sábado, 27 de marzo de 2021
viernes, 26 de marzo de 2021
Informe
¿Qué
pasó con las mujeres en Bogotá
durante el primer año de pandemia?
Durante la
presentación del informe ¿Qué pasó con
las mujeres en Bogotá durante el primer año de pandemia?, la Secretaría
Distrital de la Mujer presentó la nueva versión del Observatorio de Mujeres y
Equidad de Género de Bogotá-OMEG, que puso a disposición 22 indicadores, más de
120 variables y aproximadamente un millón y medio de datos que ahora pueden ser
consultados a través de un único visualizador en http://omeg.sdmujer.gov.co/, que se consulta de manera sencilla, innovadora y
fácil de entender, para que toda la ciudadanía pueda encontrar lo que necesita
saber sobre las condiciones de las mujeres que habitan en Bogotá.
Así mismo, en la nueva versión del OMEG todos
los indicadores pueden ser visualizados de forma interactiva para dar mayor
agilidad y facilidad.
Datos informe
¿Qué
pasó con las mujeres en Bogotá durante el primer año de pandemia?
En 2019 fueron asesinadas 97 mujeres en Bogotá, en 2020 fueron 95, esto demuestra que tener a las mujeres confinadas en sus hogares no fue un factor de protección para no ser asesinadas, incluso de las 97 mujeres asesinadas en 2019 a la fecha 15 casos han sido tipificados como feminicidio.
En los inicios de la pandemia y del confinamiento derivado como la principal medida de protección frente al virus, las llamadas a la Línea Purpura Distrital aumentaron en un 230%, pero en este mismo momento, las denuncias tanto a la Policía como a la Fiscalía no mostraron el mismo crecimiento.
Las zonas con mayor concentración de delitos contra las mujeres en
Bogotá son aquellas donde además se presentan el mayor número de atenciones por
cada 10.000 mujeres: por cada mujer denunciante de VIF o Delitos Sexuales, la Secretaría
Distrital de la Mujer realizó 2 atenciones promedio por situaciones
relacionadas con violencia en el año 2020 en la misma localidad.
Los delitos que más afectan a las mujeres después del análisis de la
información se encontró que 6 localidades de Bogotá concentraban el 64% de las
denuncias de delitos sexuales y VIF con víctima mujer. Dentro de estas
localidades, 10 UPZ concentraban el 28% de los delitos y además dentro de
estas, 132 barrios concentraban el 18% del total de delitos de este tipo en la
ciudad.
Durante el confinamiento y las cuarentenas, la Secretaría Distrital de la Mujer siguió prestando atención de manera ininterrumpida. La Línea Púrpura aumentó su atención en un 230%, y la estrategia de Duplas de Atención Psicosocial aumentó 149% con respecto a las mujeres atendidas en 2019. Por su parte las Casas de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres –CIOM- mantuvieron las más de 12.000 mujeres atendidas anualmente (esto a pesar del reto que implicó migrar de un servicio presencial a un servicio completamente telefónico).
El deterioro del mercado laboral como consecuencia de las medidas
adoptadas durante la pandemia de Covid-19 afectó tanto a mujeres como a
hombres, pero a ellas de forma mucho más pronunciada. Todos los indicadores
laborales muestran un comportamiento histórico desfavorable para las mujeres,
pero que además se acentuó a partir de los periodos de aislamiento obligatorio.
Uno de los principales indicadores del mercado laboral es la tasa global
de participación (TGP), que tradicionalmente ha sido inferior para las mujeres
con respecto a los hombres; sin embargo, los efectos de la pandemia son más
visibles entre ellas: mientras 6 de cada 10 mujeres en edad de trabajar se
encontraban económicamente activas en el segundo trimestre del año 2019 (TGP
igual a 63,4), en el mismo periodo de 2020 bajó a 5 de cada 10.
El 28,5% de las mujeres en Bogotá durante el año 2020 se dedicaron
principalmente a trabajos de cuidado no remunerados mientras en el año 2019
este porcentaje era del 11%. Evidentemente otra consecuencia negativa para las
mujeres derivada de la pandemia y el confinamiento.
El confinamiento derivado de la pandemia hizo que estas labores de cuidado se incrementaran exponencialmente dentro del hogar, pero no hizo que estas se redistribuyeran entre sus habitantes, sino que hizo que se aumentaran aún más las horas de trabajo doméstico y de cuidado de las mujeres.
jueves, 25 de marzo de 2021
Reflexión
El feminismo es un humanismo cristiano
La Hna. Mercedes Navarro se define a sí misma como «una mujer de 68 años, religiosa Mercedaria de la Caridad desde el 68 del siglo pasado». Es feminista activa y, con el mágico uso que hace de las palabras adecuadas en los lugares adecuados se sabe «consciente desde hace décadas». Se doctoró en Psicología y luego en Teología con la especialidad de exégesis bíblica.
He tenido una vida rica y compleja, hacia dentro y hacia fuera, porque la libertad, que es un pilar de mi carisma (junto con el amor), no es fácil de aprender ni de vivir. Ha sido en la congregación donde he aprendido la libertad y donde hemos crecido juntas, ella y yo, a veces en armonía y otras muchas en tensión y en batalla abierta.
Desde muy niña tengo conciencia de las injusticias en relación con los géneros, pero me uní al movimiento feminista a finales de los 70, en Salamanca, mientras estudiaba Psicología. Luego dejé la militancia, pero de ninguna manera el feminismo, entendido como esa cosmovisión que percibe en alta fidelidad la pirámide del patriarcado como un sistema de multiplicación de injusticias, en cuyos escalones últimos (de cada estrato) se encuentran las mujeres. Es una cosmovisión profundamente crítica, pero también constructiva y creativa, llena de propuestas liberadoras y, por ello, igualitarias. Por eso es tan revolucionario el feminismo y produce tanto malestar, sobre todo a los aparatos de poder. Obvia decir que lo mismo que hay mujeres machistas y patriarcales, hay hombres feministas, aunque no abundan mucho por desgracia. No puedo separar mi feminismo de la lectura y estudio de la Biblia, sobre todo de los Evangelios y, en particular, de Marcos que es mi preferido. El feminismo es para mí un humanismo cristiano de alta calidad, que vivo como mercedaria.
Estudié la especialidad de Biblia (en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma) porque deseaba tener acceso a los textos en sus idiomas originales e instrumentos para poder estudiarlos e interpretarlos yo misma. Soy exegeta feminista y mis libros y están escritos en esa perspectiva. Es mi manera de ser fiel al mensaje igualitario, universal, liberador y amoroso de Jesús. Llevo toda mi Vida Religiosa comprometida con las mujeres como causa de lo humano y lo he expresado de muchas maneras, aunque desde hace mucho esa expresión pasa mayoritariamente, no exclusivamente, por la tarea intelectual. De hecho, estuve varios años trabajando como psicóloga en un centro de discapacitadas psíquicas y ejerzo como psicóloga clínica desde hace más de 30 años, la mayor parte de las veces con mujeres.
Me apasiona la música. Formé y dirigí un coro de cien personas en Villacarrillo (Jaén) y otro más pequeño, infantil, en Consuegra (Toledo), con el que grabé un disco en el varias canciones fueron compuestas por mí. Era el año 1978 y por entonces yo componía canciones. Tengo mucho que agradecer a D*s y a mis hermanas de congregación. Mucho que agradecer a mis amigas y algunos amigos, a mi familia y a la vida, don divino y don humano acumulado durante millones de años hasta hoy y hasta aquí. Hasta mí. Gratuitamente.
Red Pastoral Juvenil – España
miércoles, 24 de marzo de 2021
Pronunciamiento
martes, 23 de marzo de 2021
MUNDO DEL TRABAJO
Las cuotas de género a nivel directivo, un pendiente del Legislativo y de la IP
Hay una frase que, con algunas variaciones, muchos empresarios arguyen al hablar sobre cuotas de género en los consejos de administración: “Con mucho gusto incluiría a más mujeres, pero no me parece que me lo impongan. Debería ser por el talento, no por el género”, suelen decir.
Las empresarias, a su vez, responden con un cuestionamiento: “¿Por qué entonces no lo has hecho?”, cuenta Leonor Quiroz Carrillo, presidenta de la Comisión Nacional Anticorrupción de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex).
La sola idea de las cuotas de género provoca muchas críticas. Pero la participación de mujeres en los consejos de administración empresarial de las organizaciones que cotizan en las bolsas de valores no supera el 9% en este país, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). En ese escenario, dejar los nombramientos a la buena voluntad masculina ya no es opción para muchas.
Al mismo tiempo, el 73.3% de los hombres en edad de trabajar es económicamente activo, pero sólo 40.5% de las mujeres está en esta situación, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de enero de 2021. Y, según el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), la brecha salarial llega hasta el 34 por ciento.
Hay muchos frentes en los que hace falta trabajar para favorecer la labor de las empresarias, señala en entrevista la diputada federal Martha Tagle (MC). “Pero uno de los primeros pasos es lograr que tomen decisiones”.
En el Congreso, en las compañías, en las organizaciones empresariales y en una parte de los movimientos feministas muchas mujeres reclaman su derecho a participar en esos órganos de decisión. Plantean varios mecanismos, entre ellos la polémica cuota de género.
Para ello, exhiben información como el de las consultoras Grant Thornton y McKensey que señalan los beneficios que tendrían las empresas al contar con más mujeres en puestos de liderazgo: 44% más de retorno al capital, 28% más valor económico agregado, 55% más margen EBIT, decisiones más equilibradas y aumento en la innovación e ingresos.
¿Qué son las cuotas?
La cuota de género es una acción afirmativa; o sea, una medida para equilibrar las condiciones en que está una población discriminada. De manera obligatoria y temporal, un porcentaje de personas son admitidas a un sector. Si no fuera así, no se lograría o tardaría mucho más.
De acuerdo con el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) al ritmo que camina el mundo se necesitarán 202 años para cerrar la brecha de género en el trabajo.
El antecedente de las cuotas son las implementadas en Estados Unidos para que personas afrodescendientes accedieran a las universidades. La segregación racial les había impedido llegar a ese nivel educativo.
“Las mujeres en la política somos el mejor ejemplo. Gracias a las cuotas llegamos a los espacios de toma de decisiones”, dice Martha Tagle. Y una vez en ellos, impulsaron y aprobaron la reforma #ParidadenTodo en 2019, para que en los tres niveles de gobierno y los tres Poderes de la Unión haya un equilibrio de hombres y mujeres.
El Informe Global de Brecha de Género 2020, del WEF, coloca a México en la posición número 14 de entre 153 en Empoderamiento Político. Las cuotas demostraron su funcionamiento.
Pero en la esfera de Participación y Oportunidades Económicas, el país cae hasta el lugar 124. Una de las causas de tan baja calificación es que las mujeres tienen una representación de apenas el 7.5% en los consejos de administración de las empresas en general.
El reporte Mujeres en los Consejos de Administración 2019, de Deloitte señala que Noruega y Francia son los países con mayor proporción femenina, con 41 y 37%, respectivamente. Algo que ambos tienen en común es una ley nacional de cuotas de género.
En ese ranking de 49 países, México se ubica en el lugar 42. En 2005 Noruega fue el primer país en promulgar una legislación de cuotas. Su ley exige una representación del 40% de ambos sexos y establece las siguientes disposiciones:
- Si la junta directiva tiene 2 a 3 miembros, ambos sexos deben estar representados
- De 4 a 5, dos por cada sexo
- De 6 a 8, tres por cada sexo
- 9 miembros, al menos 4 por cada sexo
- Más de 9, cada sexo debe estar representado por al menos el 40%
Lo que se está haciendo en México
En la Cámara de Diputados, legisladoras de MC, de Morena, PAN y PRI proponen reformar cuatro leyes para garantizar la paridad en los consejos administrativos. Plantean modificar las leyes General de Sociedades Mercantiles, General de Sociedades Cooperativas, del Mercado de Valores y la de Inversión Extranjera.
“No proponemos cuotas”, explica Martha Tagle, sino un plazo máximo de seis años para cumplir con la integración paritaria. Los artículos transitorios establecen que en los primeros dos años después de que entre en vigor la reforma, las empresas deberán pasar de tener cerca del 99% de hombres en sus consejos a 80%, y 20% de mujeres.
Luego, en un plazo máximo de cuatro años la proporción será de 70% de hombres y 30% mujeres. De modo que la paridad se alcance en un periodo de seis años.
La legisladora recuerda que los consejos de empresas familiares suelen estar conformados, de manera vitalicia, por los padres o hijos varones. En ese caso, para incluir a mujeres, deberán integrar a consejeras independientes y externas.
Consejos para implementarla
Muchas mujeres rechazan las cuotas de género porque “sienten que les regalan el puesto”, indica Leonor Quiroz. “No, la cuota abre la puerta para que te vean, pero no para que seas la elegida, hay otras alrededor tuyo. Si resultas seleccionada será por tus capacidades”. Para lograr su implementación recomienda:
- Reconocer el problema. Negar que las mujeres hacen falta en los consejos directivos dificultará su puesta en marcha.
- Voluntad. Hay muchas resistencias, “a veces nos dicen que ya tienen a una mujer en sus consejos. ¿Les ponemos un altar, les damos un diploma? Eso no es mostrar intención de mejorar, sino de frenar el avance, considera.
- Capacitación. La mayoría de las mujeres tiene una gran preparación, pero a altos niveles podría faltarles experiencia. Pero actualmente hay una gran oferta para aprender el manejo de puestos directivos.
- Información. Más allá de decir a favor o en contra, el porcentaje o el plazo, primero hay que informarse para entender que las mujeres que sean nombradas por esta vía también se toma en cuenta su mérito.
Pero las cuotas no son sólo para que las mujeres lleguen a puestos directivos, sino para que se mantengan, indica Leonor Quiroz. Las acciones afirmativas se establecen no por la falta de talento de las personas, sino porque hay resistencias a que sus capacidades sean reconocidas y desarrolladas, explica la diputada Tagle.
lunes, 22 de marzo de 2021
No es hora de Callar
por: Juan José Hoyos
Hace 20 años, la periodista Jineth Bedoya tenía 25 años y trabajaba en el diario El Espectador. Estaba escribiendo algunas crónicas sobre tráfico de armas y secuestros en la Cárcel Modelo de Bogotá. La guerra entre los paramilitares, las guerrillas, los mafiosos y el Estado colombiano había llegado hasta la cárcel. Esta se había convertido en un infierno de sangre, torturas y desapariciones.
El 26 de mayo, Jineth fue a la Modelo para entrevistarse con el jefe paramilitar de la cárcel. Quería pedirle que pusiera fin a las amenazas que recibía por su trabajo. Hacía poco, ella y su madre habían sido víctimas de un atentado. Unos agentes de Inteligencia de la Policía Nacional le recomendaron que hablara con “el jefe”. La acompañaban un fotógrafo y el editor del periódico. En medio de los trámites para entrar, mientras sus compañeros iban al carro a buscar un papel, Jineth fue encañonada por un hombre y una mujer con una pistola 9 mm. Luego la subieron a la fuerza a una camioneta y la arrojaron al piso.
“Al principio no entendía nada de lo que ocurría. Pensaba que por orden de Carlos Castaño, jefe de las Auc, me iban a preguntar por qué había dejado al descubierto la red de tráfico de armas que ellos tenían en complicidad con la Policía dentro del penal” cuenta ella en la revista Soho.
“Especulaba, en un torbellino de pensamientos sobre lo que ocurría, mientras me ahogaba en mi propio vómito: estaba mareada y cuando supliqué que me dejaran vomitar, me pusieron una cinta adhesiva en la boca. Luego, cuando intenté quitarme la venda que tenía en los ojos, la respuesta fue una patada en la cara. Hasta ese momento creí que se trataba solo de una golpiza y que pronto acabaría y podría respirar. Pero la camioneta se detuvo en un campo abierto donde había muchos hombres. Pasaron algunos minutos y el sujeto que me había apuntado con la pistola en la puerta de la cárcel, el que me había dado un punta pie en el rostro y me había arrancado mechones de cabello mientras me zarandeaba la cabeza, había vuelto. Puso su pistola sobre mi sien, la cargó y luego de golpearme me obligó a abrir bien los ojos: “Míreme bien la cara hijueputa; míremela porque no se le va a olvidar nunca”. Esa fue su sentencia y luego vino la ejecución”. Sólo entonces, ella se dio cuenta de que la visita a la cárcel era una trampa que le habían tendido.
“Sentí un frío helado por todo el cuerpo y el miedo se me sembró en el pecho. Intenté de todas las maneras posibles evitar que me quitara el pantalón y la ropa interior. Traté de reunir todas las fuerzas posibles para que no me tocara, pero sus otros compinches llegaron para acabarme de hundir en la humillación. Casi me parten el brazo izquierdo y me dejaron morados desde la punta de los dedos hasta la clavícula. Algunas horas después de la tortura, los golpes y el ultraje me dejaron abandonada en una carretera, en la vía a Puerto López, Meta; solo tenía ganas de morirme”.
Jineth Bedoya se encerró sola, con su dolor, y guardó silencio mucho tiempo. Pasaron 10 años. El expediente estuvo archivado en la Fiscalía. Después se perdió una parte. La investigación solo se reabrió en 2011 cuando la Fundación para la Libertad de Prensa denunció el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El pasado 15 de marzo empezó el juicio. Sin embargo, para seguir dilatando el proceso, el Estado colombiano recusó a los magistrados de la Corte y se retiró de la audiencia.
Soy periodista y amo a mi país. Por eso siento dolor y vergüenza de contar esta historia.
domingo, 21 de marzo de 2021
Cultura
Aurora Reyes: La conquista de los muros para las mujeres
Las pintoras mexicanas sólo pudieron subirse a los andamios hasta la tercera década del siglo pasado, gracias a la artista Aurora Reyes, quien situó en el centro de su temática pictórica a las mujeres.Las pintoras mexicanas sólo pudieron subirse a los andamios hasta la tercera década del siglo pasado, gracias a esta artista, quien situó en el centro de su temática pictórica a las mujeres. Aquí la evalúa la investigadora Guillermina Guadarrama, a 100 años del inicio del muralismo y en concordancia con el Día Internacional de la Mujer. A su lado menciona a otras colegas relevantes, como Isabel Villaseñor, Olga Costa, Fanny Rabel, Rina Lazo... Y retrae hacia nuestros lectores la fuerza indómita de su primer mural, “Atentado a las maestras rurales”.
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El muralismo mexicano, que cumple 100 años este 2021, propició para las mujeres una ruta más allá de ser modelos o ayudantes de los llamados tres grandes; y si algunas se ayudaron de la mano de sus esposos pintores, varias se montaron en los andamios para hacer obra.
La maestra e historiadora del arte por la UNAM, Guillermina Guadarrama Peña, especialista en el estudio de las expresiones muralísticas y la Escuela Mexicana de Pintura, recuerda a Isabel Villaseñor, esposa de Gabriel Fernández Ledezma; Elena Huerta, de Leopoldo Arenal (cuñado de David Alfaro Siqueiros); Olga Costa, de José Chávez Morado; y Manuela Ballester, de Josep Renau.
Puede mencionarse también a Leonora Carrington, María Izquierdo, Patricia Quijano Ferrer (viuda de Arnold Belkin), destacadamente Fanny Rabel y Rina Lazo, la más reciente del Salón de la Plástica Mexicana con Silvia Barbescu y Aliria Morales, así como la independiente Claudia Chapou, y entre la novísima promoción Stephanie Bringas y Janet Calderón, y el colectivo María Pistolas del Estado de México.
Pero de entre todos los nombres ha destacado el de Aurora Reyes, pintora, escritora, maestra, miembro del Partido Comunista Mexicano y luchadora social, quien nació el 9 de septiembre de 1908 en Hidalgo del Parral, Chihuahua, y murió el 26 de abril de 1985 en la Ciudad de México.
Su vida y obra poética y plástica se narran y compilan en el libro Aurora Reyes. Alma de Montaña, de la investigadora Margarita Aguilar Urbán –con prólogo de Alberto Híjar, especialista del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de las Artes Plásticas (Cenidiap)–, publicado por el Instituto Chihuahuense de la Cultura, en 2010.
Nieta del general Bernardo Reyes (su padre fue el ingeniero León Reyes) y sobrina del escritor Alfonso Reyes, fue –a decir de Guadarrama– una mujer que “se empoderó”. Pues si bien entonces no existía el término, ella decidió que quería pintar, al margen del contexto que le rodeaba, y buscar un lugar como muralista.
Así, “pudo tener fuerzas para pelear y buscar un lugar en la historia del muralismo como autora”. Y tuvo mucho que ver su ingreso a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), donde –dice el libro de Aguilar Urbán– forjó amistad con los escritores mexicanos Juan de la Cabada y Renato Leduc, y los cubanos Nicolás Guillén y Juan Marinello, entre otros. Entonces ya era reconocida como pintora de caballete, en cuyos cuadros hablaba de problemas sociales, como la pobreza, si bien “prefirió plasmar rostros de mujeres en un afán visible de explorar los claroscuros de la condición femenina a través de la imagen”.
Añade la autora:
“El logro más importante de Aurora en esta época fue, sin duda, haber ganado por concurso la oportunidad de pintar su primer mural en el vestíbulo del Centro Escolar Revolución, una escuela modelo de la educación socialista construida en 1934. Esta obra fue designada en primera instancia como La maestra asesinada, pero el título varió con los años hasta quedar como Atentado a las maestras rurales. En diversas entrevistas, ella se autoasignó el título de ‘primera muralista mexicana’ en vista de que las otras mujeres –refiriéndose a Marion y Grace Greenwood, que habían pintado antes que ella en el Mercado Abelardo Rodríguez– ‘eran gringüitas’. Lo cierto es que Isabel Villaseñor, junto con Alfredo Zalce, ya había realizado un mural en una escuela primaria rural en Ayotla, Estado de México, en 1929. Sin embargo, quizá por la relevancia del conjunto de murales auspiciados por el cardenismo, la afirmación ha sido reiterada por varios críticos y se le ha otorgado a Aurora la dignidad de haber sido la iniciadora del movimiento muralista femenino en el país.”
Investigadora del Cenidiap del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y autora del ensayo Mujeres en los andamios. Logros y vicisitudes de la mujer en el arte monumental, Guadarrama recuerda vía telefónica que varias pintoras intervinieron en murales como colaboradoras de Diego Rivera. Y que Villaseñor, ciertamente, fue la primera en pintar un mural, pero se le ha visto como colaboradora de Zalce debido a que “la sociedad patriarcal, machista y conservadora hacía poco posible que (las artistas) fueran aceptadas”.
Piensa, por ejemplo, en Elena Huerta, también militante comunista, quien padecía problemas de salud. Luego se fue a la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), “en plena Segunda Guerra Mundial”, y al volver hacia los años cincuenta pide que se le comisione para hacer un mural, y “nunca se lo dan, logra treparse a los andamios hasta la edad de 70 años”. Fue cuando pintó en la Casa de la Cultura Vito Alessio Robles, de su natal Saltillo, la historia de la entidad, con el apoyo de un grupo de mujeres artistas que ella creó ex profeso.
Igual menciona el mural Motivos sobre el agua (1952), que Olga Costa y Chávez Morado realizaron en el balneario Agua Hedionda, en Cuautla, Morelos, con mosaicos italianos. Explica que ahora es más común hablar de empoderamiento de la mujer, pero antes la sociedad era muy machista y las mujeres se sometían. La historia del mural de Costa y Chávez Morado “es muy bonita porque como pareja de artistas él era muy fuerte, si bien ella no era sometida”.
El pintor guanajuatense es quien hace el proyecto para realizar la obra a través del Taller de Integración Plástica que había fundado, pero en el Inventario del muralismo mexicano, de Orlando Suárez, no aparece como autor, sólo se consigna a Olga Costa. Añade Guadarrama al respecto:
“Cuando se ve el mural en Agua Hedionda, inmediatamente se identifica la parte de Chávez Morado y la de ella. Es maravilloso, es un muro muy largo y ella realizó una serie de sirenas representantes de diversos países, no son para nada unas sirenas esculturales, sino unas sirenas gorditas, muy bonitas y coloridas, maravillosas, como (arte popular) de Metepec. La parte de él, dividida por una puerta, es la historia de Cuautla, muy a su estilo, con cuestiones prehispánicas y todo eso. Y lo que me parece bonito es que él nunca menciona que tiene ese mural, nada más se cita a Olga, como que le quiso dar el impulso y ella ya no hizo ningún otro.”
Cuesta arriba
Considera Guadarrama que la ruptura de Aurora Reyes con su esposo (el escritor Jorge de Godoy), y el haberse hecho cargo de sus hijos, contribuyó a enfrentar ese mundo machista y pelear para, al final, “tener un lugar en la historia del muralismo, como autora”.
Ella “no pintó con ninguna pareja, se trepa sola a los andamios y lo interesante es que su tema es la mujer, la violencia contra las maestras, también ve la situación de los maestros, era la época en la que se impulsó la educación socialista y los maestros eran desorejados, las maestras golpeadas… yo creo que en eso (los temas de mujeres) radica su importancia”.
Reyes hizo su primer mural en 1936. Vendrían luego, ya en 1962, Trayectoria de la cultura en México, Presencia del maestro en los movimientos históricos de la patria, Espacio, objetivo futuro y Constructores de la cultura nacional, ubicados en el auditorio 15 de Mayo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en la calle Belisario Domínguez, Centro Histórico de la Ciudad de México; y en 1978, Primer encuentro, en el salón de Cabildos de la delegación (hoy alcaldía) de Coyoacán, consigna Aguilar Urbán en su libro.
Al muralismo y a la escultura se les consideraba en la época de auge de la llamada Escuela Mexicana de Pintura como un trabajo “rudo”, cuenta Guadarrama y escribe:
“Las mexicanas pudieron subirse a los andamios hasta la tercera década del siglo pasado. Este retraso temporal tiene que ver, sin duda, con la educación machista que se genera y promueve desde el hogar, lo que provoca sumisión, categoriza a la mujer como objeto y señala que su único destino es casarse, tener hijos y cuidar a su familia, mientras que los hombres pueden andar libres por la vida, aunque por fortuna cada vez sucede menos. La tardía subida al andamio no solamente se trataba de un asunto de género, al parecer también tenía que ver con misoginia, racismo, cuestiones ideológicas y relaciones sociales.”
Se refiere a que Rivera llegó a aceptar como ayudantes a las estadunidenses Ione Robinson, Zohma Day y Maxine Albro. Pero no necesariamente lo atribuye a cuestiones de discriminación. Pues en aquel entonces Reyes y María Izquierdo daban clases de dibujo en las escuelas primarias y Huerta no llegó a la Ciudad de México sino hasta 1930. Cuando Rivera se va a la Unión Soviética, las estadunidenses quedaron al frente del mural en Palacio Nacional, pero fueron “presas del acoso de funcionarios… y del machismo que se escandalizaba de verlas con overol de mezclilla, vestimenta propia de los obreros”.
Tareas pendientes
En el prólogo de Aurora Reyes. Alma de montaña, Alberto Híjar desmenuza cómo su autora Margarita Aguilar Urbán investigó y desarrolló la biografía de la pintora y poeta, desde lo que implica llevar el apellido familiar hasta sus propias militancias políticas, y la describe:
“… la esforzada maestra, militante crítica comunista sin concesiones hasta renunciar al PCM, poeta, agitadora y propagandista, primera muralista mujer, compañera de tertulia de hombres sabios, hermanada con una legión de mujeres libertarias, entre las que la investigadora destaca a Concha Michel, la cantora bilingüe del olvidado Tom Mooney como señal del internacionalismo desarrollado por las organizaciones de frente amplio, como la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), a la que aportaron sus modos de estar en el mundo amenazado, todo el tiempo, por los grandes consorcios capitalistas asociados con gobernantes y funcionarios cómplices.”
A la muralista no sólo le costó, como cuenta Guadarrama, vencer diferentes adversidades hasta subir a un andamio (15 años después de iniciado el muralismo mexicano, cuando Roberto Montenegro pintó El árbol de la vida en el ábside del antiguo Colegio de San Pedro y San Pablo): su historia suele caer en el olvido. Y son trabajos como los de Guadarrama, Aguilar Urbán o de la propia familia de la artista los que mantienen viva su memoria.
En julio de 2004, su nieto Héctor Godoy advirtió en estas páginas (Proceso, 1447) el deterioro en el cual se encuentra el mural realizado en el auditorio del SNTE. Se buscaba el apoyo de la entonces diputada María Rojo, la presidenta del sindicato Elba Esther Gordillo, el director de Bellas Artes, Saúl Juárez, y el secretario de Cultura del Distrito Federal, Enrique Semo. Hasta la fecha, la obra de 325 metros cuadrados sigue en mal estado.
Declarado monumento artístico, el Centro Escolar Revolución fue construido por el arquitecto Antonio Muñoz García durante el gobierno de Abelardo L. Rodríguez. Cuenta con obra de Raúl Anguiano, Fermín Revueltas, Gonzalo de la Paz, Ignacio Gómez Jaramillo, Antonio Gutiérrez y Everardo Ramírez. En 2017, tras los sismos de septiembre fue cerrado porque sufrió algunos daños. Situado en Arcos de Belén y Niños Héroes en la CDMX, hoy es imposible entrar al plantel debido al arreglo de banquetas, si bien el fotógrafo de Proceso Octavio Gómez consiguió obtener una toma.
Godoy recordó que su abuela habló de su mural en una entrevista con la revista Mujeres, en noviembre de 1975, cuando realizaba la obra del SNTE:
“El tema se refiere a los atentados que los cristeros cometieron con los maestros rurales, entre los cuales hubo muchas maestras sacrificadas.”
La obra está ubicada en la parte superior del frente del vestíbulo del edificio. Mide dos por cuatro metros. Retrata a una maestra atacada por un campesino que la arrastra por el suelo tirándola del cabello, mientras otro personaje la golpea en la cara con la culata de un rifle. Escondidos tras un pilar sus pequeños alumnos ven asustados la escena.
El heredero evocó también que Reyes siempre fue reconocida como una pintora de manufactura impecable, si bien tuvo muchos enemigos políticos. Se le preguntó entonces por qué el olvido, si se trata de una pionera del muralismo:
“Fue marginada por su pintura de denuncia social. Lázaro Cárdenas fue quien más la ayudó, pero después de él la empezaron a marginar muy fuerte.”
Relató que la consideraban “una rojilla” e incluso fue perseguida por la CIA (Agencia Central de Inteligencia), por sus relaciones con gente del gobierno de Moscú, de Fidel Castro y del dirigente chino Mao Tse Tung.
Y narra una anécdota que retrata su posición política: Cuando Luis Echeverría Álvarez era discípulo del exlíder del PRI Rodolfo Sánchez Taboada, la presentó con artistas e intelectuales de la época. Al ganar la Presidencia fue a casa de la pintora en Coyoacán y le dijo:
“¡Cachorra (la llamaban así por ser hija de León), me dieron la grande! ¡Vente a Bellas Artes!.”
Dice que su abuela le respondió:
“Yo no hago trato con asesinos.”
Y agrega:
“Le mentó la madre y le cerró la puerta en las narices ¡De ese tamaño! Mi abuela no se vendía, no tenía precio, sus ideas políticas y sociales eran de una pieza, entonces sí se hizo de muchos enemigos, desgraciadamente, por eso la marginaron, por eso fue olvidada y es una gran desconocida.”
Quizá ya no tanto porque cada vez hay más investigaciones y reportajes en torno a ella, como quien abrió la ruta a las mujeres muralistas en México. Pero hasta hoy no se ha cumplido el sueño que expresó su nieto: que se rescate su mural en el SNTE y que el Museo Nacional de Arte (Munal) le organice una exposición.
Sin querer queriendo… romantizamos la desigualdad emocional.
¡Wey! Pobrecito Roberto Gómez Bolaños… Su esposa lo esperaba en casa con 6 criaturas, la presión de sostener el hogar, la costura del traje ...
-
E l acoso sexual tiene muchas manifestaciones, presta atención a cada forma y busca cortar con la situación desde el principio. Si sientes q...
-
Arte, memoria y liderazgo femenino: un encuentro para dialogar y construir comunidad Artistas locales En el marco de un conversatorio reali...










