio Alfaguara 2021 por ‘Los abismos’
Con su relato, la autora de ‘La Perra’ sigue cosechando reconocimientos de gran relevancia.
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| Pilar Quintana, ganadora del Premio Alfaguara 2021. - Foto: La novela “Los abismos” le significa hoy a la escritora Pilar Quintana el Premio Alfaguara 2021. El jurado de esta edición 24, presidido por Héctor Abad Faciolince fue integrado por Irene Vallejo, Cristina Fuentes La Roche, Ana Merino, Xavi Ayén, Xabier Vidal, y Pilar Reyes (con voz pero sin voto), consideró que la novela Abad Faciolince compartió que si bien no fue fácil llegar a una deliberación, tampoco fue difícil. Compartió detalles de la decisión y de la tabulación, que “no suelen compartirse”. El premio consta de 1750.000 dólares, una escultura y la publicación simultánea por todo el mundo de habla hispana. Su plan de difusión es digno de los estrenos más importantes de la editorial, cuyo alcance es global. Este también aseguró que el escrito de Quintana se destaco entre los 2.428 manuscritos (1.293 desde España, 419 de Argentina, 259 de México, 187 de Colombia y más entradas de Chile, Perú, Uruguay, y Estados Unidos). El año pasado, el premio lo ganó Salvar el fuego, de Guillermo Arriaga, y llegara a italiano, francés, holandés y muchos otros idiomas. El jurado ha destacado que Los abismos “se adentra en la oscuridad del mundo de los adultos a través del punto de vista de una niña que, desde la memoria de su vida familiar, intenta comprender la conflictiva relación entre sus padres. Con el telón de fondo de un mundo femenino de mujeres atadas a la rueda de una noria de la que no pueden o no saben escapar, la autora ha creado una historia poderosa narrada desde una aparente ingenuidad que contrasta con la atmósfera desdichada que rodea a la protagonista. Con una prosa sutil y luminosa en la que la naturaleza nos conecta con las posibilidades simbólicas de la literatura, y los abismos son tanto los reales como los de la intimidad”. |
La escritora
Pilar Quintana (Cali, Colombia, 1972) ha publicado cuatro novelas: Cosquillas en la lengua (2003), Coleccionistas de polvos raros (2007), Conspiración iguana (2009) y La perra (2017), y la colección de cuentos Caperucita se come al lobo (2012 y 2020). En 2007 fue seleccionada por el Hay Festival entre los 39 escritores menores de 39 años más destacados de Latinoamérica. En 2010 recibió el VIII Premio de Novela La Mar de Letras por Coleccionistas de polvos raros. En 2011 participó en el International Writing Program de la Universidad de Iowa como escritora residente y en 2012 en el International Writers Workshop de la Universidad Bautista de Hong Kong como escritora visitante.
Sus cuentos han sido traducidos a varios idiomas y han aparecido en revistas y antologías de América Latina, España, Italia, Alemania, Estados Unidos y China. Su novela La perra, que está traduciéndose en catorce países y de la que se han vendido los derechos audiovisuales, recibió el Premio de Narrativa Colombiana en 2018 y fue finalista de los National Book Award en 2020.
Los abismos
Una niña contempla con una agudeza y una sensibilidad extraordinaria el conflictivo matrimonio de sus padres. Entre la actitud desdeñosa y las confidencias imprudentes de ella y la amargura y el silencio obstinado de él, intenta construir la realidad que la rodea, conjeturando, adivinando, interpretando lo que no le dicen, o lo que le cuentan a medias. La vida de Claudia transcurre con normalidad en Cali, una infancia sin preocupaciones, como tantas otras, porque todas las familias felices se parecen. Pero como cada una es infeliz a su manera, de repente irrumpe en la ecuación alguien ajeno a ella que acaba con la armonía. Y entonces ocurre: la vida se convierte en otra cosa cuando se quiebra la línea recta del camino, desbaratada en favor de esos monstruos sin nombre, martilleos constantes hacia la agonía de sufrir cada minuto y acariciar los abismos, fríos, crueles, invisibles y despiadados. Con el telón de fondo del estrecho universo femenino formado por mujeres acomodadas a su vida, que no pueden romper con una educación de otro tiempo, Pilar Quintana ha construido una novela intimista, con una voz narradora deslumbrante en su ingenuidad que, desde la memoria del hogar, conduce al lector por las obsesiones que pueblan la niñez de la que la protagonista se está despidiendo.
Los otros colombianos que ganaron el Premio Alfaguara
Pilar Quintana se suma a otros tres reconocidos escritores en llevarse el premio, cuyas letras alcanzan a 550 millones de lectores en el mundo.
El Premio Alfaguara comparte su historia de manera completa en su sitio web, y parte de su nombre y su filosofía. “Alfaguara, sello fundado en 1964 y que forma parte de Penguin Random House Grupo Editorial, ha tenido siempre la vocación de unir la literatura en español construyendo un camino de doble sentido para los libros publicados a ambos lados del Atlántico. El Premio Alfaguara responde a este objetivo editorial y cultural. Fue creado en 1965 y relanzado en 1998 por el periodista y escritor Juan Cruz, que ocupó la dirección literaria de Alfaguara entre 1992 y 1998, y en estos veintitrés años de andadura más de 2.100.000 de lectores han podido disfrutar de las obras ganadoras, que han destacado cada año por su alta calidad literaria. En sus veintitrés ediciones, el Premio Alfaguara de novela ha conectado a través de la literatura a la comunidad global de lectores en español creando un camino de ida y vuelta entre España y América Latina.”.
Por estas razones, el galardón se considera “un premio global”, cuyas letras premiadas alcanzan a 550 millones de lectores.
Estos son los escritores colombianos que, además de Ricardo Silva Romero, han ganado el reconocimiento.
Laura Restrepo, por Delirio - 2004
Según el jurado (presidido por José Saramago, e integrado por Josefina Aldecoa (secretaria), Javier Cercas, Juan Cueto, Paz Alicia Garciadiego, Juan González y Daniel Samper Pizano), se trata de “Una obra completa, en la que caben la tragedia y el humor, las pasiones más bajas y los sentimientos más altruistas, la crueldad y la solidaridad. Un caleidoscopio de la sociedad moderna, centrado en la realidad compleja y exasperada de Colombia”.
Las Mujeres en la Historia
| Simone de Beauvoir participa en una manifestación feminista celebrada en París en 1971. |
Ya no hay excusa para ignorar a las filósofas en el curriculum educativo
¿Dónde están las mujeres en la historia? ¿Qué lugar ocupan su saber y sus logros en el curriculum escolar? Los estudios indican que su ausencia es más clamorosa según se avanza en las etapas educativas. No es extraño terminar el bachilerato con dificultades para citar a una sola filósofa a menos que se haya tenido la suerte de conicidir con una enseñante feminista.
Consciente de este problema, la profesora de Filosofía en Secundaria Lola Cabrera Trigo ha elaborado un manual que, al lado de “los trece autores que la LOMCE propone como la columna vertebral de nuestra materia” y que “son, sin lugar a duda, algunas de las cabezas más importantes de nuestra historia”, sitúa también a pensadoras contemporáneas “en diálogo” con cada uno de ellos.
Abierto a aportaciones
Cuando no ha sido posible encontrarlas, se han incorporado reflexiones de historiadoras de la filosofía con una “perspectiva novedosa acerca de cada autor o corriente filosófica, o a filósofas que, no siendo exactamente contemporáneas, sí pertenezcan al mismo periodo y hayan reflexionado sobre temas similares”.
El libro de texto, que se puede descargar aquí y está abierto a aportaciones, pretende, según su autora, “transformarse en un guión para todas aquellas profesoras y profesores de Historia de la Filosofía que perciban que existe una carencia en la manera de afrontar el estudio del pensamiento occidental”.
Es una base para “empezar a poner a nuestro pensamiento ante el tribunal de sí mismo e iniciar un modelo sin exclusiones”
Esa carencia no es otra que la exclusión de las mujeres, lo que “aparte de empobrecer el conocimiento sobre nuestro pasado -subraya la autora-, pone en evidencia la escasa voluntad de ciertos sectores en variar el rumbo de lo que ha sido una dinámica de marginación silenciosa de la mitad de la población pensante: las mujeres”.
Se trata, explica Cabrera, de una base para “empezar a poner a nuestro pensamiento ante el tribunal de sí mismo e iniciar un modelo sin exclusiones”, a fin de “poder determinar hasta qué punto la historia de la filosofía podría haber sido distinta con la aportación de las mujeres, y, finalmente, para hacer un análisis crítico del lugar al que nos ha conducido este pensamiento hecho por y para filósofos, es decir, una sociedad patriarcal”.
Filósofas enimentes
El manual pone en diálogo a Platón con Diótima de Mantinea, a Aristóteles con Hiparquía de Maronea, a Agustín de Hipona con Hypatia de Alejandría, a Tomás de Aquino con Hildegarda de Bingen y Margarita Porete; a Maquiavelo con Christine de Pizan y Teresa de Avila; y a Descartes con Isabel de Bohemia, Madeleine de Scudéry, Madame de Sablé, La Marquesa de Sévigne, Sor Juana Inés de la Cruz y Madame de Lambert.
A Rousseau con Madame de Châtelet y Mary Wollstonecraft; a Hume con Mary Astell; a Kant con Olympia de Gouges; a Marx con Flora Tristán, Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo; a Nietzsche con Lou Andreas Salomé y Madame Blavatsky; a Ortega y Gasset con María de Maeztu y María Zambrano; a Habermas con Hannah Arendt, Agnes Heller, Edith Stein, Simone Weil y Simone de Beauvoir.
La recopilación añade apéndices consagrados a Virginia Woolf y a la española Marina Garcés.
miércoles, 20 de enero de 2021
Opinión
La Soledad y la Desolación, por Marcela LagardeNos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos. Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes “¿Te vas a quedar solita?”, “¿Por qué tan solitas muchachas?”, hasta cuando vamos muchas mujeres juntas.
La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.
Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.
Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica par la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación.
La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.
Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona.
Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas. La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo.
La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe..
Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con los otros; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otros.
Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad.
Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar.
Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático. Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres.
No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia. El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película “Nostalgia” habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene.
Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres.
El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.
En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente.
La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.
Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía.
Tenemos que deshacer el monólogo interior. Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: “le digo, me dice, le hago”. Se trata más bien de pensar “aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué” que son preguntas vitales de la existencia.
La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida. Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental. y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad.
Mirada como un estado del ser –la soledad ontológica– la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia. Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir.
Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros.
El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres. Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.
Una demanda típicamente femenina es que nos “acompañen” pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros.
martes, 19 de enero de 2021
!Mujeres que inspiran¡
ROSARIO PINO
Cuando subirse a la bici era pecado para las mujeres: Rosario Pino, la actriz española pionera del ciclismo
Rosario Pino fue una mujer libre. Actriz a finales del XIX y principios del XX, esta malagueña constituyó también una de las pioneras en el uso femenino de la bicicleta, algo que resultaba revolucionario para su época.
domingo, 17 de enero de 2021
Cultura
6 MUJERES QUE HAN ESCRITO LA HISTORIA DE LA MÚSICA COLOMBIANA
Fotos: Andrea Echeverry Marta Gómez - Colprensa. Junio 2018.
Por: Alejandra Restrepo
En Colombia las mujeres en la música han sido más que inspiración. Algunas de las mejores canciones de corte popular han venido de sus letras, las voces que recordamos y que nos llenan de alegría en las fiestas hogareñas, provienen de ellas.
Composición de María Isabel Saavedra Vallecaucana, al menos 170 de sus canciones han sido grabadas en voces como la de Andrés Cepeda, Oscar D’leon, Ilona, Rey Ruiz, y otros. Más de 20 años tiene de carrera y 15 producciones discográficas propias. Matilde Díaz En 1924, en Cundinamarca, nació la voz que marcó una época para los salones de baile del continente americano. La primera mujer colombiana en hacer parte de una gran orquesta, la de Lucho Bermúdez, amiga de Celia Cruz, con quien compartió muchos de sus triunfos. Sin ella no hubieramos disfrutado de ‘Salsipuedes’, ‘Embelezo’, ‘Te busco’, ‘Caprichito’, ‘Tina’, ‘San Fernando’ y otros éxitos de la orquesta. Marta Gómez Esta vallecaucana, que realmente nació en Girardot, pero se crió en Cali, en los últimos 10 años ha dejado a Colombia en boca de todos, sus letras, voz y sentido social han creado un movimiento musical seguido y replicado por muchos. Nominada a premios Grammy y Billboard, con más de 10 discos de estudio y en los listados de World Music, sus canciones están siempre en lo más alto de los conteos. Adriana Lucía Desde pequeña esta mujer de El Carito (Lorica - Córdoba), ha estado interesada en la música de su región, tuvo una etapa muy importante en el vallenato, género en el que pocas mujeres han incursionado con éxito. Pero sus amores musicales se inclinaron más hacia el porro creando un género al que ella llama ‘Porrock’. En los años recientes su nombre es fundamental para el folclor juvenil del país. Helenita Vargas Sofía Helena Vargas Marulanda, ‘La ronca de oro’ marcó una época y le dio razones a las mujeres para mostrar su fortaleza, no solo por su voz fuerte y grave, sino por su porte y actitud. Helenita Vargas fue sin duda un modelo de mujer a quien la música le dio herramientas para defenderse y ayudar a otras mujeres a sentirse respaldadas. Andrea Echeverry Andrea Echeverry es una bogotana que ha sido modelo de mujer inspiradora, con un discurso femenino, maternal, pero aguerrido, sin clichés. Desde lo más profundo del pensamiento punk, hasta lo más romántico de los boleros que canta al lado de su mamá. La maternidad, la mirada femenina fuera de los cánones que obliga la sociedad, la lucha por el cuidado del medio ambiente, la forma de hablar, de mostrarse, de escribir, sus creaciones artísticas, mantienen un camino que no solo lleva a amar su música, sino a seguir sus pasos como mujer y como colombiana. |
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