lunes, 23 de febrero de 2026

Mi voz. Mi elección.

El feminismo no es extremo. Extremo es la desigualdad.

En pleno 2026, aún resulta necesario recordar que el feminismo no es una postura radical ni una amenaza social. Es, en esencia, una apuesta ética y política por la igualdad.

Lo verdaderamente extremo es que las mujeres sigan enfrentando brechas salariales, sobrecarga en las labores de cuidado, violencias basadas en género y obstáculos para ejercer plenamente sus derechos.

Cuando una mujer exige igualdad salarial, acceso a oportunidades, autonomía sobre su cuerpo o una vida libre de violencias, no está pidiendo privilegios. Está reclamando derechos básicos reconocidos en marcos constitucionales y tratados internacionales.

El feminismo no busca supremacía. Busca equilibrio. No promueve exclusión. Promueve justicia.

Que en 2026 aún sea necesario defender lo evidente habla más de las estructuras que persisten que del movimiento que las cuestiona.

Nombrar la desigualdad no es extremismo. Es responsabilidad histórica.

Y mientras existan derechos pendientes, la voz colectiva seguirá recordando algo simple pero contundente: la igualdad no es una concesión, es un derecho.


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