viernes, 14 de julio de 2023

Movida Cultural

Bertha Quintero es la ganadora del Premio Vida y Obra 2023

  • La investigadora y gestora cultural fue elegida entre 36 propuestas postuladas y es la segunda mujer en ganar este premio.
  • La ganadora recibe un estímulo de $50 millones.
  • El premio fue creado por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (SCRD) para exaltar la labor de creadores y gestores culturales de la ciudad.

La antropóloga, investigadora, escritora y gestora cultural Bertha Isabel Quintero Medina fue elegida como ganadora del Premio Vida y Obra 2023 de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (SCRD) en reconocimiento a una trayectoria de 50 años de trabajo por la cultura del país.

Trayectoria y dedicación a la cultura 

Bertha es antropóloga de la Universidad Nacional, investigadora en áreas como ciencias sociales, educación, género, arte, cultura, reordenamiento urbano, desarrollo rural, grupos étnicos y poblaciones diversas en condiciones de vulnerabilidad. 

“Entiendo que los seres humanos en cualquier cultura, requieran para vivir, el sentir y recibir sentimientos de afecto, de cuidado, de consideración, de respeto, pero hay un sentimiento especial que puede ser la base del equilibrio emocional de cualquier ser, y es el reconocimiento como ser, como persona, como pensamiento, como sentimiento, como obra”, afirma la ganadora. 

Asimismo, se especializó en Gestión Cultural en el Instituto para América Latina de París, fue relatora del grupo de Cultura en la Constituyente de 1991; subdirectora de Fomento y Desarrollo Cultural del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT); cocreadora de los eventos y Festivales al Parque y, como si fuera poco, percusionista, cofundadora de las orquestas femeninas de salsa Yemayá, Siguaraya y Caña Brava.

“Recibir el premio Vida y Obra por parte de la SCRD en el 2023, a mis 76 años de vida y 50 de labores en temáticas culturales, me llena de una inmensa alegría, de una gran emoción y un agradecimiento infinito. Principalmente me produce un sentimiento de tranquilidad y de orgullo especialmente por el trabajo de equipo con personas maravillosas a quien también les debo este premio”, afirma Bertha

El arte siempre presente

Bertha se describe como libertaria, feminista, de izquierda, bogotana, antropóloga y artista, madre de tres artistas y abuela de dos en formación: “Atesoro la satisfacción de haber participado activamente en todos los procesos de vida por los cuales transité, desde la formación hasta la acción, alegre y orgullosa al saber que muchos de ellos han aportado en algún grado a la construcción de ciudad, de país y de ciudadanías.”

Para la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, es un orgullo cerrar este cuatrienio entregando un galardón a una mujer de la talla y trayectoria de Bertha Quintero, quien deja un verdadero legado para la cultura de Bogotá y del país.  



miércoles, 12 de julio de 2023

Cine Violeta


La Casa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (CIOM) de Usaquén te invita a participar en el espacio Cine Violetaque tendrá como tema: Voz y Vejez Fememina - Película: “Cuando Ellas Quieren".


🕓 Nos reuniremos el jueves 13 DE JULIO 2023, DE 2:00 pm a 5:00 pm ​en la Casa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres de Usaquén (CIOM). CRA 7F NO 155-71 BARRIO BARRANCAS-USAQUÉN. 

 

🔖 Tendremos una tarde donde reflexionaremos sobre las relaciones sociales, afectivas, sueños y proyecto de vida de las mujeres mayores.  

martes, 11 de julio de 2023

Deporte

 

Poder, deporte e imagen: la mujer y su papel en el triunfo deportivo

Hará unos cinco meses, alguien que conozco me preguntó si una feminista estaba “en contra” o al menos se oponía “a la ropa sexy”. Es una pregunta común, una que me hacen cada cierto tiempo y que parece apuntar hacia el hecho si la defensa por los derechos de la mujer tiene algún interés en reglar, delimitar y limitar el comportamiento de alguien más. En esa ocasión, estuve a punto de responder tratando de explicar el hecho de que el feminismo no es una catequesis o un dogma de conducta. Pero en lugar de eso, miré a mi interlocutor con humor burlón.

— ¿Y qué es para ti “sexy”? — pregunté. Me miró incómodo.
— Ese no es el tema.
— Y si no es ¿cuál podría ser?
— Todo el mundo sabe qué ropa es sexy y cual no — se impacientó.
— La verdad, no. Lo sexy es un concepto personal, así que no tengo idea de cuál es tu punto de vista del asunto.

Al final, la conversación terminó en un incómodo silencio. Por lo que general, es lo que suele suceder cuando tocas puntos que se suponen todos analizan o comprenden de la misma manera. O creen que lo hacen, en todo caso. Ese día, mi amigo insistió en que no discutiría algo que era “obvio” y de hecho, al final, me acusó de querer manipular la conversación “como toda feminista” hacia el lugar correcto. ¿Cuál es el lugar correcto? me pregunté después. ¿Cuál se supone es el punto concreto de un debate en torno a una mirada sobre la mujer en que la mayoría de las veces, la idealización lo es todo?

Recordé la conversación, mientras escuchaba a dos comentaristas deportivos norteamericanos, quejarse de la reacción del equipo de gimnasia de Alemania en las Olimpiadas de Tokyo 2020 por usar trajes de cuerpo entero para evitar ser sexualizadas. Uno de los narradores decía que era una forma “incómoda” de poner el acento en un tema “que nada tenía que ver con lo deportivo”, mientras su compañero insistía en que se trata de “otra nueva demostración de la irrelevancia” sobre ciertos temas. Por último, llegó a decir que la actitud de las deportistas alemanas, llevaban el tema político “a una arena innecesaria”. Todo por el simple hecho, que el equipo se negó a mostrarse en una indumentaria que le resultaba inadmisible y que además, poco o nada tiene que ver con su rendimiento deportivo.

Lo extraño es que ni uno ni otro comentó el motivo por el cual todo un equipo olímpico decidió poner en relieve una situación obvia: los trajes del equipo no están diseñados para hacer más fácil el desempeño, sino para hacer más hermosas a las competidoras. Y eso es un tema sin duda, político, porque de hecho las Olimpiadas es un evento profundamente relacionado con el tema de las opiniones relacionadas de manera directa con el pacto de convivencia social que más o menos todos los países del mundo comparten.

Las Olimpiadas son una muestra de las maquinarias deportivas de todos los países, una vitrina para su prosperidad en ámbitos concretos y como si eso no fuera suficiente, una gran declaración de intenciones. De modo que es por completo natural, que un grupo de mujeres decidiera demostrar su opinión — que no interfiere en absoluto con su rendimiento ni tampoco con su capacidad — con un tema específico como lo es la ropa que llevan. Hacer hincapié en el hecho que el deporte también es una arena en la que se disputa el control del cuerpo, la forma en que comprendemos nuestra identidad y la manera en que analizamos el valor integral de la identidad femenina.

Pero no es el único suceso parecido que ha ocurrido en los últimos días. Hace poco, la Federación Noruega de Balonmano (NHF), recibió una multa porque su división femenina se negó a usar bikini y pantalones en extremo cortos durante los Campeonatos Europeos. Según la BBC, la organización apoyó la negativa de sus jugadores y de hecho, emitió un comunicado público en el que solidarizaba con sus jugadoras. “Juntos seguiremos luchando para cambiar las reglas de la ropa, para que las jugadoras puedan jugar con la ropa con la que se sientan cómodas”. La multa de US$ 1.764 dólares, no tiene origen en el comportamiento de las jugadoras o su desempeño físico, sino en un sectario código de vestimenta que no tiene relación alguna con lo que las jugadoras puedan pensar o expresar.

La Federación Europea de Balonmano (EHF) insistió que la multa busca estandarizar la ropa que se usa y que no se trataba de discriminación alguna. De hecho, insistió que la selección de Noruega había usado una vestimenta que “no concuerda con las regulaciones sobre el uniforme de atleta que figura en el reglamento de juego de balonmano de playa de la Federación Internacional de Balonmano”. Por supuesto, para los funcionarios de la organización la disparidad de los atuendos de los deportistas no parece ser el verdadero problema. La selección masculina lleve camisetas amplias, pantalones a la mitad del muslo y de hecho, toda la indumentaria es lo suficientemente neutra para que pueda usarla un género u otro. ¿Por qué la insistencia en que las deportistas lleven bikinis reveladores?

Puede parecer una exageración y de hecho, buena parte de los comentaristas y el público masculino se pregunta en voz alta, por qué la súbita incomodidad y las quejas sobre sexismo con respecto a los atuendos que llevan las deportistas en grandes eventos. Pero el mismo problema parece extenderse al hecho de qué es lo que debe llevar una mujer y por qué lo hace. La obsesión cultural sobre el aspecto de la mujer y en especial, la forma en que se viste, parece ser una idea machista difícil de erradicar y en los juegos olímpicos, la combinación entre las exigencias deportivas y también, la insistente presión sobre cómo debe lucir una atleta parece crear una combinación tóxica.

No se trata de una historia reciente. En el 2016, la gimnasta Simone Biles se convirtió en la nueva heroína, con sus dos medallas de oro que la convirtieron en una de las mejores atletas del mundo. Ese mismo año, compartió heroísmo con la nadadora Katinka Hosszú que batió el récord mundial en 400 metros y con la norteamericana Katie Ledecky, que hizo historia al conseguir el primer puesto en los 400 metros libres. No obstante, estas tres atletas tuvieron algo más en común que el medallero y la gloria deportiva: el maltrato que todas han sufrido por parte de la prensa mundial. Todas han sido ignoradas por los medios locales y mundiales, que prefieren insistir en sus dramáticas historias familiares (como en el caso de Biles) o en su belleza física. Para la prensa especializada, parece ser mucho más importante esa percepción tibia y trivial sobre los logros deportivos femeninos que su verdadera trascendencia.

Eso, a pesar de que el 45% de los deportistas del evento de ese año fueron mujeres (y este año el número aumentó a 50%) y que la gran mayoría está consiguiendo y alcanzando todo tipo de logros atléticos inéditos. Aun así, una buena cantidad de medios continúan asumiendo el papel de la mujer atleta a mitad de camino entre lo intrascendente y lo anecdótico y en el peor de los casos, un estereotipo banal del que sólo se resalta su aspecto físico.

Así lo comprobó un estudio Universidad de Cambridge que acaba de ser publicado en el que se concluyó que la información deportiva discrimina e infravalora el papel femenino en cualquier arena de competencia. Los investigadores analizaron casi 160 millones de palabras de periódicos, reseñas internautas, blogs especializados y redes sociales y descubrieron — aunque no sea una sorpresa para nadie — que los hombres reciben tres veces más espacio, atención y sobre todo objetividad al momento de describirse sus triunfos en cualquier arena deportiva. En contraposición, el desempeño femenino se describe bajo todo tipo de epítetos sexistas y en algunos casos directamente discriminatorios. Una marcada diferencia que certifica el peso del machismo en esa opinión general de la cultura sobre lo femenino.

Los medios de comunicación — y sus hermanos inmediatos, las redes sociales — parecen concebir a la mujer desde un limitado espectro: la vedette de asombrosa y voluptuosa belleza, la deslumbrante — y secundaria — beldad que acompaña a un personaje conocido, el objeto del deseo tentador inalcanzable. Por ese motivo, cuando la mujer debe percibirse desde un ángulo más realista — y justo — comienzan los problemas.

Pocas veces el mainstream se atreve a mostrar a las mujeres que triunfan sin calzar en ninguno de los estereotipos habituales, que contradicen esa noción sobre lo que la mujer puede y debe ser. Esa contradicción cultural a la imagen tradicional de la mujer que siempre parece despertar confusión y lo que resulta más preocupante, que acaba por provocar un cierto desconcierto en esa mirada social que no sabe cómo comprenderla. Una percepción distorsionada de lo que lo femenino puede ser.

Claro está, nadie está sorprendido de la manera como periódicos, programas de televisión y fotografías están juzgando a las mujeres durante los juegos Olímpicos Tokyo 2020. Después de todo, se trata de un hábito cultural que para bien o para mal tenemos bien asimilado: la mujer objeto que debe encajar — a la fuerza, la mayoría de las veces — en los limitados tópicos culturales que intentan resumir a la mujer. Con esa percepción de la imagen femenina desde la fantasía masculina, los medios analizan a las deportistas no desde su habilidad, talento, capacidad para el triunfo sino desde el hecho simple de cómo lucen. Y lo hacen con absoluto desparpajo, sin importarles demasiado que esa mirada invasiva y agresiva no sólo agreda a la mujer, sino que además, la someta a un tipo de discriminación tan implacable como inevitable.

A la mayoría de las mujeres del mundo — sean anónimas o ícono de la cultura popular — se les analiza desde su aspecto físico. Se hace con las presidentas, las científicas, las escritoras, las personalidades públicas de todo ámbito y calibre. Se les señala desde esa primitiva exigencia que cualquiera sea el cargo que desempeñen o el poder que detenten, deben verse hermosas, apetecibles o deseables.

¿Cuántas veces no se ha criticado de manera pública el aspecto de la canciller alemana Angela Merkel, como si sus trajes y peinado fueran mucho más importantes que sus decisiones políticas? ¿En cuántas ocasiones no ha sido motivo de burla el peso de la presidenta Dilma Rousseff, tanto como para que corran ríos de tinta en la prensa y televisión en su país con respecto al tema? ¿En cuántas ocasiones no se ha celebrado la belleza de la expresidenta croata Kolinda Grabar-Kitarović, que parece encajar en el tipo de belleza que se exige desde la cultura? No resulta sorprendente entonces que de pronto, las atletas olímpicas sean otro objeto de escrutinio, de esa machacona insistencia de reducir y minimizar el papel de la mujer en cualquier ámbito a través del estereotipo que limita. De esa versión de lo femenino consumible que los medios de comunicación imponen a cada oportunidad posible.

Existe una obvia incapacidad cultural para asimilar la dimensión profesional de la mujer. De aceptar que la mayoría de las mujeres del mundo no se toman a sí mismas como objeto de distracción y mucho menos como parte de esa superestructura que se construye alrededor de la estética que presiona a cada instante desde toda dimensión posible.

Las mujeres del nuevo milenio construyen un nuevo espacio para sí mismas, una nomenclatura inédita que las define más allá de lo deseable, atractivas o incluso bondadosas que puedan ser. Una mujer que se interpreta — y conquista — el homo habilis y el homo faber que hasta hace muy poco estaban destinados en exclusiva para el hombre. Una percepción sobre lo femenino que se define a partir de sus logros, sus conocimientos y su valor intelectual. No obstante, la cultura contemporánea insiste en ignorar esa evolución, en dedicarle una mirada la mayoría de las veces de indiferencia, cuando no directamente desdeñosa.

Sin duda ese es el motivo por el que los medios que cubren los aconteceres de las Olimpiadas de Verano insisten en retratar a esa nueva mujer a la medida de los viejos tópicos. Noticieros, redes sociales y periódicos están llenos de rituales que sorprenden por su frugalidad y sobre todo, sexismo: “Las muñecas suecas”, “La lista de las atletas olímpicamente atractivas”, “El trío rechoncho”, “Una portera sin complejos”,” Bikinis contra hiyabs en el vóley-playa”, “Winifer Fernández calienta los Juegos Olímpicos”. Un fenómeno que además, se acentúa por los cientos de comentarios, por el apoyo implícito de esa construcción cultural sobre la mujer. El logro profesional, atlético y cultural sepultado por esa renuncia evidente de comprender a la mujer como un individuo.

¿En cuántas de esas reseñas, artículos, columnas se hace referencia a algo más importante que ese aspecto estandarizado que se promociona como única forma de comprender a lo femenino?

¿En cuántos de esos artículos de prensa tan obsesionados con la figura, el rostro y la sexualidad de las atletas se mencionan también su fortaleza física, talento deportivo, profesionalidad?

¿Cuántas de esas insistentes miradas sobre los pechos, traseros y piernas de las jugadoras y atletas olímpicas ignoran el real motivo por lo que las deportistas compiten en un evento de semejante naturaleza?

Resulta preocupante el pensamiento de que los años de esfuerzo, dedicación y sacrificios de las atletas olímpicas se vean resumidos en los centímetros de piel que muestran sus uniformes, los kilos de más o de menos que puedan criticarse o su capacidad para deslumbrar a la cámara. Como si nuestra cultura infantil aún no pudiera considerar el hecho concreto que la mujer es mucho más un objeto que se muestra, que un producto que se comercializa y un ideal que despierta la lujuria.

Una y otra vez, la mirada de la sociedad es incapaz de abarcar la identidad de una mujer en su aspecto global y en toda su complejidad. Porque más allá del aspecto físico, la mujer lucha y construye un nueva capacidad de comprenderse como parte de una idea mucho más profunda de la que hasta ahora, se ha tenido sobre lo femenino.

¿Qué ocurre cuando la mujer profesional, la mujer atleta, la mujer intelectual se denigra en detrimento de esa percepción física que intenta encajar a la fuerza en un código estético la mayoría de las veces superficial? ¿Qué pasa cuando la noción sobre su capacidad física y mental se ve reducida por esa primitiva insistencia en el ámbito de la mujer que sólo puede interesar por su belleza?

Para nadie es un secreto que los medios de comunicación manejan sus propios códigos, pero aun así, una serie de cuestionamientos presionan sobre lo evidente: ¿Por qué trivializar el papel de la mujer en cualquier ámbito en beneficio de esa imagen construida a base de las fantasías colectivas?

Quizás se deba a que aún resulta difícil para ese mainstream que actúa como conciencia de la cultura occidental aceptar lo obvio: que las mujeres corren, saltan, nadan, desempeñan complicadas estrategias deportivas con tanta pasión y fuerza como lo hace cualquier hombre. Que los límites artificiales entre lo que una mujer puede hacer y lo que no, son cada vez más difusos, mucho más endebles y la mayoría de las veces engañosos. Que buena parte de las mujeres de nuestra época construyen un mundo intelectual formidable, complejo y que desborda esa limitada visión que la cultura y la sociedad intentan imponer desde la periferia. Que la mirada de los medios de comunicación debe contemplar ese cambio desde el asombro y no esa frontera bien medida de lo mercadeable y lo anecdótico.

Y es que quizás, hay una idea que avanza incluso en medio de esa trivial percepción de lo femenino que se insiste con tanta frecuencia: el hecho de que la mujer que ocupa la cancha, la piscina, la arena, la oficina, el estudio es un símbolo de nuestra época. Un logro real de esa necesaria evolución de nuestra cultura hacia una visión mucha más amplia de lo que hasta entonces, había sido la imagen de lo femenino.

lunes, 10 de julio de 2023

Mujeres en el Arte

 

Estará al frente de más de 150 músicos 🎶


🇦🇷Mariana Rosas nació en Banfield y con 9 años empezó a estudiar música en el Conservatorio Julián Aguirre donde aprendió a tocar “piano y cantaba en el coro de niños”. 27 años después sería elegida para ser la próxima directora del Coro Sinfónico de Londres.

👉A los 17 años se encontró con la batuta y supo que quería ser directora, por eso estudió Dirección Coral en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires. Poco a poco fue dirigiendo a diversos conjuntos, no solo nacionales, sino también en Italia, Dinamarca, Canadá y Suiza.

🎼Aunque esta no es su primera vez trabajando con el Coro Sinfónico de Londres, en 2018 viajó a Inglaterra para hacer una Maestría en Dirección Coral en la Universidad de Birmingham y a partir de ahí la empezaron a llamar: “En 2021 trabajé por primera vez con el Coro Sinfónico de Londres como directora invitada, y a principios del 2022 me eligieron como directora asociada”.

💬Y sumó: “A los que pasamos esa etapa, nos invitaron a una entrevista con un panel integrado por miembros del Consejo del Coro. Me presenté y hace dos meses me avisaron que había quedado seleccionada”.

✍️Oriana Tambucci

domingo, 9 de julio de 2023

Música

El Legado Inmortal de Mercedes Sosa en su Cumpleaños

El día de hoy celebramos el cumpleaños de una de las voces más emblemáticas y trascendentales de la música latinoamericana, la inigualable Mercedes Sosa. Nacida el 9 de julio en Tucumán, Argentina, Mercedes se convirtió en una figura icónica que dejó una huella imborrable en la música y en la historia de la lucha por la justicia social.

Mercedes Sosa, cariñosamente conocida como "La Negra", fue mucho más que una cantante. A través de su música y su compromiso con las causas sociales, se convirtió en una voz de resistencia y esperanza para millones de personas en América Latina y más allá. Su estilo único fusionaba el folklore argentino con elementos de la música latinoamericana, creando así un sonido auténtico y conmovedor.

A lo largo de su carrera, Mercedes Sosa interpretó canciones que abordaban temas como la pobreza, la desigualdad, la opresión y la esperanza. Su voz poderosa y emotiva transmitía las emociones más profundas y tocaba los corazones de quienes la escuchaban. Con cada nota, Mercedes lograba transmitir un mensaje de unidad, amor y resistencia, convirtiéndose en la voz de aquellos que no tenían voz.

Pero su impacto trascendió la música. Mercedes Sosa se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos humanos y la justicia social. Durante la dictadura militar en Argentina, su música fue prohibida y su voz fue silenciada, pero eso no la detuvo. Siguió cantando en lugares clandestinos y utilizando su arte como una forma de resistencia contra la opresión.

A medida que su carrera se consolidaba, Mercedes Sosa se convirtió en una embajadora de la música latinoamericana. Sus giras por todo el mundo llevaron su mensaje de esperanza y justicia a diferentes culturas y continentes, creando un puente entre los pueblos y recordándonos que, a pesar de nuestras diferencias, todos compartimos los mismos sueños y anhelos.

Hoy, en el día de su cumpleaños, recordamos y celebramos el legado de Mercedes Sosa. Su música y su voz siguen resonando en nuestros corazones y continúan siendo una fuente de inspiración para las generaciones actuales y futuras. Su valentía y su pasión por la justicia nos enseñan que a través del arte y la música podemos transformar el mundo.

Mercedes Sosa nos dejó físicamente, pero su espíritu sigue vivo a través de sus canciones y de aquellos que continúan su legado. Su voz sigue resonando en cada acorde y en cada palabra, recordándonos la importancia de luchar por un mundo más justo y equitativo.

En su cumpleaños, honremos a Mercedes Sosa escuchando su música, compartiendo su mensaje y recordando su compromiso con la justicia social. Que su legado perdure y nos inspire a seguir luchando por un mundo mejor. Feliz cumpleaños, querida Mercedes Sosa. Tu voz seguirá siendo eterna.

sábado, 8 de julio de 2023

Arte

 La historia de una mujer caballo: El arte de ser mujer en tiempos de tempestades

Leonora Carrington murió de pulmonía un 25 de mayo del 2011 en México. Lo hizo rodeada de sus objetos favoritos y del clima que tanto le gustaba, pero además, sonreía. O eso al menos cuenta la pequeña leyenda sobre su figura, que se comenzó propalar apenas horas después de su muerte. Aunque por supuesto, ya Leonora había intrigado lo suficiente la imaginación popular de ese México devoto y supersticioso tanto como para que su mitología extravagante le preceder.

Se hablaba de su carácter singular, tan explosivo como festivo. De su hábito de escribir y pintar de madrugada, casi en la oscuridad. De su extraña visión sobre el mundo — a mitad de camino entre lo inquietante y algo más retorcido — que plasmaba con pincel firme en lienzos crípticos. Que a México, le acompañaron los Sidhes con los cuales soñaba, una aventura mágica que comenzó en su natal inglaterra. Y que esas presencias invisibles que poblaban su imaginación — magníficas, risueñas, inquietantes — en ocasiones abandonaban sus cuadros para remontar la cuesta del clima acre y cálido de su México adoptivo. Un mito dentro del mito. Como si Leonora se hubiese convertido — sin la intención directa — en uno de sus personajes.

Leonora, icono del surrealismo se hizo una mirada desconocida sobre el arte femenino pero más allá de eso, en un símbolo del poder de la independencia intelectual. Leonora jamás fue otra cosa que ella misma, obsesionada con lo singular, maravillada con los ámbitos invisibles, a quien jamás le importaron las apariencias y que según cuenta Elena Poniatowska en su libro Leonora sólo vivía para pintar.

Que no tuvo temor en denunciar a HitlerFranco y Mussolini cuando estaba mal visto hacerlo, que se atrevió al exilio solitario cuando aún nadie lo creía necesario. Leonora era mucha Leonora, una mujer indefinible, a mitad de camino entre la fortaleza y algo más misterioso. Un artista metáfora que no sabía que lo era, que quizás habría reído incrédula por una definición tan pomposa pero que deseándolo o no, construyó toda una nueva manera de interpretar la realidad desde los cimientos. No hubo nada que Leonora no intentara y fuera un triunfo, como si esa noción sobre sí misma — la hoja de ruta por el mapa de su mente — le condujera al origen mismo de su necesidad de construir un lenguaje íntimo extraordinario.


Leonora Carrington, Artes 110, 1944. Collection of Pearl & Stan Goodman, lovede gave til NSU Art Museum, Fort Lauderdale, USA © Estate of Leonora Carrington / ViSDA

Dice Poniatowska en uno de los múltiples artículos que ha dedicado a la vida de la pintora, que Leonora Carrington escribió su propia fábula a golpes de efecto. Después de todo, la Leonora indómita — que parecía existir en un estrato levemente inferior y desconocido de la artista y escritora — parecía bastante decidida a avanzar con bastante ruido en medio de lo absurdo del cotidiano. Nunca sacrificó su identidad por algo más que su propia devoción — y obsesión — por crear, que por otro lado, jamás se lo exigió. Esa exaltación de la belleza de lo extraño, lo antinatural y lo lírico.

Para Leonora, la belleza era algo intrincado, insólito. Y la plasmó siempre que pudo: en sus cuadros, que por años asombraron por su puntilloso detalle y sobre todo su conmovedora emoción en medio de lo incomprensible — sus preciosas criaturas asimétricas miran con ojos grandes y asombrados desde todos sus lienzos — pero también en sus libros. Por momentos absurdos pero siempre sorprendentes, sus cuentos y novelas parecen subvertir el orden de la realidad para crear algo más complejo y doliente. No hay nada sencillo en la prosa de una artista que delinea el mundo tanto en palabras como en pincel. Y parte de esa noción de la realidad intangible, de esa otra dimensión de las cosas que Leonora Carrington describe tan bien, es lo que hace poderoso su trabajo. Inolvidable, la mayoría de las ocasiones.

A Leonora se le solía criticar por incomprensible, como si sus obras estuvieran atrapadas en toda su vitalidad en el círculo vicioso del prejuicio. Pero la pintura no se detuvo en su empeño de contar el mundo a su manera, con una libertad de espíritu que dotó a sus obras de una personalidad sorprendente. Leonora pintó por deseo y escribió por impulso y creó un híbrido entre ambas cosas que construyó un lenguaje nuevo. Defendió su talento con la misma fiereza con la vivió y se opuso a ser considerada sólo mujer, cuando ella misma se contempló como una de las criaturas fabulosas que pintaba. Nunca se conformó, jamás cedió en el empeño y esa terquedad luminosa le permitió no sólo construir un lenguaje a la medida de sus aspiraciones e inquietudes — y tan único que pareció creado para ella — sino que además elaboró una visión sobre el mundo desde la periferia. Se obsesionó hasta el delirio con su necesidad de pintar — y sobre todo, elaborar un discurso creativo acorde con sus dolores y pesares — y logró contemplar el abismo de la locura, del aislamiento y la alineación desde una perspectiva nueva.

Tal vez por ese motivo, se opuso a cualquier definición. Tanto que incluso rechazó el apelativo de “pintora surrealista” que varias veces confesó era “incapaz” de analizar los espacios y silencios de su mente. Su mundo era mucho más complejo que una palabra y se esforzó por demostrarlo: había referencias celtas en sus paisajes diminutos abigarrados de rostros y sombras inquietantes, pero también de una mirada infantil que colisionaba directamente con la mitología íntima. Sus criaturas visibles e invisibles, habitantes de los de los Sidhes, traviesos y temibles, eran parte de su trabajo. Pero no sólo en lo conceptual. Hay algo mistérico, extravagante y místico en toda la obra de Leonora. Un ritual a ciegas. Una noción de lo bello y lo difuso que se construye a mitad de camino entre lo que sorprende y conmueve.

feminismo

Leonora Carrington, The Artist Traveling Incognito, 1949. Rowland Weinstein, Weinstein Gallery, San Francisco © Estate of Leonora Carrington / VISDA. Photo: Nicholas Pishvanov

“Ser mujer sigue siendo muy difícil todavía. Y debo decir, con un mejicanismo, que solo se supera con mucho trabajo cabrón” declaró en una ocasión, riendo ante el desconcierto del periodista que le escuchaba. A continuación, le contó que como buena rebelde, la expulsaron varias veces de todos los colegios de dónde estudió y que a los dieciséis, decidió que sería un “pequeño monstruo” en lugar de una muchacha de su época. La historia de Leonora siempre estuvo cargada de golpes de efectos, de esa denodada batalla contra lo tradicional y sus clamorosas derrotas. Su aristocrática familia intentó que contrajera matrimonio con un miembro de la realeza británica y su respuesta fue un cuento donde una niña de la alta sociedad, se trasviste en Hiena. La debutante, la poderosa, la extraña Leonora, que vivió buena parte de su vida, en una acelerada huida de todo lo que pudiera contener su fuerza y su talento.

“Nunca he tenido una respuesta para cuando alguien pregunta: ¿Qué es una gran novela surrealista? Siempre he encontrado este subgénero de la literatura casi centenario más bien dócil, menos una trascendencia del mundo conocido que un juego psicoanalítico a medias y un romance velado. La vida real está siempre al acecho a la vuelta de la esquina, así parece, dominando sus formas narrativas sobre lo que podría vislumbrarse del Más Allá” dijo diez años antes de morir, como una predicción inquietante sobre el que sería su legado a futuro.

¿Quién está detrás del rostro blanco?

Leonora tuvo una vida agitada, llena de escenas extravagantes que alimentaron su mito sobre la rebeldía pero también, de esa lucidez esquiva y definitiva que la caracterizó mejor que cualquier otra cosa. Ya de anciana, vivía semi recluida, en un ostracismo delirante en el que sólo la acompañaron sus pinturas. Desde su dorado retiro en una casa de línea vanguardista Colonia Roma de la Ciudad de México, Leonora siguió pintando y escribiendo, aunque no se lo mostrara a nadie ni necesitara hacerlo.

Pero pintaba por agonía, por deseo, por necesidad, por dolor. Por seguir buscando respuestas a lo invisible y lo remoto, para conversar con sus viejas criaturas y seguir galopando en los páramos extraordinarios de su mente. Pintó y pintó, hasta los noventa y cuatro años, cuando finalmente decidió ocultar su último cuadro en un armario de su estudio. Ya por entonces chocheaba — ella misma lo decía, no había nadie más que se atreviera a hacerlo — y se había dedicado por consejo de su galerista Isaac Masri a la escultura. Y de nuevo, las criaturas inquietantes y extraordinarias surgieron del arte: figuras antropomórficas de proporciones colosales, que parecían la síntesis entre lo que había pintado y escrito. Una mirada profunda al arte renacido, incluso en las postrimerías de una vida muy intensa, para recordar el origen.

Dicen que Leonora Carrington murió sonriendo. Que sostenía uno de sus cuadros entre los brazos. Que miró hacia las esquinas y paredes de la habitación donde se encontraba, tratando de encontrar a sus criaturas fascinantes, inolvidables. Que murió oponiéndose al tiempo que jamás entendió, pero que sobre todo, murió a una idea clara sobre si misma. Que cuando cerró los ojos, una ráfaga de viento fresco entró por la ventana entreabierta que iluminaba la escena. Un aire fresco lleno de memorias. Una reflexión insólita sobre un mundo elemental. Un mártir de sus principios. Una “novia del viento” como su amado Max Ernst la llamó.




viernes, 7 de julio de 2023

Mujeres Filósofas

 

Mujeres filósofas en la historia
Desde la antigüedad hasta el siglo XXI
Ingeborg Gleichauf
"Historia de la filosofía significa, por lo general, historia de filósofos; situación que la academia respalda al enfocar los estudios y la atención principalmente en los hombres filósofos ¿Es que no filosofan las mujeres?, ¿acaso no hay mujeres filósofas? Filosofar es una necesidad y capacidad humana, no es un privilegio masculino. Mujeres filósofas en la historia pretende dar cuenta, a partir de un recorrido histórico (desde la Antigüedad hasta el siglo XXI) de la presencia de mujeres filósofas y sus aportaciones. Presenta a cuarenta y cuatro pensadoras de diferentes orígenes, entornos y disciplinas, en sus contextos sociopolíticos y filosóficos, y demuestra que han filosofado desde siempre, algunas en situaciones más adversas que otras, y que sus pensamientos han surgido y se han desarrollado paralelamente a los de los reconocidos y estudiados filósofos. Este libro ofrece la posibilidad de completar así una historia tantas veces silenciada. Ingeborg Gleichauf estudió germanística y filosofía en Friburgo, Alemania, ciudad donde reside actualmente. Escribió su tesis doctoral sobre Ingeborg Bachmann. Desde hace años se dedica a estudiar mujeres filósofas y ha escrito una biografía sobre Hannah Arendt."


El Congreso

  Más mujeres en el Congreso: una representación que redefine la política colombiana La conformación del Congreso de la República para el p...