viernes, 26 de noviembre de 2021
¡Comuniquemos SIN violencia contra las Mujeres!
miércoles, 24 de noviembre de 2021
martes, 16 de noviembre de 2021
Mujeres de Arte
Débora Arango, la historia de una revolución estética
Era inicio de los años 40. A las afueras del neoclásico Teatro Colón, en La Candelaria del centro de Bogotá, un grupo de colegiales se turnaba la vigilancia de la puerta mientras otros ingresaban a recorrer apresurados el recinto prohibido. Sobre sus paredes se exponían cuadros de sugestivos desnudos femeninos que marcaban la llegada del expresionismo europeo a Colombia, ante el escándalo en el clérigo y el señalamiento de “inmoral” de la alta sociedad. No bastó el aval del entonces ministro de Educación, Jorge Eliécer Gaitán -quien montó la exhibición-, para que las obras de Débora Arango fueran desmontadas al día siguiente de la inauguración.
“¿Por qué es pecado el cuerpo femenino si nadie viene al mundo vestido?”. Una y otra vez se lo preguntó, pero Débora Arango no encontró respuesta racional para entenderlo. No la encontró porque para ella sus pinturas solo eran un reflejo de la vida real. Fue justo eso lo que desencadenó su censura. Era una realidad invisibilizada. A la que era mejor no mirar. La antioqueña exhibió lo marginal de la sociedad para darle voz. La voz que lo más alto del poder quería acallar. Prostitutas, mendigos, políticos corruptos y el cuerpo no esbelto de las mujeres.
Hoy se cumplen 114 años del nacimiento de Débora Arango (1907, Medellín - 2005, Envigado). La mujer que desnudó a Colombia. Sus pinturas son una especie de documento histórico sobre la memoria del país. Su actitud rebelde -aunque sin pretenderlo-, en su propia vida y obras, revolucionaron el papel de la mujer en la sociedad. Y su estilo de pincelada fuerte y colores vivos, propios del expresionismo alemán, revolucionaron la estética del arte nacional al oponerse a los dogmas de la academia. No en vano es la cara del billete de 2 mil pesos. No en vano hoy es el doodle de Google. No en vano le dedicamos estas letras.
La última censura
Aquel episodio en el Teatro Colón, que ella misma presenció y décadas después contó en entrevistas que hacen parte de los archivos sonoros de Señal Memoria, fue la última censura. Pocos años antes había participado en una exposición de aprendices del maestro Pedro Nel Gómez y en el Club La Unión. Acusada de “impúdica”, “inmoral”, “pornográfica”, “desvergonzada”, de “técnica incorrecta”, y hasta amenazada de excomunión por la Liga de la Decencia de Medellín. Debía vestir de hombre para montar a caballo -cosa mal vista en las mujeres-. No estaba preocupada por conseguir marido -de hecho nunca lo hizo-. En una época donde las mujeres no tenían derecho a votar, ni siquiera a adquirir una cédula de ciudadanía, una mujer tuvo la osadía, por primera vez, de pintar mujeres desnudas. Demasiado.
Sin más remedio, como ha sido el destino de tantos artistas en la historia del arte colombiano, ante el desprecio decidió irse del país para formarse sin ataduras morales. “Su salida del país, como para cualquier artista, tiene dos aristas. Una es un cierto sinsabor por no encontrar un eco y recepción a su obra en un contexto enrarecido, con fuertes lastres aún conservadores. Y por otro lado, una fascinación por encontrar en países, tanto en el lado español como en el mexicano, una especie de exuberancia de poder asistir a los grandes museos, ver grandes colecciones, encontrarse gente de vanguardia, etc.”, dice Ricardo Arcos-Palma, filósofo, teórico y crítico del arte y la cultura.
Maravillada por la pintura al fresco y el muralismo que conoció de la mano de su gran maestro Pedro Nel Gómez, se fue a México. Durante este periodo recorrió Estados Unidos, Inglaterra, Escocia, Francia y Austria. Y llegó a España, el último destino. La historia se repitió. En 1955, en pleno conservadurismo franquista, su exposición fue cerrada al día siguiente de su inauguración por decreto gubernamental. Era hora de regresar a Colombia. Para entonces, ya uno de los episodios más escabrosos de la violencia en el país habían marcado su obra. Y pese a la censura, su visión insurrecta sobre la intimidad y la política era reconocida por la intelectualidad.“Débora es muy reconocida en su momento por sus contemporáneos, porque son gente de vanguardia que entiende que no solamente la condición de la mujer, sino del artista, como ella, es fundamental. Entonces, digamos que en ese primer momento ya existe un reconocimiento por parte de la inteligencia política y cultural del momento, muy vinculados al progresismo”, explica Arcos-Palma, docente de la Universidad Nacional.
La estética y La Violencia
El asesinato de Gaitán en 1948, que desató La Violencia, fijó en ello la mirada de Débora. La polarización política, la dictadura de Rojas Pinilla y la imposición del Frente Nacional fueron recurrentes en sus cuadros. Las figuras grotescas en sus pinturas, en representación de los políticos, para algunos historiadores del arte hacen alusión a Goya. Como ‘Masacre del 9 de abril’, una de sus obras más emblemáticas. En acuarela se desata el caos: en un campanario una mujer en los hombros de un personaje toca las campanas que lo anuncian. Un cura se escapa por escaleras con ayuda de las monjas. Mientras el pueblo se toma la iglesia. Al fondo, unos cañones escupen fuego.
“Esta obra se convierte en un registro muy importante de una manera, además, muy expresiva, de lo que fue este acontecer histórico. Este tipo de obras se van acentuando más en este período. Porque su visión política se arrecia tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán”, comenta Arcos-Palma. Y también es un ejemplo de su estética salida de los cánones del arte tradicional. Sus cuadros plasman su estado de ánimo del momento. Sus figuras son las formas de sus sentimientos convertidos en imágenes. Es la libertad del expresionismo. Ese que se le reclama principalmente a Vincent Van Gogh.
“El expresionismo es una corriente que se destaca justamente por la libertad de la pincelada, de los trazos. Hay un descuido, pondríamos entre comillas, del tratamiento de la figura humana o de lo que se está representando para dar paso y mayor importancia al color y a las formas. (...) En Débora, podríamos pensar que los dibujos están mal hechos o que son de muy mal gusto. De hecho, Laureano Gómez, en su tribuna en el periódico El Siglo, comparaba sus obras con el arte decadente que los nazis en ese momento también llamaban arte degenerado”, explica Arcos-Palma.
Así, con toda esa imposición de su alma, en épocas donde las mujeres no debían evidenciar que tenían una, Débora Arango se devoró el mundo. Por eso hoy, indiscutiblemente, tiene un lugar destacado en la historia del arte en Colombia y Latinoamérica. Porque marcó un hito significativo en el desarrollo del arte y la cultura.
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lunes, 15 de noviembre de 2021
Cultura
domingo, 14 de noviembre de 2021
Día de la Mujer Colombiana
14 de noviembre, día de la mujer colombiana
El 14 de noviembre de cada año se celebra desde 1967 el Día de la Mujer Colombiana, para conmemorar a la heroica Policarpa Salavarrieta, una mujer inteligente y valiente que luchó, a principios del Siglo XIX, contra la Corona española apoyando la causa independentista de la nación colombiana.
“La Pola”, como era conocida, fue ajusticiada por el Consejo de Guerra durante la Reconquista Española el 14 de de noviembre de 1817 en Bogotá, junto con Alejo Sabaraín y otros patriotas más. La hora determinada para el fusilamiento fueron las nueve de la mañana.
El 8 de noviembre de 1967, en virtud de la Ley 44del Congreso de la República de Colombia y firmada por el Presidente Carlos Lleras Restrepo, declaró en su primer Artículo el día 14 de noviembre "Día de la Mujer Colombiana", en honor por la conmemoración del sesquicentenario aniversario de la muerte de Policarpa Salavarrieta.
La ley 44 de 1967 cita lo siguiente:
Artículo 1º: La Nación se asocia a la conmemoración del sesquicentenario de la muerte de la heroína Policarpa Salavarrieta, fecha señalada históricamente el día 14 de noviembre de 1967.
Artículo 2º: El Gobierno Nacional por medio del Ministerio de Educación, el Ministerio de Defensa y la participación de la Academia de la Historia, se hará representar en los actos patrióticos que se celebrarán en aquella fecha, y tal día será proclamado cívico y "Día de la Mujer Colombiana" en todo el territorio nacional.
La mujer colombiana siempre ha estado presente en los cambios definitivos de la historia de Colombia y la Pola es un símbolo de lucha y resistencia que con valentía defendió, hasta con su propia vida, los derechos de la naciente patria colombiana.
viernes, 12 de noviembre de 2021
Mujeres de Ciencia
Myriam Sarachik, la física judía ortodoxa que peleó por hacerse un hueco en un mundo de hombres
Cuando Myriam Sarachik le daba vueltas a si doctorarse en físicas o no, tuvo que pelear contra todos los que le decían que su sitio estaba en su casa, con su marido y teniendo hijos. Incluso algunas de las personas que le habían dado clase y conocían su interés y su talento le dieron entonces ese consejo. “Un físico puede casarse con la hija de un taxista, pero una física no puede casarse con un taxista”, le dijeron. Ella cuenta que intentó ser madre y esposa a tiempo completo, pero sentía que el mundo avanzaba a toda velocidad fuera de su casa mientras ella se quedaba estancada, y eso la hacía muy infeliz. Con el apoyo de su marido, se reincorporó a ese mundo que corría sin parar.

Su campo de investigación se centró en observar y estudiar el comportamiento magnético y electrónico fundamental, especialmente a bajas temperaturas. Esas interacciones, a menudo muy sutiles, resultan esenciales para entender la electrónica moderna que mueve nuestro mundo.
Myriam Paula Morgenstein nació en agosto de 1933 en Bélgica. Sus padres, judíos ortodoxos, se vieron obligados a abandonar el país en 1940 por la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Fueron detenidos en la frontera entre Francia y España en 1941 y enviados al campo de concentración de Mérignac, cerca de Burdeos, y después trasladados a otro cerca de Tours, de donde consiguieron escapar ese año.
La familia Morgensein pasó los siguientes cinco años refugiada en Cuba, y allí ella aprendió español e inglés. En 1947 consiguieron las visas para entrar en Estados Unidos y se asentaron en Nueva York. En 1950 se graduó en el Instituto de Ciencias del Bronx y comenzó a estudiar en el Barnard College. Se tituló también por la Universidad de Columbia, donde realizó su tesis doctoral en 1960. Fueron años de muchos intereses distintos: literatura hispánica y francesa, matemáticas, química, filosofía, física. “¡La música era mi pasión! Soñaba con ser una pianista del calibre de Vladimir Horowitz o Arthur Rubinstein. Seguí tomándome en serio mis estudios de música durante muchos años, hasta que se volvió imposible hacer todas las cosas que quería porque los días solo tienen 24 horas”.
La física, un desafío para ella
Finalmente tuvo que elegir, y eligió la física. “Era interesante, y el mayor reto que me había encontrado hasta el momento”, contaba Sarachik. Al contrario que otras materias que se le daban bien con mucho menos esfuerzo, la física era difícil para ella. Su padre admiraba a los físicos por encima de todo, y ella admiraba a su padre, así que esta terminó siendo su elección. “Aunque me fue bastante mal durante la primera mitad del primer trimestre, mejoré rápido”.
El Departamento de Física de la Universidad de Columbia era un sitio muy ajetreado en los años 50. Durante su estancia allí, varios miembros del profesorado obtuvieron un premio Nobel, y unos cuantos más lo ganaron después basándose en el trabajo que hicieron durante esos años: el descubrimiento de la radiación coherente, del neutrino muon o de la estructura del núcleo de los átomos son algunos ejemplos. “Los coloquios de las 5 de la tarde se celebraban en salones llenos de gente, eran el evento más importante de la semana”.
En esa época, cuenta, sufrió su primera experiencia de discriminación sexista en el entorno laboral. “Obtuve trabajos de verano en una compañía llamada Bell Telephone Laboratories en Manhattan. Mientras que mis compañeros varones, a los que en muchos casos conocía, y no eran más inteligentes que yo, eran contratados para el departamento técnico, yo hacía un trabajo similar en el de conserjes y secretarias por dos tercios del salario que ellos recibían. Era muy molesto pero no se podía hacer nada, así eran las cosas”.
Qué difícil es arrancar los sesgos culturales que aprendemos
Obtenido su título de licenciada, se abrió ante ella el dilema de si continuar o no sus estudios y su formación. “Yo quería seguir estudiando pero dudaba porque sentía que no era apropiado que yo, una chica, tuviese un título más avanzado. Había sido criada en una familia ortodoxa judía como parte de una comunidad donde se espera de las mujeres que se casen, tengan hijos, lleven la casa y atiendan las necesidades de su marido. No se esperaba de una mujer que trabajase fuera de casa, y de hecho eso hacía quedar mal a su marido y su capacidad para cuidar de ella. Aunque todo esto no encajaba para nada conmigo, unas expectativas y sesgos culturales que se llevan tan grabados son difíciles de arrancar”.
Pero el hombre con el que Sarachiks se casó, Philip Sharachik, al que conoció durante su primer curso estudiando Física, la apoyó y animó para que no detuviese sus estudios. Finalmente consiguió su título de doctora por la Universidad de Columbia en 1960 con una tesis sobre cómo medir la atenuación de los campos magnéticos de determinados superconductores configurados como capas muy finas de plomo o estaño.

En esa misma época había tenido a su primera hija, y a sus dificultades para encontrar un empleo como mujer en un sector casi exclusivamente masculino, tuvo que sumar los comentarios que le recomendaban volver a su casa a cuidar a su bebé. Cuenta que se quedó en casa durante varias semanas, cada vez más infeliz y deprimida. Finalmente ella y su marido decidieron que era mejor para ella y para la familia al completo que volviese a trabajar. Aunque le costó semanas de entrevistas decepcionantes, finalmente obtuvo un puesto de investigadora en los Laboratorios Bell de Investigación en Física en Murray Hill, Nueva Jersey.
Observando el efecto Kondo
En la década de los 60, Sarachik realizó su principal aportación científica: sus experimentos lograron los primeros datos que confirmaban el efecto Kondo, que se refiere al comportamiento que tienen algunos conductores eléctricos cuando se enfrían y desaparece o se reduce su magnetismo, y al efecto de añadir impurezas magnéticas en dichas condiciones. En un escrito de 2005, el físico teórico japonés Jun Kondō que da nombre a ese efecto reconocía el importante papel que el trabajo de Sarachik tuvo en la demostración y establecimiento de su teoría.
En 1964, obtuvo un puesto en el departamento de Física del City College de Nueva York como profesora asistente. Tres años después ascendió a profesora asociada. Esa misma escuela la reconocería con honores años después, en 1996. “Todo el mundo asume que las mujeres son especialmente buenas profesoras, pero es una generalización que a veces es incorrecta. Yo lo hacía solo aceptable. Uno de mis empeños constantes con los años ha sido mejorar mi docencia. He intentado, y sigo intentando, distintos enfoques y métodos para involucrar a los alumnos de forma más activa en el proceso de aprendizaje, con resultados mixtos”.
Pronto presentó varios proyectos de investigación a distintas agencias gubernamentales y recibió la financiación para llevar a cabo sus experimentos, siempre en el campo del estudio del comportamiento de materiales magnéticos y conductores a muy bajas temperaturas, lo cual requería no solo dichos materiales, sino también las sustancias para enfriarlos y observarlos.
En 1970, la mujer que contrataron para cuidar de sus dos hijas robó su coche y secuestró a la menor de ellas, apenas un bebé, y desapareció con ella. El cuerpo de la mujer apareció doce días después en el coche, y el de la bebé, un mes después. “Los siguientes 10 años de mi vida fueron muy difíciles”.
Activista por las mujeres en la física
A medida que pasaron los años y la presencia de las mujeres en el campo de la física experimental se hizo más común, también fue más común hablar de los problemas de discriminación que sufrían. Sarachik se convirtió en activista feminista y por los derechos humanos, y recibió invitaciones para participar en distintos comités sobre el tema tanto en Estados Unidos como en otros países. Uno de sus mayores logros, recuerda, fue ser elegida presidenta de la Sociedad Estadounidense de Física, desde donde podía asesorar al gobierno y viajar por el mundo representando a la física de su país.
Sarachik murió en Manhattan en octubre de 2021 a los 88 años.
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