¿Podrías dejar de actuar como mi madre… excepto cuando lavas, cocinas y limpias?
Lo que parece “broma” es en realidad un retrato claro del machismo cotidiano.
No quiere una madre.
No quiere una pareja.
Quiere una empleada emocional y doméstica gratuita.
Ese es el núcleo del problema:
Muchos hombres rechazan la autoridad femenina, pero exigen sus cuidados.
Se incomodan con una mujer que opina, cuestiona o pone límites…
pero se sienten perfectamente cómodos cuando ella administra la casa, la comida, la ropa y hasta su estabilidad emocional.
Eso tiene nombre: división sexual del trabajo.
Y también se llama adultos que no aprendieron autonomía.
Una relación no es maternidad.
El amor no es servicio.
La convivencia no es explotación disfrazada de romance.
Cuando un hombre dice esto, en realidad está diciendo:
“Quiero los privilegios sin la responsabilidad.”
Y ahí es donde toca educar.
Porque el feminismo no busca reemplazar a la madre.
Busca que los hombres crezcan.
Si quieres pareja, compórtate como adulto.
Si quieres, madre, regresa a casa.
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