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Nos dijeron que la igualdad era “dar las mismas oportunidades”.
Pero ¿quΓ© pasa cuando unas personas corren sin obstΓ‘culos…
y otras cargan con trabajo domΓ©stico, brecha salarial, violencia y discriminaciΓ³n?
Eso no es competencia.
Eso es desigualdad estructural.
El machismo no siempre grita.
A veces organiza las reglas.
A veces decide quiΓ©n empieza adelante.
A veces coloca obstΓ‘culos invisibles en ciertos carriles.
Por eso la igualdad no puede ser un discurso bonito.
No puede ser una palabra en una pancarta.
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Y para llegar a ella, necesitamos justicia estructural:
redistribuir cargas, reconocer privilegios y desmontar barreras histΓ³ricas.
Porque no pedimos ventaja.
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