𝐋𝐥𝐨𝐫𝐚𝐫 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 mujeres y hombres : 𝐮𝐧 𝐚𝐧𝐚́𝐥𝐢𝐬𝐢𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐫𝐨𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐠𝐞́𝐧𝐞𝐫𝐨.
𝐋𝐥𝐨𝐫𝐚𝐫 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 mujeres y hombres : 𝐮𝐧 𝐚𝐧𝐚́𝐥𝐢𝐬𝐢𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐫𝐨𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐠𝐞́𝐧𝐞𝐫𝐨
Desde la infancia, el llanto es regulado de manera distinta para niñas y niños.
A ellas se les permite llorar, pero se les infantiliza y se les dice que son débiles o exageradas. A ellos se les enseña a reprimirlo, a tragarse las emociones porque “los hombres no lloran”.
Ambos mandatos de género son violentos. A las mujeres se nos impone la idea de que nuestras emociones son un problema, que si lloramos en el trabajo somos “hormonales”, si lo hacemos en una discusión “somos manipuladoras” y si lloramos en la política “no somos aptas para liderar”.
Nuestra emocionalidad se convierte en un arma que el patriarcado usa para descalificarnos.
A los hombres se les prohíbe llorar. Se les impone un ideal de dureza que, con el tiempo, les impide conectar con sus propios sentimientos.
Así, el llanto, una respuesta humana natural, se convierte en un símbolo de fracaso masculino.
En lugar de llorar, muchos hombres canalizan su frustración en agresividad, en violencia, en aislamiento.
El resultado de estos roles de género es un mundo donde las mujeres somos cuestionadas por expresar nuestras emociones y los hombres no pueden permitirse sentirlas.
𝗥𝗼𝗺𝗽𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗶𝗱𝗲𝗮𝘀 𝗲𝘀 𝘂𝗿𝗴𝗲𝗻𝘁𝗲. 𝗣𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗹𝗼𝗿𝗮𝗿 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱.
Porque permitirnos sentir, sin importar nuestro género, es el primer paso para sanar y construir una sociedad más empática.