𝐍𝐨 𝐨𝐥𝐯𝐢𝐝𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐞 𝐩𝐫𝐨𝐦𝐞𝐭𝐢𝐬𝐭𝐞.
Donde tu cuerpo no pedía permiso,
Donde tu voz no se temblaba para decir “no”.
Esa vida que soñaste cuando dijiste.
“No quiero sobrevivir, quiero vivir”.
Entre rutinas, responsabilidades y cansancio,
A veces se nos olvida que la vida que deseamos
No era esta la que nos enseñaron a soportar.
Vuelve a tu promesa.
A la niña que soñaba con libertad,
A la mujer que juró no volverse a traicionar.
La vida que te prometiste no está perdida.
Solo te está esperando.
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