lunes, 29 de agosto de 2022

Feminismo

 



Mujer emiratí se convierte en la primera comandante de una aeronave comercial en los Emiratos Árabes Unidos.
La piloto de Etihad Airways, Aisha Al Mansoori, se ha convertido en la primera capitana emiratí de los EAU en una aerolínea comercial, anunció la aerolínea nacional al celebrar los logros de las mujeres emiratíes esta semana.
Este es un hito importante para la aviación dentro de los Emiratos Árabes Unidos y parte de los esfuerzos de Etihad para expandir los roles de las mujeres en la aviación, en particular en la comunidad de pilotos. Y no solo eso, sino que será comandante de un Airbus A380, formando parte del selecto grupo de pilotos que tienen a su cargo el avión comercial de pasajeros de mayor capacidad, considerado un súper jumbo.
Para obtener el ascenso a capitán, Aisha de 33 años de edad completó el riguroso programa de controles internos de Etihad y de horas de vuelo requeridas para ser comandante. Aprobó con éxito los exámenes teóricos y de vuelo de la autoridad de aviación civil de los EAU y se convirtió oficialmente en la primera capitana emiratí en obtener una licencia de piloto de transporte aéreo.

domingo, 28 de agosto de 2022

Feminismo

 En el universo machista las mujeres nunca seremos estrellas…

Dedicado a mis vecinos misóginos Maquiavelo de Otoño y su fiel compañero Perrito de Taxi, quienes me mantienen excluida del chat del edificio por ser feminista y defender mis derechos.

 Aunque se considere un tema reiterado hablar sobre la discriminación sexista estructural contra las mujeres, resulta que es un tema inagotable como inacabable son las múltiples formas de violencia machista que sufrimos las mujeres por ser mujeres aunque ni siquiera seamos conscientes de ellos. Cómo decía Rosa de Luxemburgo: si no te mueves no sientes las cadenas que te aprisionan…

Por eso las feministas somos rechazadas, por incómodas, por no ser condescendientes con machos cabríos o sus compañeras las acunapenes, por no callarnos y decir lo que pensamos, cuando lo pensamos y como lo pensamos, somos ese diente que se le rompió al engranaje, las disonantes e inarmónicas con la melodía machista y misógina que canta toda la sociedad.

Pero esta rebeldía contra el sistema, ser renegadas y cimarronas tienen un alto costo, además de la soledad está el rechazo en diversos ámbitos: para la familia somos las ovejas negras descarriadas, en el trabajo o en la comunidad somos las brujas conflictivas que siempre ponen peros y andan reclamando sus derechos, y si se trata de parejas afectivas, ni qué hablar, primero nos admiran por ser mujeres “decididas y resolutivas” pero luego se lo piensan mejor porque eso de tratarnos en igualdad es muy cansón para muchos hombres, ellos las prefieren sumisas y aquiescentes.

Así que la mayoría andamos por el mundo cual llaneras solitarias porque realmente, seguirnos el paso cuesta, no porque sea difícil sino porque respetar la dignidad humana e igualdad que tienen todas las personas no es natural, es un esfuerzo consciente por ser diferente a lo que manda la sociedad, nadar contracorriente exponiéndose a las críticas y burlas, implica ser y pensar diferente, y este esfuerzo, muchos hombres prefieren no hacerlo, se sienten muy cómodos en ese universo machista donde tienen asegurados sus privilegios, ellos son los soles alrededor de los cuales giran todas sus prerrogativas, ¿para qué cambiar si son beneficiados?.

La misoginia y el machismo se manifiestan de muchas formas, y ocurren contra todas las mujeres independientemente de su edad, clase social, orientación sexual o parentesco. Desde el señor que te exige airadamente que le pagues por “cuidarte el carro” cuando estacionaste en la vía pública y si no lo haces te amenaza con dañar tu propiedad o causarte daño físico pasando por ese compañero de trabajo abusador que te recarga de tareas a cuenta de que él es hombre, o ese vecino mal viviente que cree que porque no tienes pareja él puede molestar impunemente tomándose atribuciones que no le corresponden con tu propiedad… Las mujeres hemos visto y sufrido de todo!! Estamos curadas de espantos!

Aun cuando la misoginia, el machismo y la violencia sexista contra las mujeres están en todas partes, no es tomada en cuenta en las leyes y ordenanzas que tienen qué ver con la convivencia ciudadana. No hace falta que un hombre sea pareja o familia de la mujer agraviada, en las comunidades donde vivimos, entre vecinos también ocurren situaciones donde están presentes los estereotipos de género y ocurren violencias machistas contra las mujeres.

Basta que los caballeros en un edificio detecten a una damisela sin pareja (según su interpretación machista eso significa “mujer sola que no tiene quien salga a meter golpes por ella”) para que puedan ocurrir abusos, como el que expongo en la dedicatoria de éste artículo: Maquiavelo y su secuaz Perrito de Taxi abrieron un chat diferente al de la junta de condominio porque les molestó que no permití algo ilegal cuando ocurrían las protestas por allá en el 2017… Lograron que la comunidad migrara del chat original administrado por la junta de condominio a ese de ellos, dejando fuera a quienes ellos quisieron, es decir, a mí, resultando que estoy excluida de las noticias de lo que ocurre en el edificio injustificadamente, lo cual viola mi derecho a la información… Pues yo los espero en la bajadita!

Porque si ese chat no lo maneja la junta de condominio, no es entregada su administración cuando cambian los integrantes de la junta y sobre todo, no están todos los copropietarios en él, no es válido como canal de comunicación para efectos legales… Ellos se creen muy inteligentes, ya les llegará su hora, de cualquier manera siempre les llega a todos los abusadores!

Invariablemente, cuando una mujer defiende y reclama sus derechos es apartada, descalificada, silenciada, ignorada… Que entre otras leyes, las relacionadas con la convivencia ciudadana tuvieran la perspectiva de derechos de las mujeres (feminista) contribuiría a evitar injusticias y subsanar una vieja deuda pues para que la igualdad sea real y efectiva todas las personas tenemos que tener recursos que la hagan exigible y justiciable. Tanto en las policías o en la propia fiscalía no hay manera de que se entienda que un problema entre vecinos puede ocurrir por machismo y misoginia, obviamente, los señoros quedan impunes agrediendo a cuanta mujer les dé la gana y ellas, no tienen cómo defenderse.

Por eso recomiendo a mis estimadas mujeres que puedan estar en semejante situación: búsquense un perro, de mediano a grande, de esos que inspiran respeto, ese es el marido cuadrúpedo que necesitan para disuadir abusadores!! Si tienen menos de 40 serán llamadas “la señora del perrito”, si son de 50 años o más serán “la vieja del perro malacara”, no importa! Aquí se cumple perfectamente eso de que un perro es el mejor amigo de una mujer sola!! No habrá vecino malviviente que se propase!! El mío es medianito y mantiene a raya a unos cuantos!! Desde que lo tengo hace 9 años, santo remedio!

En este universo machista no somos bienvenidas, ni siquiera toleradas, para ellos apenas tenemos la opción de ser lunas que reflejen el brillo de sus soles, han pasado siglos y ellos aún no lo entienden, que no aceptamos seguir siendo consideradas ciudadanas de segundo orden, existimos, estamos y ocuparemos los lugares a los que tenemos derecho. En palabras de Amelia Valcárcel: tenemos derecho a la mitad de todo! Y aunque tengamos que hacernos las tontas y desarrollar estrategias para lograr que nos respeten, seguiremos incomodando, expresando lo que pensamos y llevándole la contraria evidenciando que no son tan inteligentes como ellos se creen…

La experiencia de los años y de tanta discriminación machista nos ha curado la piel y ha enseñado a tener la paciencia de los caimanes en boca de caño: con cabeza fría las revanchas salen mejor…

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sábado, 27 de agosto de 2022

Opinión

 ‘Las feministas tenemos que ser optimistas’: Florence Thomas

La psicóloga y activista recordó su vida y su lucha por los derechos femeninos en El cine y yo. 

Apunto de cumplir 80 años, Florence Thomas luce vital, lúcida y sintonizada con las jóvenes que le piden autógrafos y selfis, como si de una estrella del reguetón se tratara. Su presencia no solo llenó la Sala Capital de la Cinemateca de Bogotá durante la grabación de la charla El cine y yo, sino que se prolongó otra media hora, mientras atendía a sus admiradoras.
 

“Yo sé que no me queda mucho camino –dijo–, pero me hace muy optimista sobre el feminismo ver hijas, nietas y biznietas ‘mías’ que siguen adelante. Lo que llamamos la cuarta ola del feminismo”.

Con su acento nasal de Normandía y las erres convertidas en g, sus palabras inspiraron a las mujeres que retoman sus ideas: “Hoy ellas trabajan de una manera distinta, con performance, con las redes sociales. ¿Nosotras qué teníamos para impactar el medio? No existían los celulares, las redes, nada. Teníamos las marchas, que hacíamos con 20 mujeres en la carrera 7.ª gritando: ‘Mi cuerpo es mío’. Y todo el mundo se burlaba de nosotras desde los andenes. Ahora son muchísimo menos vulnerables. Ellas han recibido nuestra herencia”

La vida de Florence Thomas en Francia

¿Cómo fue su infancia?


Nací en 1943, en pleno bombardeo alemán sobre la ciudad de Rouen, que es una ciudad muy cercana a París. Había una catedral magnífica y todo se derrumbó. Estuve volviendo a pensar en ello a raíz de la guerra en Ucrania, porque mis hermanos, que eran mayores, vivieron exactamente lo mismo que están viviendo los niños ucranianos: las sirenas, bajar al sótano, los refugios. Yo acababa de nacer, por supuesto no me acuerdo, pero fui alimentada con historias de guerra.

¿Le gustaba el cine?


Mi papá había nacido en 1902 y contaba que cuando él tenía algo más de 10 años se dio el inicio del cine en Francia. Y él pensaba que el cine iba a ser una nueva religión. No se equivocó, ¿verdad? En ese tiempo era muy extraño ir a cine, porque primero había anuncios de publicidad y paraban diez minutos. Prendían las luces y vendían golosinas, helados. Un intermedio como en el teatro. Luego sí arrancaba la película.

¿Cómo llegó a París?


Yo creo que escogí estudiar psicología porque sabía que no se podía terminar en Rouen. Quería ir a París, era la década de los 60, estaban Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Michel Foucault, Barthes... todos los grandes filósofos del momento. Para mí era muy importante ir a París y hacer una maestría.

Amor por Colombia

Paradójicamente, su ciudad soñada terminó siendo una escala hacia Suramérica. En París conoció el amor que le deparó una nueva nacionalidad:

En los 60, debía haber seis o siete estudiantes colombianos en París. Y yo me enamoré de uno. Ese colombiano hacía una maestría en Psicología Industrial mientras yo hacía una en Psicología Social. Teníamos clases en común de estadística, economía y todo eso. Un día me invitó a tomar un café y me pareció muy inteligente, muy chévere. Cuando me dijo que era de Colombia, yo no sabía dónde era eso, porque los franceses éramos nulos en geografía. Por la noche, miré el atlas y al otro día lo sorprendí: ‘Oh, sí, Bogotá, 2.600 metros sobre el nivel del mar’. Así cayó y... París se volvió una fiesta. Como el amor es loco, luego me metí en un avión y llegué a Colombia.


¿En qué momento se dedicó al feminismo?



Cuando llegué a Colombia, a finales de los 60, me sorprendió mucho, porque no había una sola fisura en este muro patriarcal. Yo había vivido en París, donde los debates eran diarios, ya se hablaba del aborto. Pero en Colombia encontré madres, no mujeres ciudadanas con derechos. Mujer era igual a madreY no encontré hombres tampoco: encontré machos. En esos primeros ocho años, yo no era feminista. Trataba de aprender lo mejor posible el español, de dictar clases en momentos muy difíciles para la Universidad Nacional. Y con todo eso trataba de entender la complejidad de este país. Solo al final de los 70 escuché hablar de un grupo llamado Cine Mujer, con Sara Bright, Clara Riascos y Eulalia Carrizosa.


¿En algún momento pensó en devolverse a Francia?


No. Tuve la suerte de enamorarme muy rápidamente de este país. Primero, de lo que me tocó hacer: la docencia. Para mí, es un asunto de seducción, por eso fue terrible la pandemia, tener que ver cuadritos negros en las clases virtuales. Luego, en los 80 se construyó el grupo Mujer y Sociedad en la Universidad Nacional, un grupo de investigación. Al principio éramos 6 o 7 mujeres, después 10 y actualmente somos 14, casi todas tenemos 70 años o más. Ahí pude realmente sentir lo que había que hacer en este país. Pero quiero ser clara: no soy pionera del feminismo en Colombia, ya habían empezado otras, como Chris Suaza y su grupo; en 1979 se creó la Casa de la Mujer, en fin. Mujer y Sociedad fue el primer grupo académico feminista en una universidad, la Nacional de Colombia. Después hubo otros en la Universidad de Antioquia, en la del Valle, grupos de trabajo muy importantes. Empezamos con investigación y reflexión sobre el patriarcado y otros temas.

¿Temas como la identidad de género, por ejemplo?


En la reflexión sobre la construcción de nuevas identidades y nuevas masculinidades, cabe recordar que en 1949, la primera frase que escribió Simone de Beauvoir en ‘El segundo sexo’ fue: “Uno no nace mujer. Se ‘deviene’ mujer (se hace mujer)”. Es increíble: en 1949 ya abrió la vía a todo lo que fueron después los debates sobre construcción de identidades. Se empezó a entender que la masculinidad como la feminidad no son esencias, sino construcciones culturales. Incluso políticas.

 La interrupción voluntaria del embarazo

¿Cómo nació el concepto de autonomía del cuerpo femenino?



Ese es un proceso que empezó en la década de los 90, porque hubo una conferencia mundial de población y desarrollo en El Cairo. Por primera vez se habló de derechos sexuales y reproductivos y se entendió que las mujeres no se podían seguir midiendo con los mismos parámetros de los hombres. A partir de ese momento, gracias a un grupo de feministas, se empezó a discutir que debía haber derechos específicos de las mujeres. Por ejemplo, que puedan decidir si quieren tener hijos. Y vino una gran ola sobre la anticoncepción y la legalización del aborto.


Entonces, la discusión del aborto no es reciente…



No, es la historia de muchas mujeres que nos precedieron, abuelas y bisabuelas de ustedes que tuvieron que pasar solas por eso: ninguna mujer aborta con el corazón alegre. Y toda mujer que tiene que abortar lo hace por una buena razón. Nadie tiene derecho a decidir si está bien o no. Es su razón. Es lo que he peleado toda la vida: desde Eloísa y Abelardo, todas las mujeres que tuvieron amores clandestinos, o que tenían ya siete hijos y no podían tener uno más, o que tenían miles de razones. Es la historia no contada, porque la historia fue escrita por hombres.


¿Cómo llegó la discusión al plano legal?



Desde los años 70, en el Congreso hubo al menos siete proyectos para tratar de legalizar la interrupción del embarazo y todos fueron archivados en cinco minutos por la Iglesia y por este país tan conservador. En el Congreso nunca se pudo avanzar, por eso, desde el 2006 se intentó por medio de la Corte Constitucional. La carta constitucional de 1991 nos permitió cambiar de táctica. Con la Corte logramos dos grandes victorias: la del 2006, con las tres causales que todos saben, y la de 2022, con otra sentencia que despenalizó el aborto durante las primeras 24 semanas.


Se critica que 24 semanas es un plazo muy largo...


¡Nosotras pedíamos la despenalización total! (...). Actualmente en Colombia, según investigaciones muy serias, la gran mayoría de los abortos ocurre en los tres primeros meses. Incluso, al final del segundo mes. No hay muchos que vayan hasta la semana 24. Pero se decidió por miles de razones: mujeres en situación de vulnerabilidad, mujeres indígenas, mujeres que viven en territorios lejanos y no pueden acceder... Colombia no es Bogotá ni Medellín, es un montón de mujeres que no tienen la vida fácil.

Y también vimos que el modelo de las causales no funcionó. Solo el 10 por ciento de las mujeres que tuvieron un aborto en Colombia, a partir del 2006, pudieron abortar en buenas condiciones. Todas las otras fueron manipuladas, las mandaron de una EPS a la otra, les decían que no. Hay que despenalizar también la conciencia, la cultura: quitar ese estigma sobre la palabra aborto

Fueron dos maternidades deseadas, lo cual cambia todo. Y eso no me impide estar absolutamente a favor de la despenalización total del aborto. Mis dos hijos vivieron su adolescencia sin celular en las manos, sin grandes problemas. Estudiaron en un colegio muy chévere, que es el Juan Ramón Jiménez, sin himno nacional, sin misa, sin izada de bandera... No los quise poner en el Liceo Francés, ¡eso para mi mamá fue muy tenaz!


¿Sus hijos acompañaron sus luchas?


Con una mamá un poco loca, como yo, las aguantaron muy bien. No les digo que son feministas, pero son absolutamente solidarios con la causa de las mujeres. Yo no creo mucho que pueda haber hombres feministas, porque la historia de este cuerpo femenino es demasiado distinta. Es la historia de las mujeres, que fueron sombras apenas discernibles en toda la historia.

¿Con ese mensaje ha recorrido Colombia?



En los años 90 y 2000 he podido viajar desde Leticia hasta La Guajira, en municipios donde había unos alcaldes medio locos que decían: ‘Vamos a invitar a esta mujer a ver qué nos dice’. Y a veces me tocaba dictar conferencias en el parque del pueblo, con un megáfono, porque no se encontraba una sala para hacerlo. O una charla en la playa, en San Andrés, porque no había un auditorio que pudiera acoger a todas las mujeres. En Montería, por ejemplo, hice una charla sobre los derechos femeninos y cuando llegué al hotel la gente que me había invitado me dijo: ‘Te vamos a pagar una noche más de hotel, porque mañana hay algo que debes conocer: una feria de ganado’. Y me pareció muy extraño porque acababa de escribir algo sobre el reinado de belleza: es lo mismo. Las vacas desfilan y unos jurados les miran las ubres... es lo mismo.


¿Es optimista o pesimista sobre el futuro del país?



Las feministas tenemos que ser optimistas. Creemos en las utopías, que son laboratorios de ideas que nos permiten avanzar. Gracias a los grupos que encontré, a los cantos tristes de las mujeres en pleno conflicto, a la resiliencia de estas mujeres, a la suerte que tuve de conocer a muchas. Somos imparables, en verdad. Además, quiero decirle una cosa: uno no cambia el mundo solo. Actualmente me parece que hay un ambiente en el país que nos permite ser optimistas, sin perder la mirada crítica.

viernes, 26 de agosto de 2022

 Diana Navarro Sanjuan, no morirá, su legado vivirá

Una mujer trans de Barranquillera que hizo historia en el país
Su vida, como pasa tantas veces, no puede ser vista aparte de su activismo. El activismo trans y puteril, sobre todo enfocado en el barrio Santa Fe, fue su bandera durante más de 30 años, una pulsión que lideró sus luchas y que hizo que fuera la primera mujer trans que integraba el panorama político partidista y la escena pública de la capital.

Diana quizá también es una de las primera mujeres trans en obtener un título universitario. Se graduó como abogada de la Universidad de Antioquia, y desde muy temprano quiso hacer parte de la política. Hace varios años dirigió la corporación Opción por el Derecho a ser y el Deber Hacer. También fue candidata a Edil y al Concejo de Bogotá.

Asimismo, fue la primera mujer trans en hacer parte de la dirección nacional de un partido político, el Polo Democrático, y también integró la Mesa LGBT de Bogotá. En esta ciudad fue subdirectora de asuntos LGBTIQ+ de la Secretaría Distrital de Integración Social de Bogotá durante la alcaldía del presidente Gustavo Petro, quien lamentó su muerte junto con la Alcaldesa Claudia López.
Su realidad, la discriminación de la que también fue víctima, los peligros latentes que tuvo que vivir mientras ejerció la prostitución, es la realidad de tantas de sus compañeras por las que ella luchaba desde la política. “El barrio Santa Fe es mi vida. He visto que el barrio Santa Fe ha sufrido unos cambios tremendos. He sido partícipe y he propiciado muchos cambios en este barrio”, decía ella ante los medios.

Ha sido una semana difícil, de pérdida, para la comunidad trans, no binaria, las trabajadoras sexuales, el barrio Santa Fe, la población diversa y los sectores feministas. Diana Navarro no muere, porque su lucha por les trans, las putas, la discriminación y la transfobia sigue viva en tantos corazones.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Género

 El interés por el Índice de Igualdad de Género de Bloomberg (GEI) aumenta en todo el mundo

 Las empresas se apresuran a participar antes del 30 de septiembre 

El número y la diversidad de las empresas que han solicitado su inclusión en el Gender Equality Index (GEI) de Bloomberg de 2023 ha aumentado considerablemente antes de la  fecha límite del 30 de septiembre, según ha anunciado hoy Bloomberg. 

Las empresas que cotizan en bolsa participan voluntariamente en el GEI, el cual analiza el  rendimiento de sus políticas de diversidad e igualdad en comparación con sus  competidoras. La lista del GEI de 2022 incluyó 418 empresas de 11 sectores diferentes en  45 países. Este año, Bloomberg está observando un aumento de los participantes y de la  cantidad de detalles que se divulgan con respecto al año pasado. 

Los datos del GEI muestran hasta ahora: 

• El número de cuentas registradas ha aumentado un 40% en Estados Unidos, un  39% en Europa, Medio Oriente y África, un 18% en Asia-Pacífico y un 3% en  América Latina 

• Entre los nuevos países participantes se encuentran Colombia, Perú, Uruguay y  Pakistán  

• Aunque las empresas financieras han liderado tradicionalmente la lista, ahora  participan empresas de los sectores aeroespacial, farmacéutico y tecnológico  

«Nos complace ver que muchas más empresas utilizan el GEI para identificar y reforzar sus  políticas en materia de equidad y paridad salarial entre hombres y mujeres», dijo Patricia  TorresGlobal Head of Sustainable Finance Solutions en Bloomberg. «Esta transparencia  ayuda a las empresas a atraer a los empleados y ofrece a los inversionistas los datos que  necesitan para la toma decisiones». 

El GEI evalúa a las empresas en cinco pilares clave:  

1. Liderazgo y recursos de talento 

2. Equidad y paridad salarial entre hombres y mujeres 

3. Cultura inclusiva 

4. Políticas contra el acoso sexual 

5. Marca externa

Para la evaluación de 2023, las empresas pidieron a Bloomberg que añadiera otras dos  áreas de exploración: LGBTQ+ & raza y etnia. La divulgación de estos datos comenzará en  los mercados de EE. UU. y Reino Unido, aunque estas preguntas serán opcionales y no se  puntuarán. 

Las empresas participan voluntariamente y sin costo alguno a través del sitio web del GEI de Bloomberg. La fecha límite para la presentación del GEI 2023 es el 30 de septiembre de  2022. Una vez sometidos los datos, el equipo del GEI de Bloomberg los analiza y  proporciona a la empresa una tarjeta de puntuación basada en una metodología desarrollada. El equipo revisa los resultados con las empresas, para que sepan cómo han  sido puntuadas y por qué antes del anuncio de los resultados del GEI en enero de 2023.  «Las empresas también pueden utilizar el GEI como una hoja de trabajo interna», añadió  Torres. «Pueden entrar en línea, sin obligación, y ver lo que implica la metodología. Esto es  útil para mejorar sus programas de igualdad de género». 

El equipo del GEI de Bloomberg celebró recientemente un seminario web para explicar el  índice y mostrar a las empresas cómo participar.  

lunes, 22 de agosto de 2022

Mujeres de ciencia

Los doodles de ‘mujeres con ciencia’

La meteoróloga Anna Mani a "Los doodles de Mujeres con ciencia" (104 aniversario de su nacimiento)

Mundial Femenino SUB20

  Colombia ya está en Polonia: 21 historias que llevan el fútbol femenino al mundo La Selección Colombia Femenina Sub-20 ya está en Polonia ...