Hay una frase aparentemente inocente que explica muchΓsimo: «Yo sΓ le ayudo a mi esposa con la casa».
¿Le ayudas?
Cuando limpias tu propia casa, lavas la ropa que utilizas o preparas la comida que tambiΓ©n consumes, no estΓ‘s haciendo un favor: estΓ‘s realizando el trabajo necesario para sostener tu propia vida.
Pensemos en una oficina: si una sola persona hiciera diariamente el trabajo de cinco puestos, nadie dirΓa: «lo hace porque le nace». HablarΓamos de sobrecarga laboral.
Pero cuando sucede dentro del hogar y quien carga principalmente con ese trabajo es una mujer, mΓ‘gicamente aparecen palabras como amor, deber, sacrificio o instinto.
Y ahΓ estΓ‘ la trampa.
El amor no lava platos.
Las personas sΓ.
El «instinto femenino» tampoco cocina, limpia, compra, organiza citas mΓ©dicas, cuida infancias y recuerda lo que falta en casa. Todo eso requiere tiempo, esfuerzo fΓsico y carga mental.
Por eso el trabajo domΓ©stico no es una actividad menor ni una obligaciΓ³n natural de madres, esposas o abuelas.
La igualdad tambiΓ©n comienza cuando dejamos de preguntar:
«¿En quΓ© te ayudo?»
y empezamos a decir:
«¿QuΓ© me corresponde hacer?»
Porque una casa compartida implica tambiΓ©n responsabilidades compartidas.
πππππππππ. ππππππππππππ. ππππππππππππππππππ. 
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Esperamos sus comentarios