๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐ ๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐́๐ ๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐. ๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐́๐ ๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐
Durante muchos aรฑos se repitiรณ una frase que decรญa:
“Detrรกs de todo gran hombre hay una gran mujer”.
Pero casi siempre se decรญa como si esa mujer tuviera que quedarse atrรกs, en silencio, cuidando, apoyando, sosteniendo… sin reconocimiento.
El feminismo cambia esa mirada.
Nos recuerda algo muy sencillo:
los hombres que respetan a las mujeres no nacen asรญ, se educan asรญ.
Un hombre que:
no se burla de las mujeres,
no cree que mandar es cosa de hombres,
comparte los cuidados,
escucha, respeta y aprende…
casi siempre creciรณ con una educaciรณn que le enseรฑรณ igualdad.
Y eso tiene nombre:
๐๐๐ฎ๐๐๐๐ข๐จ́๐ง ๐๐๐ฆ๐ข๐ง๐ข๐ฌ๐ญ๐.
No se trata de odiar a los hombres.
Se trata de educar a los hombres para que no necesiten sentirse superiores.
Porque la verdad es muy simple:
๐๐ฅ ๐๐๐ฆ๐ข๐ง๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ ๐ง๐จ ๐๐๐๐ข๐ฅ๐ข๐ญ๐ ๐ ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ก๐จ๐ฆ๐๐ซ๐๐ฌ.
๐๐จ๐ฌ ๐ก๐๐๐ ๐ฆ๐๐ฃ๐จ๐ซ๐๐ฌ ๐ฉ๐๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐๐ฌ.
Y cuando eso pasa,
no hay mujeres detrรกs.
Caminamos al lado.
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